Jaulas doradas

          Desde el 19 de febrero de 2015 y hasta el domingo 20 de septiembre de 2015, está teniendo lugar en el Museo del Traje de Madrid, la muestra denominada Jaulas doradas. Se presenta como una propuesta expositiva de prendas de indumentaria femenina, que en combinación con armazones interiores (miriñaques y polisones) y corsés, intenta poner de manifiesto siguiendo un hilo cronológico, los momentos más singulares y paradigmáticos en la configuración de la silueta, constreñida y enjaulada, que predominó en la imagen y estética de la mujer de la segunda mitad del siglo XIX.

          Al mismo tiempo, y mediante una apoyatura simbólica: la mujer pájaro, se pretende mostrar una reflexión más amplia que trascienda el mismo concepto formal de jaula/indumentaria para llegar a otros planteamientos conceptuales más amplios sobre la belleza “dorada” y “las jaulas” del universo femenino. Mediante una cuidada selección de piezas de indumentaria femenina de la colección del Museo del Traje, en combinación con prendas interiores, se ponen de manifiesto los momentos más singulares de la configuración de la silueta, constreñida y enjaulada, que predominó en la imagen y estética de la mujer del siglo XIX.

 Miriñaque, ca. 1860-1868. Colección Museo del Traje. © Ministerio de Educación, Cultura y Deporte


Miriñaque, ca. 1860-1868. Colección Museo del Traje.
© Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

          ¿Qué es el miriñaque? Una falda almidonada guarnecida con aros, a modo de armazón, que tuvo su origen en 1850. “Su estructura es similar a la de una jaula de hierro que contribuye a aumentar el volumen a la figura de la mujer, confiriéndole una silueta acampanada”, detalla la comisaria. A pesar de su rigidez, esta estructura aportaba gran ligereza al movimiento de la mujer, : “ya que sostenía las faldas del traje sin necesidad de utilizar múltiples capas superpuestas”, puntualiza. Años, después, el miriñaque, también llamado crinolina, cede el paso al polisón, armazón que, atado a la cintura, daba volumen a la parte de atrás de la silueta femenina. “Es el momento en el que la silueta femenina se modifica, la forma acampanada se desinfla en el frente y en los costados y comienza a proyectarse hacia atrás”, explica.

Conjunto de traje con polisón, ca. 1875-1880. Colección Museo del Traje. © Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

Conjunto de traje con polisón, ca. 1875-1880. Colección Museo del Traje.
© Ministerio de Educación, Cultura y Deporte

          Esta cola se convierte en una de las características fundamentales de los patrones femeninos, que en ocasiones fue motivo de burla y ridiculización. “En la prensa inglesa existen muchas piezas satíricas que parodian el aspecto enjaulado de la mujer”. Tras una breve interrupción, el polisón vuelve con fuerza en torno a 1883 y hasta 1890, pero en esta ocasión a modo de cojinete ubicado bajo la cintura. Cada día, el polisón va tomando más fuerza y adopta siluetas exageradas como “grupa a caballo”, aclara la comisaria, quien destaca que existía un gran gusto por decorar los vestidos a imagen y semejanza de las estancias de su casa. “Por eso, el traje de este período es conocido como de estilo tapicero, por la similitud decorativa que presenta con el tratamiento de los tejidos del interior de las estancias de los hogares de la burguesía”.

          A partir de 1890 y hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial, con el Modernismo, el miriñaque y el polisón salen del armario femenino. La mujer prefiere el cojinete, un pequeño polisón que le confiere más movilidad y “le permite realizar actividades sociales como montar en bicicleta o a caballo”. En esta época, el corsé adquiere mayor protagonismo, y su función consiste en constreñir el tórax y reducir el talle, otorgando a la mujer una silueta en ese. En función del desarrollo de estas tres prendas interiores fueron evolucionando las exteriores. Así, mientras que en la época del miriñaque aparecieron los sobretodos envolventes y sin estructura alguna, con el polisón se ponen de moda los abrigos semiceñidos, dolman (mantos), capelinas y estolas.

