Carlos III, un hombre a una nariz pegado.


El socarrón Quevedo dedicó a la gran nariz de Luis de Góngora un magistral soneto titulado “Un hombre a una nariz pegado”. Me ha venido a la mente este genial poema al ver la efigie de Carlos III en diversas monedas en curso de su reinado. Los escudos de plata y oro delatan que la nariz real no era cualquier cosa. El monarca era un hombre muy poco agraciado aunque según cuentan las crónicas su encanto, bondad y trato afable aminoraban esta sensación.

Moneda de ocho escudos de oro. Carlos III. 1773.
Moneda de ocho escudos de oro. Carlos III. 1773.

          Nuestro cuarto rey de la dinastía Borbón ha sido uno de los mejor considerados por  la historia. Desarrolló su función con la experiencia que había adquirido como  rey de  Nápoles bajo el nombre de Carlos VII. Con tan solo quince años salió de Sevilla para ocupar el trono napolitano en el que permaneció durante veinticinco años. Carlos III ejerció el sistema político predominante en la Europa del momento, conocido como despotismo ilustrado, y  fue sin duda el rey español mas preparado y eficaz del siglo XVIII.

Jean Ranc. Carlos III. 1724. Museo del Prado. Madrid.
Jean Ranc. Carlos III. 1724. Museo del Prado. Madrid.

          Tal y como vemos en sus retratos infantiles, era un niño rubio y muy blanco de piel. La práctica constante de la caza durante toda su vida avejentó y oscureció mucho su rostro y sus manos. Su carácter era metódico hasta el extremo y poco dado al esparcimiento, por lo que la corte española no tenía la brillantez y el boato de otras europeas. El haber sido testigo de los problemas mentales de sus antecesores, su padre Felipe V y su hermano Fernando VI, le llevó a asumir que la vida ociosa era insana por lo que siempre estaba ocupado en algo. Carlos fue un hombre muy devoto y piadoso, su confesor franciscano durante mas de veinticinco años llamado Joaquín de Eleta tuvo un papel destacado en algunas de sus decisiones.

Luis Paret. Carlos III comiendo ante su corte. 1775. Museo de Prado. Madrid.
Luis Paret. Carlos III comiendo ante su corte. 1775. Museo de Prado. Madrid.

          Su católica majestad seguía todos los días el mismo ritual: se levantaba temprano, oía misa, iba a ver a sus hijos y trabajaba en los asuntos de Estado. Mas tarde comía en público, recibía audiencias y dormía un rato. Las tardes las dedicaba a la caza. Según cuentan las crónicas era un hombre amable, de trato sencillo y vida extremadamente ordenada. El conde de Fernán Núñez, que fue durante años su ayuda de cámara, dejó muy interesantes impresiones sobre la personalidad y el físico del rey, haciendo alusión a que su enorme nariz era la gran responsable de la fealdad de su rostro. El conde nos dejó esta semblanza: “Su vestido era el mas sencillo y modesto. Cuando tenía que vestirse de gala, se ponía de muy mala gana, sobre la chupa de campo, un vestido rico de tela guarnecido por una rica botonadura de diamantes. De este modo se presentaba  a la Corte, a la capilla y al besamanos, y luego que pasaban las dos o tres horas de la ceremonia, apenas había entrado en su cámara, se quitaba la casaca echando un gran suspiro y diciendo ¡Gracias a Dios!” y continuaba: “Estrenar vestido, zapatos o sombrero nuevo era para S.M un martirio”.  

          Este comentario, que puede parecer simplemente anecdótico, nos deja bien clara manera de ser del rey, un hombre nada presumido al que le costaba pasar por las esclavitudes de su cargo en cuanto a la indumentaria y la etiqueta. En La familia de Felipe V pintado por Van Loo en 1743 vemos a un joven atractivo, ricamente vestido con casaca color pardo de mangas con amplias vueltas, chaleco enteramente bordado y botas altas, sobre el pecho luce una espléndida banda roja. Su postura  es gallarda y altiva como corresponde a su gran dignidad. Al igual que todos los personajes del inmenso cuadro, Carlos aparece  fuertemente idealizado.

