Vogue Like a Painting

Vista de la sala.

Vista de la sala.

          El Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid reune desde el 30 de junio y hasta el 12 de octubre la exposición fotográfica Vogue Like a Painting, o cuando las fotos se vuelven cuadros, podríamos subtitular. Una muestra de imágenes de inspiración pictórica procedentes de los archivos de la revista Vogue y realizadas por algunos de los fotógrafos más destacados de las últimas tres décadas

Mert Alas y Marcus Piggott. 2011. Vestido Vera Wang.

Mert Alas y Marcus Piggott. 2011. Vestido de Vera Wang.

          Son representaciones que evocan cuadros de diferentes periodos de la historia del arte, bien referencias directas a obras maestras como la versión de Erwin Blumenfeld de la Joven de la perla de Vermeer, o bien nos recuerdan a artistas como Zurbarán, Hogarth, Millais, Sargent, Gauguin, Dalí, Magritte y Hopper. En algunas instantáneas, la fuente de inspiración es mucho más sutil.

 Annie Leibovitzm 2006. Maria Antonieta.

Annie Leibovitzm 2006. Maria Antonieta.

          Desde que aparecieran las primeras ediciones de la famosa revista Vogue, numerosos fotógrafos han tratado de crear un estilo distinto, más artístico e inspirado en verdaderas obras de arte. Así llega esta muestra, que recopila aquellas fotografías que más se asemejan a cuadros y trabajos artísticos La exposición, cuya cronología abarca casi un siglo, no responde a unos criterios estrictos, sino más bien está hilvanada con cierta libertad, y basada en estados de ánimo y en evocaciones algo imprecisas. En algunas de las imágenes se utiliza el relieve escultórico, y en otras la luz tiene una factura pictórica.

Tim Walker. Árbol con vestidos pantalla.2004

Tim Walker. Árbol con vestidos pantalla.2004

          Durante la exhibición, el museo mostrará el estilo fotográfico de moda de más de tres décadas, las cuales tienen exponentes como Irving Penn, Annie Leibovitz, Tim Walker, Paolo Roversi, Mario Testino, Steven Klein, David Sims, Erwin Olaf, Michael Thompson y Peter Lindbergh. De manera muy personal, cada uno de ellos ha desarrollado distintas formas de mostrar la alta costura y el pret-a-porter de casas de moda tradicionales y también de nuevos creadores.

Tim Walker. 2005.

Tim Walker. 2005.

          Las fotografías de esta muestra siguen un hilo conductor, todas ellas poseen características que tradicionalmente se atribuyen a la pintura y la dotan de un valor especial, “una atemporalidad en la pose de las modelos, una especie de lapso mental en el que todo está muy, muy quieto”, como explica Debra Smith, comisaria de la muestra. Nunca como ahora el mundo de la pintura y el de la fotografía se unieron de una manera tan armónica y evocadora.

Clifford Coffin. SIn título.1949.

Clifford Coffin. SIn título.1949.

Paolo Roversi. 2004.

Paolo Roversi. 2004.

Camilla Akrans. 2010.

Camilla Akrans. 2010.

Peter Lindberg. 2012.

Peter Lindberg. 2012.

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Paul Poiret. Rey de la moda.

Paul Poiret.

Paul Poiret.

          De esa manera tituló sus memorias Paul Poiret publicadas en 1930 y así se podría denominar, con permiso de Charles Worth, considerado el primer diseñador en sentido estricto de la palabra. De familia humilde, Poiret nace en Paris en 1879, en el seno de una familia de comerciantes de telas. Pronto su padre le envió a un taller de paraguas a aprender un oficio. Rápidamente aprendió la técnica y aprovechando retales, empezó a diseñar vestidos para las muñecas de su hermana. Gracias a su carisma y su talento,  se introdujo en en los círculos más exclusivos de la Belle Époque parisina, llegando a trabajar primero como asistente y luego como jefe de departamento de sastrería, para Jaques Doucet.

Paul Poiret en su taller con una clienta.

Paul Poiret en su taller con una clienta.