          En esta muestra, que se puede ver hasta el 20 de septiembre, se incluye una serie de sombreros con pájaros disecados, abanicos hechos con plumas exóticas y máscaras faciales para preservar el maquillaje, todos ellos decorados con motivos flores rescatados de la naturaleza.La exposición Jaulas doradas finaliza con una serie de prendas contemporáneas de Pedro del Hierro, Angela Arregui, Paco Rabbane o Givenchy, diseñadores que de forma recurrente han empleado corsés, jaulas y pájaros como elementos decorativos. “Estas piezas invitan a reflexionar sobre la idea de la mujer enjaulada, las imposiciones sociales y la afectación de la salud por la opresión de la prendas”, concluye la comisaria.

 

 

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Los años 50. La moda en Francia (1947-1957)

          El Museo de Bellas Artes de Bilbao presenta una colección de 300 obras  de alta costura francesa de los años 50. Más de un centenar de vestidos, 80 accesorios y otros tantos archivos de una treintena de autores, se exponen al público hasta el 31 de agosto. La exposición reúne modelos y complementos de los principales diseñadores de la edad de oro de la alta costura francesa: el decenio 1947-1957, que comienza con el nacimiento del llamado ‘New look’ de Christian Dior y finaliza con la muerte del célebre modisto. Durante esa década, grandes nombres, como Jacques Heim, Chanel, Schiaparelli, Balenciaga o Jacques Fath, seguidos por Balmain, Christian Dior, Jacques Griffe, Hubert de Givenchy o Pierre Cardin, hicieron de la moda francesa sinónimo de lujo, elegancia y creatividad.   Los años 50. La moda en Francia 1947-1957 llega a Bilbao desde el museo Palais Galliera, de París, donde se presentó el año pasado con motivo de la reapertura del museo.

          Los años 50 fueron una etapa crucial para la alta costura francesa, muy mermada por el hundimiento financiero del año 1929 y, sobre todo, por la guerra. Durante esa década París volvió a ser la capital mundial de la moda, que experimentó un renacer protagonizado por grandes nombres. Todos contribuyeron al prestigio duradero de la moda francesa, sinónimo de lujo, elegancia y creatividad, y también al empeño de llevar sus logros al prêt-à-porter.

          El director del Palais Galliera,  ha comentado que esta exposición le: “gusta más que en París porque aquí es más bonita por el espacio y por lo generoso del mismo en la presentación de los modelos”. “Una belleza y una elegancia exquisita”, ha añadido. Los trajes se pueden ver en las salas de exposición de la colección del museo. “No solo es una exposición de moda”, ha destacado Saillard, sino que genera: “un encuentro y un diálogo enorme entre cuadros, frescos, vestidos y esculturas”.

          Olivier Saillard no ha querido desaprovechar la ocasión para hacer un guiño al Museo de Bellas Artes de Bilbao, apuntando que: “si me dieran carta blanca para crear un museo haría uno como el que acabo de ver, con moda unida al arte del museo de Bellas Artes”. Tampoco ha faltado la mención a Balenciaga, autor presente en la colección. La comisaria de la exposición, Miren Arzalluz, ha hecho hincapié en la dificultad de montaje que conlleva una exposición con estas piezas, que: “pretende mostrar el virtuosismo y la excelencia de sus creadores”.

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El teatro cortesano

Para Alex con todo mi cariño.

          El reinado de Luis XIV (1643-1615) supuso una transformación esencial en la sociedad francesa, que consecuentemente alteró las formas y el sentido del vestir. La nación se convirtió en el indiscutible centro creador y emisor de la moda. Louis XIV aumentó y destacó la importancia de la indumentaria en vez de menospreciar su costo. Los galos se convirtieron en árbitros de la educación y la etiqueta; escenificada por poner un ejemplo, en los modales que se debían seguir en la mesa con el uso del cuchillo y el tenedor (este último fue introducido en la corte por Catalina de Medicis, mujer de Enrique II. En su momento se consideró signo de enorme sofisticación).

