Felipe IV, el rey galante.


          Hay hombres cuya afición por las mujeres no conoce límites, este es el caso de Felipe IV (1605-1660). Fue llamado “el rey planeta” por los inmensos territorios que poseía la corona española en esos tiempos y también “el rey poeta” porque gustaba mucho de la poesía e incluso escribía versos. A lo largo que su vida tuvo un sinfín de amantes y otros tantos hijos ilegítimos con todo tipo de mujeres, desde damas de alta alcurnia hasta actrices. Su reinado ha sido uno de los más largos nuestra historia, cuarenta y cuatro años en pleno siglo XVII, a nuestro juicio uno de los periodos más apasionantes de nuestra historia. Fueron unas décadas sacudidas por guerras y conflictos, el principio del ocaso del gran imperio español. Un momento de profunda crisis económica y social que paradójicamente trajo consigo una eclosión de las artes, que alcanzaron unas cotas de brillantez y genio tan apabullantes que a pesar del tiempo transcurrido nos siguen impresionando. Es el siglo de Cervantes, Quevedo, Góngora, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Velázquez, Zurbarán y Murillo entre otros muchos.

Diego Velázquez. Felipe IV. Hacia 1628. Ringling Museum of Art, Sarasota. Florida.
Diego Velázquez. Felipe IV. Hacia 1628. Ringling Museum of Art, Sarasota. Florida.

        El catedrático José Deleito y Piñuela publicó, entre los años treinta y cuarenta del pasado siglo, una serie de interesantes ensayos dedicados a la España de Felipe IV, en los que estudiaba los usos y costumbres de todo el espectro social desde la alta nobleza a los desheredados de todo tipo. Uno de ellos se dedica a la familia real, bajo el título El rey se divierte, trata la figura del monarca y la vida en la corte. El cuarto Felipe accedió al trono muy joven ya que su padre Felipe III falleció prematuramente. Como casi todos los príncipes herederos de aquel entonces su boda se concertó durante la niñez. La elegida fue Isabel de Borbón, hija de Enrique IV de Francia y María de Medicis. Isabel era bella y esbelta, morena de profundos ojos negros como nos la muestra Velázquez. Las capitulaciones de boda se firmaron cuando Felipe solamente tenía siete años. El matrimonio se celebró en 1615, el novio contaba diez años y la novia doce, aunque debido a la temprana edad de ambos no se pudo consumar hasta pasados cinco años.

Diego Velázquez. Isabel de Borbón. 1632. Colección privada. Nueva York.
Diego Velázquez. Isabel de Borbón. 1632. Colección privada. Nueva York.

          Felipe IV comenzó sus escarceos amorosos siendo muy joven. Deleito en la citada obra recoge las inclinaciones del rey de la siguiente manera: “Toda clase de mujeres eran buenas para su erótico deporte: doncellas, casadas y viudas, altas damas, sirvientas de palacio, burguesas, actrices, menestralas y hasta tusonas y cantoneras, como entonces se decía a las que hacían tráfico profesional de su cuerpo. Desde el Alcázar a la mancebía, pasando por el corral de comedias, no había frontera para sus ardores; pero sus preferencias iban mas a las mujeres humildes que a las linajudas.” Las amantes reales no tuvieron poder político alguno ni fueron consideradas favoritas oficiales, tal y como ocurría en Francia. Eran aventuras pasajeras fruto del capricho y la pasión. Por lo general fueron relaciones esporádicas y poco costosas ya que según cuentan las crónicas el rey no era muy espléndido con sus conquistas.

          Isabel de Borbón sufría con resignación las continuas infidelidades de su marido aunque éste no olvidaba sus obligaciones conyugales tal y como atestiguan los continuos embarazos de la reina. El matrimonio tuvo ocho hijos de los que por desgracia solo dos pasaron de la infancia, María Teresa (futura reina de Francia) y Baltasar Carlos, príncipe de Asturias fallecido inesperadamente con solo diecisiete años (probablemente al haber contraído la sífilis por haber tenido relaciones con una prostituta). Tal irreparable fue la pérdida de su único hijo legítimo varón que Felipe IV volvió a contraer nupcias, esta vez la elegida fue su sobrina carnal (hija de su hermana) Mariana de Austria. De esta unión nacieron cinco hijos de los que solo dos llegaron a adultos. La infanta Margarita (la preciosa niña de Las Meninas) y el futuro Carlos II. Aunque la tasa de mortalidad infantil era muy alta en la época, el rey debió sufrir terriblemente ya que tuvo que enterrar nada menos que a diez de sus hijos.

Diego Velázquez. Principe Baltasar Carlos cazador. 1635. Museo del Prado. Madrid
Diego Velázquez. Principe Baltasar Carlos cazador. 1635. Museo del Prado. Madrid.
Diego Velázquez. Infanta Margarita vestida de rosa. 1653. Museo del Prado. Madrid.
Diego Velázquez. Infanta Margarita vestida de rosa. 1653. Kunsthistorisches Museum. Viena.