          Poiret fue el primer diseñador que sentó las bases de la moda tal y como las conocemos hoy. Apodado “el magnífico”, sus trajes fluidos, basados en la indumentaria oriental, trajeron la liberación de las ataduras del corsé a unas pocas privilegiadas. Su atrevimiento llegó hasta el punto de vestir a la mujer con falda pantalón. Hoy en día y con las redes sociales tan en boga para el uso de la “marca personal”, podemos considerarle un adelantado a su tiempo también en ese campo. Fue un hábil gestor de su propia fama, siendo el primer diseñador  en crear perfumes asociados a su marca ( los míticos Parfumes de Rosine ) y llegando incluso a comercializar una linea de decoración. Definitivamente fue el primer diseñador en concebir su trabajo como idea de marca más que como negocio.

La Rose de Rosine. Perfume. 1912.

La Rose de Rosine. Perfume. 1912.

          Tras la primera guerra mundial, las clases pudientes no estaban para celebraciones ni fiestas majestuosas donde lucir grandes diseños y Poiret se vio obligado a cerrar su mansión en 1929. Era el momento para esa sobriedad sofisticada llamada Chanel. Las clases altas se olvidaron de él poco a poco. Intentó salvar la situación, pretendía recuperar el París de su éxito y a su clientela. A la desesperada organizó fiestas que cada vez lo sumían más en una ruina tanto económica como social. Finalmente amargado y frustrado, se retiró a la Provenza y se dedicó a la pintura. Allí murió, solo, arruinado y olvidado. Podemos decir que Paul Poiret tocó el cielo y murió en el infierno.

Diseño de Paul Poiret. Dibujo de Georges Lepape. 1911.

Diseño de Paul Poiret. Dibujo de Georges Lepape. 1911.

          Se cuenta una anécdota en la cual un día, ya casi al final de su vida, se encontró con Cocó Chanel y le preguntó por qué vestía de riguroso negro, por quién era el luto y Cocó le respondió: “Por usted señor”.  La afirmación de Chanel resulta algo injusta sin duda  ya que a finales del s. XIX y principios del s. XX, la mujer estaba metida dentro de un corsé y fue Poiret quien  revolucionó la moda de principios de siglo y lo expulsó de los ateliers.  Está claro que la relación entre Chanel  y  Poiret no era de amistad, pero fue sin duda Poiret quién abrió el camino a una mujer liberada que, luego, sería la insignia de Chanel.

Peggy Guggenheim luciendo un modelo de Paul Poiret. 1923. Foto Man Ray.

Peggy Guggenheim luciendo un modelo de Paul Poiret. 1923. Foto Man Ray.

          Paul Poiret  no volvió a brillar hasta el año 2007, en el que el Museo Metropolitano de Nueva York le dedicó una retrospectiva. “El rey de la moda” volvía al lugar que le correspondía entre artistas como el genio  que siempre fue. Él mismo definió el espíritu de sus diseños: “Todas las mujeres deben descubrir su propia individualidad y vestir según su estilo”. Un adelantado a su tiempo sin ninguna duda.

Traje de tarde. 1910.

Traje de tarde. 1910.

Traje de cena. 1922-1923.

Traje de cena. 1922-1923.

Traje de fantasia. 1911.

Traje de fantasia. 1911.

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Dior, la Revolución del New Look

          Desde el 6 de junio y hasta el 1 de noviembre, en lo que fuera la antigua casa de Christian Dior se presenta Diorla revolución del New Look y el sitio de excepción que ocupa dentro de la historia de la moda. Con su primera colección de alta costura, presentada en París el 12 de febrero de 1947, Christian Dior determina la abolición de un estilo austero y masculino, que sustituye con el regreso a una feminidad triunfal.

«De la casa de mi infancia… guardo el recuerdo más tierno y más maravillado. ¿Qué digo? Mi vida, mi estilo, le deben casi todo a su situación y a su arquitectura.»

«De la casa de mi infancia… guardo el recuerdo más tierno y más maravillado. ¿Qué digo? Mi vida, mi estilo, le deben casi todo a su situación y a su arquitectura.»

          El museo de Granville, antigua casa familiar del modisto, se enmarca en esos paisajes característicos de la costa normanda. Christian Dior, en su juventud, contemplaba los inmensos horizontes marinos y recorría el jardín diseñado con su madre, adornado con parterres floridos, una pérgola, una rosaleda y pinos marítimos.

          En un mundo en plena reconstrucción, el New Look evoca los recuerdos de un pasado glorioso e impone una nueva estética, decididamente enfocada al futuro. Entre los noventa y cinco modelos que forman parte de esta revolución de gusto y estilo, brilla el conjunto Bar que se enarbola como modelo del manifiesto.