Giorgio Vasari. Fresco que representa el matrimonio de Enrique II y Catalina de Medicis. 1550. Musei dei Ragazzi di Firenze. Palacio Vecchio. Florencia.

Giorgio Vasari. Fresco que representa el matrimonio de Enrique II y Catalina de Medicis. 1550. Musei dei Ragazzi di Firenze. Palacio Vecchio. Florencia.

          El francés se convirtió se convirtió en el idioma elegante. El palacio de Versalles fue erigido entre 1660 y 1680 siendo la residencia de la familia real, la corte y una multitud de servidores. En total se calcula que unas 10.000 personas lo habitaban. La corte de Luis XIV era esplendorosa, un escaparate de buen gusto y sofisticación para irradiar a toda Europa. La vida diaria de la familia real estaba absolutamente programada, se trataba de un gran teatro en el que el rey era el actor principal. Estamos ante un hombre con un alto sentido de su misión y de la historia, muy consciente de su papel y del lugar que debía ocupar Francia en la esfera internacional.

Palacio de Versalles. Galería de los espejos.

Palacio de Versalles. Galería de los espejos.

          Se requirió un código diferente en la vestimenta según fuera la situación. Las fiestas obligaban a la nobleza a unos gastos astronómicos. La aristocracia pretendía permanecer dentro de los círculos más altos ya que la proximidad física al monarca podía constituir una gran ventaja. Toda la jornada estaba regulada y planificada y el ceremonial se prolongó durante los reinados de sus sucesores Luis XV y Luis XVI, aunque ellos prefirieron una vida íntima algo mas privada, y en ocasiones se alejaban de la tiránica etiqueta. Algunas de las actividades del ceremonial cortesano estaban directamente relacionadas con la indumentaria. Presenciar el acto de levantarse y el de acostarse del rey de Francia constituía un gran privilegio ya daba pie a poder hablar con él. Dicho ritual tenía un complicado proceso.

Palacio de Versalles. Cámara del rey Luis XIV.

Palacio de Versalles. Cámara del rey Luis XIV.

          Una vez se levantaba, el rey se calzaba las zapatillas mientras el gran chambelán le ponía el traje de cámara, es decir, una bata. Este primer acto se conocía como “Petite lever”. Después de desayunar y una vez que ya habían entrado en la cámara diversas dignidades, se procedía a su vestido; el “Grand lever”, era una ceremonia presenciada por los mas importantes caballeros de la nación.

Claude Lefèvre. Retrato de Luis XIV. Hacia 1670. Palacio de Versalles.

Claude Lefèvre. Retrato de Luis XIV. Hacia 1670. Palacio de Versalles.

          La camisa de Su Majestad era calentada previamente y un criado la entregaba al primer gentilhombre de cámara, que a su vez se la daba al caballero destinado a la merced de presentársela. Luis XIV era cubierto con una bata mientras se procedía a su vestido. Asistido por un auténtico arsenal de lacayos y maestres se procedía a su arreglo. El rey eligía la corbata y el pañuelo cada día; por último se le ofrecían los guantes, el sombrero y el bastón. Una vez concluido todo el proceso rezaba una oración al lado de su lecho y daba comienzo a su jornada laboral. El acto de acostarse “coucher” también estaba reglamentado, pero era mas sencillo y rápido. Un alto caballero le presentaba la camisa de dormir. Con el paso de los años, los “levers” y los “couchers” se volvieron cada vez menos frecuentes. Y los cortesanos se quejaban de ya no ver nunca al Rey, a diferencia de la época de Luis XIV.