Van Loo. Familia de Felipe V. Detalle. 1743. Museo del Prado. Madrid.
Van Loo. Familia de Felipe V. Detalle. 1743. Museo del Prado. Madrid.

          Mengs, pintor alemán que trabajó en la corte española, es el responsable de la imagen mas famosa del rey, como lo que hoy llamaríamos un retrato oficial. El cuadro, pintado hacia 1761, presenta a un Carlos III maduro (tenía unos cuarenta y cinco años) como monarca absoluto vistiendo  armadura y portando el bastón de mando. Aparece rodeado de los símbolos de su poder como el manto real y de su pecho cuelgan las órdenes del Toisón de Oro, la del Espíritu Santo y la de San Jenaro. La pintura es de gran calidad (Mengs era un consumado maestro en el tratamiento de las distintas texturas) aunque le falta profundidad psicológica. Es una imagen idealizada del rey aunque su gran nariz sigue presente. Conociendo su poco gusto por el arreglo, vestirse de esa guisa y posar para el artista debió ser un auténtico suplicio aunque fuera por poco rato.

Anton Rafael Mengs. Carlos III. 1761. Museo del Prado. Madrid.
Anton Rafael Mengs. Carlos III. 1761. Museo del Prado. Madrid.
Manuel Salvador Carmona. Retrato de Carlos III. Grabado sobre el retrato de Anton Rafael Mengs. 1783. Biblioteca Nacional de Portugal. Lisboa.
Manuel Salvador Carmona. Retrato de Carlos III. Grabado sobre el retrato de Anton Rafael Mengs. 1783. Biblioteca Nacional de Portugal. Lisboa.
Anton Rafael Mengs. Carlos III. Palacio Real de Madrid.
Anton Rafael Mengs. Carlos III. Palacio Real de Madrid.

7 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Estaba casado con María Amalia de Sajonia, a la que amaba sinceramente.
    María Amalia era hija de rey electo de Polonia.
    Cuando murió dijo de ella, que era el único disgusto que le había dado en su vida.
    Fue el mejor alcalde de Madrid. Embelleciendo la ciudad con fuentes como la Cibeles o Neptuno. En principio dedicadas a los palacios reales de La Granja o Aranjuez.
    Y por supuesto la Puerta de Alcalá.

    1. Bárbara dice:

      La anécdota que cuentas la de leído también en referencia a Luis XIV cuando murió María Teresa de Austria, no porque la quisiera sino porque era un persona encantadora y nada problemática. Lo de las fuentes no lo sabía….que interesante.
      Mil gracias por tus comentarios!!!!

  2. Juan dice:

    María Amalia era hija del gran Federico II el Grande, al que se refiere el comentario como rey electo de Polonia. Hace unos días estuve en el palacio de Potsdam, donde está su tumba y la de sus perros. Como anécdota, referir que entre sus múltiples virtudes (es un personaje que caracteriza perfectamente lo del “rey ilustrado”) estaba la música, y se dice que en la boda de Carlos III con María Amalia, regaló una partitura musical que se le atribuye al monarca alemán y que sonó en honor de los desposados.

    1. Bárbara dice:

      María Amalia disfrutó poco el ser reina de España ya que falleció al año de llegar a Madrid. Muchas gracias por su comentario Juan. Un saludo.

  3. Entre tanta cultura hoy sólo comentar que siempre se dijo sobre narices grandes que son de gente con mucha personalidad….no sé

    1. Bárbara dice:

      ¡¡¡¡Jajajajaja!!!! Eso espero por la parte que me toca.

  4. Ángeles dice:

    Mi esposo para que es descendiente de Carlos III,es su cara entera igual,y es testarudo y siempre tiene él razón.Me gustaría se pareciera en la forma de ser más al monarca…parece que la nariz no define la forma de ser de una persona.He escrito,un saludo!

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