Traje Bar perteneciente a la primera colección de alta costura que Christian Dior presentó el 12 de febrero de 1947 en París. Esta pieza fue el origen de la estética 'new look'. © Patrick Demarchelier.

Traje Bar perteneciente a la primera colección de alta costura que Christian Dior presentó el 12 de febrero de 1947 en París. Esta pieza fue el origen de la estética ‘new look’. © Patrick Demarchelier.

El traje Bar, la revolución del New Look

          Tras una época marcada por el pragmatismo y la escasez económica provocada por guerras y conflictos bélicos, el New Look devolvió a los armarios femeninos el gusto por el glamour, el lujo y la feminidad. El exceso de tela empleada en estos diseños puso contra Dior a los comerciantes británicos. No obstante, el francés contó con el apoyo del gobierno galo que vio como, gracias a esta nueva tendencia, los ojos de la industria volvían a estar puestos sobre París tras la Segunda Guerra Mundial.

WILLY MAYWALD. © ASSOCIATION WILLY MAYWALD/ADAGP, PARIS 2013

Willy Maywald. © ASSOCIATION WILLY MAYWALD/ADAGP, PARIS 2013

          Tres letras y un triunfo. Bar. Traje de tarde, falda corola, lana negra, chaqueta en shatung natural. La promesa de un renacimiento, del cual Christian Dior, quien por entonces tenía cuarenta y dos años, fue el alma mater: “Salíamos de una época de guerra, de uniformes, de mujeres soldado con hombros de boxeadores. Diseñé mujeres-flores, hombros suaves, bustos generosos, cinturas finas como lianas y faldas largas como corolas”

Chaqueta y falda de lana pertenecientes a la colección de alta costura primavera-verano 2010 de Dior.

Chaqueta y falda de lana pertenecientes a la colección de alta costura primavera-verano 2010 de Dior. © Patrick Demarchelier.

          La influencia de esta nueva silueta duró más de una década y sobrevivió a la muerte de Dior en 1957. No en vano, tanto John Galliano, al frente de la maison durante más de una década, como Gianfranco Ferré o Raf Simonshan han reinterpretado en la mayoría de sus colecciones uno de los códigos más emblemáticos y reconocibles de la casa de moda francesa.

Christian Dior por Lord Snowdon.

Christian Dior por Lord Snowdon.

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Jaulas doradas

          Desde el 19 de febrero de 2015 y hasta el domingo 20 de septiembre de 2015, está teniendo lugar en el Museo del Traje de Madrid, la muestra denominada Jaulas doradas. Se presenta como una propuesta expositiva de prendas de indumentaria femenina, que en combinación con armazones interiores (miriñaques y polisones) y corsés, intenta poner de manifiesto siguiendo un hilo cronológico, los momentos más singulares y paradigmáticos en la configuración de la silueta, constreñida y enjaulada, que predominó en la imagen y estética de la mujer de la segunda mitad del siglo XIX.

          Al mismo tiempo, y mediante una apoyatura simbólica: la mujer pájaro, se pretende mostrar una reflexión más amplia que trascienda el mismo concepto formal de jaula/indumentaria para llegar a otros planteamientos conceptuales más amplios sobre la belleza “dorada” y “las jaulas” del universo femenino. Mediante una cuidada selección de piezas de indumentaria femenina de la colección del Museo del Traje, en combinación con prendas interiores, se ponen de manifiesto los momentos más singulares de la configuración de la silueta, constreñida y enjaulada, que predominó en la imagen y estética de la mujer del siglo XIX.

 Miriñaque, ca. 1860-1868. Colección Museo del Traje. © Ministerio de Educación, Cultura y Deporte


Miriñaque, ca. 1860-1868. Colección Museo del Traje.
© Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

          ¿Qué es el miriñaque? Una falda almidonada guarnecida con aros, a modo de armazón, que tuvo su origen en 1850. “Su estructura es similar a la de una jaula de hierro que contribuye a aumentar el volumen a la figura de la mujer, confiriéndole una silueta acampanada”, detalla la comisaria. A pesar de su rigidez, esta estructura aportaba gran ligereza al movimiento de la mujer, : “ya que sostenía las faldas del traje sin necesidad de utilizar múltiples capas superpuestas”, puntualiza. Años, después, el miriñaque, también llamado crinolina, cede el paso al polisón, armazón que, atado a la cintura, daba volumen a la parte de atrás de la silueta femenina. “Es el momento en el que la silueta femenina se modifica, la forma acampanada se desinfla en el frente y en los costados y comienza a proyectarse hacia atrás”, explica.