Jean-Léon Gérôme. Réception du Grand Condé par Louis XIV (Versailles, 1674) . 1878. Musée d´Orsay. Paris,

Jean-Léon Gérôme. Recepción del “Grand Conde” por Luis XIV en Versalles, 1674 . 1878. Museo d´Orsay. Paris,

          En Monarquía absoluta y absolutismo en Francia. El reinado de Luis XIV revisitado, Joel Cornette afirma: “El Rey aparecía como el punto de origen de todo: a imagen de la estructura del palacio de Versalles, cuyo centro exacto es la cámara real, Luis XIV, rodeado de su corte se erigía más que nunca como arquetipo y encarnación del absolutismo triunfante. En torno al monarca en majestad, se distinguía un primer círculo de poder: el de los ministros y los consejos, la administración central (…) Versalles se erigía, naturalmente, en síntesis, y al mismo tiempo en “monarquía administrativa”, auténtico templo del “Rey Sol”, cuyo “gobierno personal” constituía una forma de perfección monárquica. Una perfección que culminaba con la “reducción a la obediencia” de una nobleza domesticada, sumisa al oneroso ritual de una “rey de gloria” autoritario e impetuoso, dispensador de favores y pensiones”.

Grabado del siglo XV: los ángeles entregan los loses a Clodoveo. Según la leyenda el día de la coronación del rey Clodoveo en Reims, la Sagrada Ampolla llegó desde el cielo con un ramillete de lirios, es decir, flores de lis. La ampolla portaba el óleo para ungir y santificar al rey, denotando así que su autoridad le era otorgada por designio divin

Grabado del siglo XV: los ángeles entregan las lises a Clodoveo. Según la leyenda el día de la coronación del rey Clodoveo en Reims, la Sagrada Ampolla llegó desde el cielo con un ramillete de lirios, es decir, flores de lis. La ampolla portaba el óleo para ungir y santificar al rey, denotando así que su autoridad le era otorgada por designio divino,

          Luis XIV estaba convencido del origen divino de su poder, algo que todos reconocían o no se atrevían a negar. Desde su infancia se le había repetido que era casi un dios, una “divinidad visible”, un hombre diferente a los demás, porque era Rey “por gracia de Dios” y sólo ante este debía rendir cuentas. Ningún hombre podía juzgar al rey y nada era ajeno a éste. El monarca poseía las condiciones necesarias que le hacían capaz de tan colosal tarea en un momento en que la sociedad estaba preparada para el absolutismo monárquico: era fuerte, equilibrado, trabajador incansable, reflexivo, dueño de si mismo y consciente de su responsabilidad de gobernante, lo que llamaba “el oficio de ser rey”. Para él, gobernar era un trabajo que requería una plena dedicación. Ahí es nada.

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Iris Apfer. Una “it girl” de 93 años

Iris Apfel lleva abrigo de piel y joyas vintage y broche de Rara Avis by Iris Apfel para HSN. Foto: Alique. Realización: Sonny Groo. Maquillaje y peluquería: Manami (Atelier Management).

Iris Apfel lleva abrigo de piel y joyas vintage y broche de Rara Avis by Iris Apfel para HSN. Foto: Alique. Realización: Sonny Groo. Maquillaje y peluquería: Manami (Atelier Management).

          Hace unos días, con motivo de la pasarela 080 de Barcelona, nos visitó la famosa decoradora de interiores reconvertida en icono de estilo total, Iris Apfer. Fue invitada por la organización para presentar el documental “Iris” , que realizó sobre ella el director Albert Maysles antes de fallecer. A sus 93 años, esta joven veterana rebosa vitalidad. Declara que le parece divertido ser calificada de “it girl”. Manifiesta que su diseñador favorito es Cristobal Balenciaga del que declara haberle conocido en los años 50 en una recepción en Paris y del que piensa que: “si pudiera ver la moda que se hace hoy en día se estaría revolviendo en la tumba de lo fea que es. La creatividad murió en los 80″ No se puede negar que a estas alturas de su vida, esta original mujer ya no se calla nada. Privilegios de la edad.

Vestido de Dolce & Gabbana, joyas vintage y brazaletes de colores de Rara Avis by Iris Apfel para HSN. Foto: Alique. Realización: Sonny Groo. Maquillaje y peluquería: Manami (Atelier Management).

Vestido de Dolce & Gabbana, joyas vintage y brazaletes de colores de Rara Avis by Iris Apfel para HSN. Foto: Alique. Realización: Sonny Groo. Maquillaje y peluquería: Manami (Atelier Management).