          Paradójicamente, mientras sus hijos legítimos se malograban uno tras otro, los bastardos gozaban de salud y buena parte de ellos llegaron a la vida adultos. El rey solo reconoció a Juan José de Austria (en su partida de bautismo aparece como “hijo de la tierra”, manera de denominar a los hijos ilegítimos por aquellos tiempos), fruto de sus amores con la joven actriz María Calderón apodada la Calderona. Juan José vino al mundo en 1629 el mismo año que el príncipe Baltasar Carlos, a los pocos días de nacer fue entregado a una aya que le crió y mas adelante recibió una esmerada educación como correspondía a alguien de su categoría. La bella Calderona no quiso continuar sus amores con el rey y se retiró a un convento en la Alcarria del que llegó a ser abadesa. En 1642 Felipe IV reconoció públicamente a su hijo, se le otorgó el título de alteza y un buen numero de prebendas. Al no poder vivir en la corte por su condición de ilegítimo se le instaló en el Real Sitio de la Zarzuela (residencia actual de los reyes de España).

Retrato atribuido a María Calderón, también llamada la calderona. Museo de las Descalzas Reales. Madrid.
Supuesto retrato de María Calderón, también llamada la calderona. Museo de las Descalzas Reales. Madrid.
José Ribera. Juan Jose de Austria. 1648. Museo del Prado. Madrid.
José Ribera. Juan Jose de Austria. 1648. Museo del Prado. Madrid.

         En cuanto a los restantes hijos naturales del rey no se sabe con seguridad cuantos fueron, las malas lenguas hablaban incluso de más de treinta; se conocen los nombres de unos ocho, la mayoría varones y casi todos dedicados a la carrera eclesiástica. Algunos escritores del momento hicieron responsable de la disoluta conducta del monarca al conde duque de Olivares. Una teoría afirma que el todopoderoso valido le inició muy pronto en los placeres de la carne al joven príncipe para tenerlo sujeto y hacerse el dueño de su voluntad tal y como en realidad sucedió, aunque debemos resaltar que diversos especialistas han afirmado que el monarca padecía hipersexualidad. En descargo de tanto vicio diremos que Felipe IV fue culto, dotado de una profunda sensibilidad y afición por las bellas artes y la música, incluso tocaba el violín. Atesoró una magnífica colección de pinturas de los grandes maestros de su tiempo que podemos admirar en el museo del Prado como las famosísimas Tres Gracias de Rubens. Por otro lado, tuvo la inmensa suerte de tener a Diego Velázquez trabajando directamente a su servicio, no solo como pintor sino que fue enviado a Italia en dos ocasiones con el encargo de adquirir obras de arte para la colección real. Como buen monarca de la ultra católica España fue muy devoto y cumplidor de los preceptos de la Iglesia, pero su sincero arrepentimiento duraba muy poco y se lanzaba de nuevo a los placeres. Para concluir, dos versos del poeta Campoamor que ilustran a la perfección su carácter:

Pecar, hacer penitencia

y luego vuelta a empezar,

Peter Paul Rubens. Las tres gracias. Hacia 1635. Museo del Prado. Madrid.
Peter Paul Rubens. Las tres gracias. Hacia 1635. Museo del Prado. Madrid.

9 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Cristóbal Castillo dice:

    Desde luego era bastante libertino, alguno de los bastardos lo llego a enterrar en el Escorial… Magnifico artículo!!!!!!!!!
    Enhorabuena y no pares de cultivarnos…

  2. Bárbara dice:

    Mil gracias Cristóbal. La verdad es que Felipe IV no debía tener freno, cuenta que también se intentó ligar a alguna monja. En fin..

  3. paco hernandez cano. dice:

    Magnifico articulo y como siempre muy bien ilustrado. un abrazo.

  4. Bárbara dice:

    Muchas gracias Paco. La verdad es que es que encuentro fundamental además de agradable para el lector ilustrar bien los artículos. Te acerca mas al texto.
    Me hace mucha ilusión que sigas mi blog, como verás sigo al pie del cañón.
    Un fuerte abrazo.

  5. May amian dice:

    Lo de tusonas y cantoneras me ha encantao! Te imaginas…..decirle a alguien hija de la gran cantonera! Puedes excusarte diciendo…..que cantas muy bien….que tienes un cuerpecito cantonero….

    1. Bárbara dice:

      ¡¡May!! Eres genial. Tus comentarios son lo mejor. El idioma ha cambiado mucho, hay cantidad de palabras que ya no se usan. La ortografía era también bastante libre, según he visto en los documentos muchas veces se usaba la b y la v indistintamente. Menos mal que hoy en día hay reglas fijas de ortografía.

  6. Matilde dice:

    Qué gran disfrute leer y ver tus artículos. Gracias Bárbara.

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