Conjunto de traje con polisón, ca. 1875-1880. Colección Museo del Traje. © Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Conjunto de traje con polisón, ca. 1875-1880. Colección Museo del Traje.
© Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

          Esta cola se convierte en una de las características fundamentales de los patrones femeninos, que en ocasiones fue motivo de burla y ridiculización. “En la prensa inglesa existen muchas piezas satíricas que parodian el aspecto enjaulado de la mujer”. Tras una breve interrupción, el polisón vuelve con fuerza en torno a 1883 y hasta 1890, pero en esta ocasión a modo de cojinete ubicado bajo la cintura. Cada día, el polisón va tomando más fuerza y adopta siluetas exageradas como “grupa a caballo”, aclara la comisaria, quien destaca que existía un gran gusto por decorar los vestidos a imagen y semejanza de las estancias de su casa. “Por eso, el traje de este período es conocido como de estilo tapicero, por la similitud decorativa que presenta con el tratamiento de los tejidos del interior de las estancias de los hogares de la burguesía”.

          A partir de 1890 y hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, con el Modernismo, el miriñaque y el polisón salen del armario femenino. La mujer prefiere el cojinete, un pequeño polisón que le confiere más movilidad y “le permite realizar actividades sociales como montar en bicicleta o a caballo”. En esta época, el corsé adquiere mayor protagonismo, y su función consiste en constreñir el tórax y reducir el talle, otorgando a la mujer una silueta en ese. En función del desarrollo de estas tres prendas interiores fueron evolucionando las exteriores. Así, mientras que en la época del miriñaque aparecieron los sobretodos envolventes y sin estructura alguna, con el polisón se ponen de moda los abrigos semiceñidos, dolman (mantos), capelinas y estolas.

          En esta muestra, que se puede ver hasta el 20 de septiembre, se incluye una serie de sombreros con pájaros disecados, abanicos hechos con plumas exóticas y máscaras faciales para preservar el maquillaje, todos ellos decorados con motivos flores rescatados de la naturaleza.La exposición Jaulas doradas finaliza con una serie de prendas contemporáneas de Pedro del Hierro, Angela Arregui, Paco Rabbane o Givenchy, diseñadores que de forma recurrente han empleado corsés, jaulas y pájaros como elementos decorativos. “Estas piezas invitan a reflexionar sobre la idea de la mujer enjaulada, las imposiciones sociales y la afectación de la salud por la opresión de la prendas”, concluye la comisaria.

 

 

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Los años 50. La moda en Francia (1947-1957)

          El Museo de Bellas Artes de Bilbao presenta una colección de 300 obras  de alta costura francesa de los años 50. Más de un centenar de vestidos, 80 accesorios y otros tantos archivos de una treintena de autores, se exponen al público hasta el 31 de agosto. La exposición reúne modelos y complementos de los principales diseñadores de la edad de oro de la alta costura francesa: el decenio 1947-1957, que comienza con el nacimiento del llamado ‘New look’ de Christian Dior y finaliza con la muerte del célebre modisto. Durante esa década, grandes nombres, como Jacques Heim, Chanel, Schiaparelli, Balenciaga o Jacques Fath, seguidos por Balmain, Christian Dior, Jacques Griffe, Hubert de Givenchy o Pierre Cardin, hicieron de la moda francesa sinónimo de lujo, elegancia y creatividad.   Los años 50. La moda en Francia 1947-1957 llega a Bilbao desde el museo Palais Galliera, de París, donde se presentó el año pasado con motivo de la reapertura del museo.

          Los años 50 fueron una etapa crucial para la alta costura francesa, muy mermada por el hundimiento financiero del año 1929 y, sobre todo, por la guerra. Durante esa década París volvió a ser la capital mundial de la moda, que experimentó un renacer protagonizado por grandes nombres. Todos contribuyeron al prestigio duradero de la moda francesa, sinónimo de lujo, elegancia y creatividad, y también al empeño de llevar sus logros al prêt-à-porter.

          El director del Palais Galliera,  ha comentado que esta exposición le: “gusta más que en París porque aquí es más bonita por el espacio y por lo generoso del mismo en la presentación de los modelos”. “Una belleza y una elegancia exquisita”, ha añadido. Los trajes se pueden ver en las salas de exposición de la colección del museo. “No solo es una exposición de moda”, ha destacado Saillard, sino que genera: “un encuentro y un diálogo enorme entre cuadros, frescos, vestidos y esculturas”.