          En su visita a Barcelona paseó por uno de sus lugares favoritos, el renovado mercadillo de los Encantes, donde adquirió por la módica cantidad de 50 dolares: “Seis bolsos, tres collares y dos broches de madreperla” La arrolladora personalidad de esta genial mujer le hizo buscar piezas únicas en mercadillos, rastros, zocos y mercados de todo el planeta en los años cincuenta y sesenta, cuando viajar a lugares exóticos no estaba al alcance de todos los bolsillos. Es una de las cualidades que ha convertido a esta decoradora en una de las personalidades más respetadas del mundo del diseño.

Iris Apfel

          Podemos asegurar que a pesar de los achaques de la edad las marcas de moda se la rifan y no hay  inauguración en Nueva York que no cuente con ella, aunque la faceta en la que más disfruta es la de mentora de jóvenes estudiantes de la Universidad de Austin. en Texas. “Las escuelas de moda en Estados Unidos son malísimas”, critica: “No enseñan a los alumnos cómo funciona realmente este negocio. Se creen que todo consiste en la alfombra de los Oscar y ser famoso, y luego van a estudiar a Nueva York, fracasan y vuelven a casa llorando. Lo que abunda son chicos ridículamente obsesionados por la fama, que no saben cortar un patrón y sólo piensan en hacer un diseño por ordenador y enviarlo a China para que lo cosan allí. Es realmente deprimente. No creo que los tiempos que vivimos hoy sean demasiado relevantes a nivel creativo. Ya no se estimula la creatividad ni la originalidad”

Iris Apfel

          Pese a la enorme atención mediática que recibe últimamente, Apfel se muestra encantada con esta nueva etapa de su vida. “Es divertido ser una ‘it girl'”, asegura. Está ultimando una colección de alta joyería para una firma mexicana y lo más delicado: su legado, que acogerá el Peabody Essex Museum de Massachusetts. Apfel fue la interiorista oficial de la Casa Blanca durante la friolera de nueve mandatos presidenciales -desde Harry S. Truman hasta la llegada de los Clinton a Washington-. A principios de los 50 creó, junto a su marido Carl, una firma de textiles de lujo, Old World Weavers, con clientes igualmente ‘deluxe’ como Jacqueline Onassis, Greta Garbo y Estée Lauder

Iris Apfel

          La obsesión por la edad es otro de los temas que la horroriza. El bótox le parece: “una cosa de locos, un pecado”. “Mira, la mayoría de mujeres que se me acercan siempre me hacen la misma pregunta: ‘Iris, ¿sabes dónde puedo encontrar un buen vestido con mangas?’. Es culpa de las revistas de moda y las grandes marcas de lujo, que venden un ideal estúpido y demente de jovencitas de 18 años aunque todo el mundo sabe que quien realmente tiene el tiempo y el dinero para comprar un vestido de varios miles de dólares son mujeres de 40, 50 o 60 años. Que lo que quieren es un buen par de mangas. Si tuviera tiempo, abriría mañana una tienda en Madison Avenue. Se llamaría Sleeves (mangas). Y me haría rica en un santiamén, te lo aseguro”, bromea.

          Apfel no se cansa de repetir allá donde va (como un mantra que ha sido, en realidad, el lema de una vida plena y feliz) que: “la moda se compra pero el estilo no tiene precio, es algo que tienes que trabajar, una cuestión de actitud”. Y que no hay otro secreto que: “saber quién eres realmente”.

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Zapatos: placer y dolor

          La historia del zapato es tan antigua como la humanidad misma. Existen evidencias sobre su uso a partir del 10.000 a, de C. Pinturas del periodo paleolítico en cuevas de España y Francia hacen ya referencias al calzado.

Chapines. Venecia. Hacia 1600.  © Victoria & Alber Museum. Londres.

Chapines. Venecia. Hacia 1600. © Victoria & Alber Museum. Londres.