          Olivier Saillard no ha querido desaprovechar la ocasión para hacer un guiño al Museo de Bellas Artes de Bilbao, apuntando que: “si me dieran carta blanca para crear un museo haría uno como el que acabo de ver, con moda unida al arte del museo de Bellas Artes”. Tampoco ha faltado la mención a Balenciaga, autor presente en la colección. La comisaria de la exposición, Miren Arzalluz, ha hecho hincapié en la dificultad de montaje que conlleva una exposición con estas piezas, que: “pretende mostrar el virtuosismo y la excelencia de sus creadores”.

Bilbao años 50 Balmain

 

 

 

bilbao años 50 3

Bilbao alta costura 2

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El teatro cortesano

Para Alex con todo mi cariño.

          El reinado de Luis XIV (1643-1615) supuso una transformación esencial en la sociedad francesa, que consecuentemente alteró las formas y el sentido del vestir. La nación se convirtió en el indiscutible centro creador y emisor de la moda. Louis XIV aumentó y destacó la importancia de la indumentaria en vez de menospreciar su costo. Los galos se convirtieron en árbitros de la educación y la etiqueta; escenificada por poner un ejemplo, en los modales que se debían seguir en la mesa con el uso del cuchillo y el tenedor (este último fue introducido en la corte por Catalina de Medicis, mujer de Enrique II. En su momento se consideró signo de enorme sofisticación).

Giorgio Vasari. Fresco que representa el matrimonio de Enrique II y Catalina de Medicis. 1550. Musei dei Ragazzi di Firenze. Palacio Vecchio. Florencia.

Giorgio Vasari. Fresco que representa el matrimonio de Enrique II y Catalina de Medicis. 1550. Musei dei Ragazzi di Firenze. Palacio Vecchio. Florencia.

          El francés se convirtió se convirtió en el idioma elegante. El palacio de Versalles fue erigido entre 1660 y 1680 siendo la residencia de la familia real, la corte y una multitud de servidores. En total se calcula que unas 10.000 personas lo habitaban. La corte de Luis XIV era esplendorosa, un escaparate de buen gusto y sofisticación para irradiar a toda Europa. La vida diaria de la familia real estaba absolutamente programada, se trataba de un gran teatro en el que el rey era el actor principal. Estamos ante un hombre con un alto sentido de su misión y de la historia, muy consciente de su papel y del lugar que debía ocupar Francia en la esfera internacional.

Palacio de Versalles. Galería de los espejos.

Palacio de Versalles. Galería de los espejos.

          Se requirió un código diferente en la vestimenta según fuera la situación. Las fiestas obligaban a la nobleza a unos gastos astronómicos. La aristocracia pretendía permanecer dentro de los círculos más altos ya que la proximidad física al monarca podía constituir una gran ventaja. Toda la jornada estaba regulada y planificada y el ceremonial se prolongó durante los reinados de sus sucesores Luis XV y Luis XVI, aunque ellos prefirieron una vida íntima algo mas privada, y en ocasiones se alejaban de la tiránica etiqueta. Algunas de las actividades del ceremonial cortesano estaban directamente relacionadas con la indumentaria. Presenciar el acto de levantarse y el de acostarse del rey de Francia constituía un gran privilegio ya daba pie a poder hablar con él. Dicho ritual tenía un complicado proceso.

Palacio de Versalles. Cámara del rey Luis XIV.

Palacio de Versalles. Cámara del rey Luis XIV.

          Una vez se levantaba, el rey se calzaba las zapatillas mientras el gran chambelán le ponía el traje de cámara, es decir, una bata. Este primer acto se conocía como “Petite lever”. Después de desayunar y una vez que ya habían entrado en la cámara diversas dignidades, se procedía a su vestido; el “Grand lever”, era una ceremonia presenciada por los mas importantes caballeros de la nación.

Claude Lefèvre. Retrato de Luis XIV. Hacia 1670. Palacio de Versalles.

Claude Lefèvre. Retrato de Luis XIV. Hacia 1670. Palacio de Versalles.