          En el Museo Victoria & Albert y desde el 13 de junio hasta el 31 de enero de 2016 se celebra una excepcional muestra sobre la historia del calzado a lo largo de las distintas épocas y países del mundo. Se presentan mas de 200 pares. Desde sandalias decoradas con láminas de oro originarias del antiguo Egipto, hasta los modelos más elaborados de fabricantes actuales fabricados con una impresora 3D, con el objetivo de examinar el poder del zapato en la moda. Este recorrido histórico nos enseña una gama deslumbrante de zapatos históricos, muchos de los cuales no han sido mostrados antes. La muestra cuenta con el apoyo de las marcas Clarks y Agent Provocateur, quien a su vez la patrocinan. La mezcla de zapatos es variada: desde pares de la reina Victoria a modelos del siglo XVI hasta conocidos Manolo Blanhnik, Christian Louboutin, Jimmy Choo o Prada; acompañado por el calzado de famosas como Marilyn Monroe, Sarah Jessica Parker o Daphne Guinness.

Zapatos de boda "paduka"de la India. Oro y plata sobre madera. Hacia1800. © Victoria &  Alber Museum. Londres.

Zapatos de boda “paduka”de la India. Oro y plata sobre madera. Hacia1800. © Victoria & Alber Museum. Londres.

          La exposición explora tres ejes principales: transformación, estatus y seducción.

          “Los zapatos han sido, culturalmente, muy importantes a lo largo de la historia entre otras razones porque muestran el estatus de una persona. Cuanto más incómodos son, más rica y pudiente es la persona. Llevar puestos unos determinados zapatos puede significar querer pertenecer a un grupo exclusivo”, explica Helen Persson, comisaria de la exposición.

Zapatos para vendado de pies. China. Finales del siglo XIX. © Victoria & Alber Museum. Londres.

Zapatos para vendado de pies. China. Finales del siglo XIX. © Victoria & Alber Museum. Londres.

          Se trata de una exposición en la que los expertos en moda podrían inspirarse para saber cuáles serán las próximas tendencias.

Zapatos de mujer. Roger Vivier para Christian Dior. 1958-1960. © Victoria & Alber Museum. Londres.

Zapatos de mujer. Roger Vivier para Christian Dior. 1958-1960. © Victoria & Alber Museum. Londres.

           “Creo que, como editora de moda, es difícil predecir el futuro de los zapatos. Cuando surgió el Movimiento por la liberación de la mujer todo el mundo pensaba que solo utilizaríamos zapatos de hombre, cómodos, para salir corriendo. Pero ahora estamos viendo de nuevo zapatos con tacones altísimos”, asegura Suzy Menkes, editora internacional de Vogue.

Si visitáis Londres este año no debéis dejar de visitarla!!!

Zapatos "periquito". Caroline Groves. 2014. Inglaterra. Fotografía Dan Lowe.

Zapatos “periquito”. Caroline Groves. 2014. Inglaterra. Fotografía Dan Lowe.

Zaparos de hombre. Coxton Shoe Co. Ltd. Hacia 1925. © Victoria & Alber Museum. Londres.

Zaparos de hombre. Coxton Shoe Co. Ltd. Hacia 1925. © Victoria & Alber Museum. Londres.

Botas "scotty". Diseño de Atalanta Weller. 2010. © Victoria & Alber Museum. Londres.

Botas “scotty”. Diseño de Atalanta Weller. 2010. © Victoria & Alber Museum. Londres.

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El gusto moderno. Art déco en París, 1910-1935

El gusto moderno. Art Déco en París, 1910-1935. Madrid. Fotografía © Cortesía Fundación Juan March.

El gusto moderno. Art Déco en París, 1910-1935. Madrid. Fotografía © Cortesía Fundación Juan March.

Cartel exposición internacional de artes decorativas e industriales. 1925. Museo Victoria & Albert.

Cartel exposición internacional de artes decorativas e industriales. 1925. Museo Victoria & Albert.

          Estos días, en la Fundación Juan March de Madrid, se está celebrando la exposición “El gusto moderno. Art déco en París, 1910-1935″. La muestra pretende dar la oportunidad de conocer el que ha sido llamado “el último estilo total” de la historia. Se trata de la primera muestra que se dedica en España y fuera de un museo generalista o de artes decorativas. Cuenta esta exhibición con grandes ejemplos entre las bellas artes o artes decorativas aplicadas.