          La camisa de Su Majestad era calentada previamente y un criado la entregaba al primer gentilhombre de cámara, que a su vez se la daba al caballero destinado a la merced de presentársela. Luis XIV era cubierto con una bata mientras se procedía a su vestido. Asistido por un auténtico arsenal de lacayos y maestres se procedía a su arreglo. El rey eligía la corbata y el pañuelo cada día; por último se le ofrecían los guantes, el sombrero y el bastón. Una vez concluido todo el proceso rezaba una oración al lado de su lecho y daba comienzo a su jornada laboral. El acto de acostarse “coucher” también estaba reglamentado, pero era mas sencillo y rápido. Un alto caballero le presentaba la camisa de dormir. Con el paso de los años, los “levers” y los “couchers” se volvieron cada vez menos frecuentes. Y los cortesanos se quejaban de ya no ver nunca al Rey, a diferencia de la época de Luis XIV.

Jean-Léon Gérôme. Réception du Grand Condé par Louis XIV (Versailles, 1674) . 1878. Musée d´Orsay. Paris,

Jean-Léon Gérôme. Recepción del “Grand Conde” por Luis XIV en Versalles, 1674 . 1878. Museo d´Orsay. Paris,

          En Monarquía absoluta y absolutismo en Francia. El reinado de Luis XIV revisitado, Joel Cornette afirma: “El Rey aparecía como el punto de origen de todo: a imagen de la estructura del palacio de Versalles, cuyo centro exacto es la cámara real, Luis XIV, rodeado de su corte se erigía más que nunca como arquetipo y encarnación del absolutismo triunfante. En torno al monarca en majestad, se distinguía un primer círculo de poder: el de los ministros y los consejos, la administración central (…) Versalles se erigía, naturalmente, en síntesis, y al mismo tiempo en “monarquía administrativa”, auténtico templo del “Rey Sol”, cuyo “gobierno personal” constituía una forma de perfección monárquica. Una perfección que culminaba con la “reducción a la obediencia” de una nobleza domesticada, sumisa al oneroso ritual de una “rey de gloria” autoritario e impetuoso, dispensador de favores y pensiones”.

Grabado del siglo XV: los ángeles entregan los loses a Clodoveo. Según la leyenda el día de la coronación del rey Clodoveo en Reims, la Sagrada Ampolla llegó desde el cielo con un ramillete de lirios, es decir, flores de lis. La ampolla portaba el óleo para ungir y santificar al rey, denotando así que su autoridad le era otorgada por designio divin

Grabado del siglo XV: los ángeles entregan las lises a Clodoveo. Según la leyenda el día de la coronación del rey Clodoveo en Reims, la Sagrada Ampolla llegó desde el cielo con un ramillete de lirios, es decir, flores de lis. La ampolla portaba el óleo para ungir y santificar al rey, denotando así que su autoridad le era otorgada por designio divino,

          Luis XIV estaba convencido del origen divino de su poder, algo que todos reconocían o no se atrevían a negar. Desde su infancia se le había repetido que era casi un dios, una “divinidad visible”, un hombre diferente a los demás, porque era Rey “por gracia de Dios” y sólo ante este debía rendir cuentas. Ningún hombre podía juzgar al rey y nada era ajeno a éste. El monarca poseía las condiciones necesarias que le hacían capaz de tan colosal tarea en un momento en que la sociedad estaba preparada para el absolutismo monárquico: era fuerte, equilibrado, trabajador incansable, reflexivo, dueño de si mismo y consciente de su responsabilidad de gobernante, lo que llamaba “el oficio de ser rey”. Para él, gobernar era un trabajo que requería una plena dedicación. Ahí es nada.

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Iris Apfer. Una “it girl” de 93 años

Iris Apfel lleva abrigo de piel y joyas vintage y broche de Rara Avis by Iris Apfel para HSN. Foto: Alique. Realización: Sonny Groo. Maquillaje y peluquería: Manami (Atelier Management).

Iris Apfel lleva abrigo de piel y joyas vintage y broche de Rara Avis by Iris Apfel para HSN. Foto: Alique. Realización: Sonny Groo. Maquillaje y peluquería: Manami (Atelier Management).

          Hace unos días, con motivo de la pasarela 080 de Barcelona, nos visitó la famosa decoradora de interiores reconvertida en icono de estilo total, Iris Apfer. Fue invitada por la organización para presentar el documental “Iris” , que realizó sobre ella el director Albert Maysles antes de fallecer. A sus 93 años, esta joven veterana rebosa vitalidad. Declara que le parece divertido ser calificada de “it girl”. Manifiesta que su diseñador favorito es Cristobal Balenciaga del que declara haberle conocido en los años 50 en una recepción en Paris y del que piensa que: “si pudiera ver la moda que se hace hoy en día se estaría revolviendo en la tumba de lo fea que es. La creatividad murió en los 80” No se puede negar que a estas alturas de su vida, esta original mujer ya no se calla nada. Privilegios de la edad.

Vestido de Dolce & Gabbana, joyas vintage y brazaletes de colores de Rara Avis by Iris Apfel para HSN. Foto: Alique. Realización: Sonny Groo. Maquillaje y peluquería: Manami (Atelier Management).

Vestido de Dolce & Gabbana, joyas vintage y brazaletes de colores de Rara Avis by Iris Apfel para HSN. Foto: Alique. Realización: Sonny Groo. Maquillaje y peluquería: Manami (Atelier Management).

          En su visita a Barcelona paseó por uno de sus lugares favoritos, el renovado mercadillo de los Encantes, donde adquirió por la módica cantidad de 50 dolares: “Seis bolsos, tres collares y dos broches de madreperla” La arrolladora personalidad de esta genial mujer le hizo buscar piezas únicas en mercadillos, rastros, zocos y mercados de todo el planeta en los años cincuenta y sesenta, cuando viajar a lugares exóticos no estaba al alcance de todos los bolsillos. Es una de las cualidades que ha convertido a esta decoradora en una de las personalidades más respetadas del mundo del diseño.

Iris Apfel

          Podemos asegurar que a pesar de los achaques de la edad las marcas de moda se la rifan y no hay  inauguración en Nueva York que no cuente con ella, aunque la faceta en la que más disfruta es la de mentora de jóvenes estudiantes de la Universidad de Austin. en Texas. “Las escuelas de moda en Estados Unidos son malísimas”, critica: “No enseñan a los alumnos cómo funciona realmente este negocio. Se creen que todo consiste en la alfombra de los Oscar y ser famoso, y luego van a estudiar a Nueva York, fracasan y vuelven a casa llorando. Lo que abunda son chicos ridículamente obsesionados por la fama, que no saben cortar un patrón y sólo piensan en hacer un diseño por ordenador y enviarlo a China para que lo cosan allí. Es realmente deprimente. No creo que los tiempos que vivimos hoy sean demasiado relevantes a nivel creativo. Ya no se estimula la creatividad ni la originalidad”

Iris Apfel

          Pese a la enorme atención mediática que recibe últimamente, Apfel se muestra encantada con esta nueva etapa de su vida. “Es divertido ser una ‘it girl'”, asegura. Está ultimando una colección de alta joyería para una firma mexicana y lo más delicado: su legado, que acogerá el Peabody Essex Museum de Massachusetts. Apfel fue la interiorista oficial de la Casa Blanca durante la friolera de nueve mandatos presidenciales -desde Harry S. Truman hasta la llegada de los Clinton a Washington-. A principios de los 50 creó, junto a su marido Carl, una firma de textiles de lujo, Old World Weavers, con clientes igualmente ‘deluxe’ como Jacqueline Onassis, Greta Garbo y Estée Lauder

Iris Apfel

          La obsesión por la edad es otro de los temas que la horroriza. El bótox le parece: “una cosa de locos, un pecado”. “Mira, la mayoría de mujeres que se me acercan siempre me hacen la misma pregunta: ‘Iris, ¿sabes dónde puedo encontrar un buen vestido con mangas?’. Es culpa de las revistas de moda y las grandes marcas de lujo, que venden un ideal estúpido y demente de jovencitas de 18 años aunque todo el mundo sabe que quien realmente tiene el tiempo y el dinero para comprar un vestido de varios miles de dólares son mujeres de 40, 50 o 60 años. Que lo que quieren es un buen par de mangas. Si tuviera tiempo, abriría mañana una tienda en Madison Avenue. Se llamaría Sleeves (mangas). Y me haría rica en un santiamén, te lo aseguro”, bromea.

          Apfel no se cansa de repetir allá donde va (como un mantra que ha sido, en realidad, el lema de una vida plena y feliz) que: “la moda se compra pero el estilo no tiene precio, es algo que tienes que trabajar, una cuestión de actitud”. Y que no hay otro secreto que: “saber quién eres realmente”.

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