Boquilla Trompette, 1928. Cartier París. Platino y oro, diamantes talla rosa, esmeraldas talla calibrada, azabache y coral. Fotografía © Nils Herrmann. Cartier Collection. Cortesía Fundación Juan March.

Boquilla Trompette, 1928. Cartier París. Platino y oro, diamantes talla rosa, esmeraldas talla calibrada, azabache y coral. Fotografía © Nils Herrmann. Cartier Collection. Cortesía Fundación Juan March.

          El movimiento denominado art déco  fue una alternativa a la vanguardia y acabó convirtiéndose en el gran estilo del deseo y gustos modernos tan característicos del capitalismo de las primera décadas del siglo XX. La exposición que muestra la Fundación Juan March se estructura en ocho secciones cronológicas y temáticas. Con más de trescientas cincuenta piezas de de pintura, escultura, mobiliario, moda, joyería, cine, arquitectura, cerámica, orfebrería, tejidos, fotografías, dibujos, y revistas procedentes medio centenar de colecciones públicas y privadas de Europa y Estados Unidos. Se trata de un testimonio de un tiempo tan difícil de captar como presente en nuestra cultura contemporánea.

Vestido de noche Chimère, 1925. Jeanne Paquin. Seda azul y oro bordada con motivos de dragones chinos y aplicaciones de abalorios, perlas y cuentas doradas. Fotografía © Victoria and Albert Museum, Londres. Cortesía Fundación Juan March

Vestido de noche Chimère, 1925. Jeanne Paquin. Seda azul y oro bordada con motivos de dragones chinos y aplicaciones de abalorios, perlas y cuentas doradas. Fotografía © Victoria and Albert Museum, Londres. Cortesía Fundación Juan March

          En cuanto a nombres propios, destacan 122 artistas, decoradores, arquitectos, interioristas, artesanos y otros profesionales cuyas obras buscan el origen del art déco en el París de la primera década del siglo XX. Revisa el cubismo como una de sus fuentes y ofrece una  una panorámica del lujo y la funcionalidad de los interiores franceses de los años veinte.

El gusto moderno. Art Déco en París, 1910-1935. Fotografía © Cortesía Fundación Juan March.

El gusto moderno. Art Déco en París, 1910-1935. Fotografía © Cortesía Fundación Juan March.

       Recorre después la Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales Modernas de Paris en 1925. También revisa la presencia de lo exótico en el art déco, centrada en la Exposición Colonial de 1931 de Paris.  El cubismo aparece con una sección específica “por ser fuente de inspiración”, como lo fueron Egipto, India, China y Japón. La Fundación Juan March quiere así, subsanar ese “olvido” y ofrecer un viaje por el paisaje de los sentidos que ese arte “decorativo” -déco es el apócope de decoratif- emanó entre los años 10 y 30 del pasado siglo.

Madame Agnès, 1925-26. Jean Dunand. Plata en gelatina iluminada con gouache y aplicaciones de pan de oro y plata. Cortesía Galerie Michel Giraud, París. Fotografía © Cortesía Galerie Michel Giraud, París. Cortesía Fundación Juan March.

Madame Agnès, 1925-26. Jean Dunand. Plata en gelatina iluminada con gouache y aplicaciones de pan de oro y plata. Cortesía Galerie Michel Giraud, París. Fotografía © Cortesía Galerie Michel Giraud, París. Cortesía Fundación Juan March.

Los vestidos de Paul Pioret, vistos por Georges Lepape. 1911.

Los vestidos de Paul Pioret, vistos por Georges Lepape. 1911.

          Manuel Fontán, director de exposiciones y comisario de la muestra resume, “Lo difícil del art déco es definirlo. A diferencia del barroco, el jónico o el neoclasicismo, no tiene esencia, es una mezcla de estilos. Es como un perfume, y lo paradójico, fascinante y maravilloso es que hay que definirlo con aporías: un clasicismo moderno, o modernidad decorativa”

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La mañana y más de Canal Sur. 17 de junio. La moda femenina en la época de Luis XIV

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