Los españoles de antes.


España padece en la actualidad un serio problema demográfico, las estadísticas señalan que los nacimientos son escasos por lo que estamos muy lejos del necesario recambio generacional. Nuestro país tiene cerca de cuarenta y seis millones de habitantes (entre nacionales y extranjeros) y la esperanza de vida está en torno a los ochenta y un años. Durante el siglo XX los impresionantes avances científicos consiguieron erradicar muchas enfermedades por lo que la tasa media de vida subió considerablemente además de producirse un espectacular aumento de la población dejando atrás tasas muy elevadas de natalidad y mortalidad. En el presente la preocupación reside en la falta de nacimientos, un experto alude a la problemática como: “Auténtica decapitación biológica de la sociedad española”. Aún así es necesario hacer hincapié en el hecho probado de que nuestra madre patria  ha estado poco poblada con respecto a otras naciones de nuestro entorno a lo largo de la historia, esta realidad se aprecia claramente mirando al pasado. En el año 1900  España tenía unos dieciocho millones de habitantes con una esperanza de vida en torno a los treinta y cinco años, a lo largo del siglo XX (a pesar de la gripe española y la guerra civil) la población se duplicó llegando a casi cuarenta millones de habitantes.

Calle Alcalá. Principios del siglo XIX.
Calle Alcalá. Madrid.  Principios del siglo XIX.

          Saltando varias centurias llegamos al siglo XVI, un momento de esplendor económico y de fuerte expansión en el que la población española rondaba los siete millones; pero durante el siglo XVII prácticamente se estancó debido a las guerras y a las terribles epidemias de peste que asolaron ciudades enteras; solamente en Sevilla murieron cerca de sesenta mil personas en el año 1649. La peste tuvo unas consecuencias desastrosas para nuestra economía pero en la centuria siguiente tuvimos la enorme suerte de librarnos de ella. La última ciudad que sufrió su azote fue Marsella en 1720. La medicina no tenía medios ni conocimientos para hacer frente a las enfermedades de las que hoy en día nos libramos rápida y eficazmente a través de las vacunas. La viruela era mortífera y muy común aunque era posible salvarse, muchas personas quedaban afeadas por sus marcas como la reina Isabel de Farnesio. Una de las causas mas comunes de fallecimiento entre las madres era tétano puerperal por la falta de higiene en el proceso del corte del cordón umbilical. La mortalidad infantil era altísima y no solo afectaba a los menos pudientes, si pasamos revista a la descendencia de los reyes comprobamos con horror la cantidad de niños que murieron. Felipe IV tuvo que enterrar a nueve hijos (Velázquez inmortalizó al malogrado Baltasar Carlos y a Felipe Próspero en unos retratos impresionantes por su belleza y por la ternura que desprenden), por no hablar de su yerno el todopoderoso Luis XIV que de los seis hijos que tuvo con la infanta María Teresa solo sobrevivió uno. Ya en el siglo XVIII la cosa no mejoró en exceso Carlos IV y María Luisa de Parma dieron sepultura a ocho de sus catorce hijos.

Diego Velázquez. El infante Felipe Próspero. 1659. Museo de Viena.
Diego Velázquez. El infante Felipe Próspero. 1659. Museo de Viena.
Diego Velazquez. El príncipe Baltasar Carlos en el picadero. 1636 37. Colección del duque de Westminster. Londres.
Diego Velazquez. El príncipe Baltasar Carlos en el picadero. 1636 37. Colección del duque de Westminster. Londres.

          A principios del siglo XVIII la población española  rondaba solamente los siete millones y medio de habitantes (había crecido medio millón en ciento cincuenta años) una cifra aproximada ya que el recuento era muy deficiente, lo que implica que solo había unos quince habitantes por kilómetro cuadrado. A lo largo del siglo se produjo una recuperación considerable ya que la población creció en cuatro millones, es decir, veintiuno   habitantes por kilómetro cuadrado. Hay que tener presente que no todas las zonas crecían a igual ritmo, la que mas lo hizo fue la mediterránea por una menor tasa de mortalidad pero también por la fuerte inmigración de recibió del resto de la península y también de población extranjera, la esperanza de vida en esta zona rozaba los treinta y dos años.  En el norte de la península el promedio de vida estaba en torno a los treinta y cinco años; pero lo mas sorprendente es que en regiones como Castilla, León, Andalucía occidental y Aragón tan solo alcanzaba los veinticinco años. Ante estos datos solamente cabe alegrarse de lo mucho que se ha avanzado en tan poco tiempo ya que como anteriormente se ha señalado a principios del siglo XX la media de vida giraba en torno a los treinta y cinco años.

Antonio Joli. Vista de la calle de Alcalá. h 1750. Fundación Casa de Alba. Madrid.
Antonio Joli. Vista de la calle de Alcalá. h 1750. Madrid.

          La sociedad del Antiguo Régimen estaba aquejada por una infinidad de problemas que hoy en día los habitantes del mundo desarrollado no podemos ni imaginar.  La riqueza se basaba fundamentalmente en la agricultura y la ganadería, las comunicaciones e infraestructuras eran muy deficitarias, la productividad baja y la tasa de mortalidad elevadísima. La gran mayoría de las personas nacían y morían en el mismo lugar, como si fueran un árbol. La mayoría de los individuos simplemente subsistían y todavía quedaba mucho para llegar a un sistema económico que generara una considerable clase media.

Antonio Joli. Vista de la calle de Atocha.h.1750. Casa de Alba. Madrid.
Antonio Joli. Vista de la calle de Atocha.h.1750. Casa de Alba. Madrid.

          El perfil de las ciudades españolas empezó a cambiar en el siglo XIX pero anteriormente seguía siendo medieval. Eran recintos amurallados donde la principal actividad era la mercantil con comercio al por menor y al por mayor. Los artesanos y el trabajo especializado se agrupaban en gremios bajo la protección de un determinado santo. Los oficios llamados viles o mecánicos (los verdaderos creadores de riqueza) eran los realizados con las manos, estaban especializados en distintos sectores como plateros, doradores, carpinteros, barberos y un largo etcétera. Disfrutaban de monopolio y para acceder a ellos era necesario presentar pruebas de limpieza de sangre, es decir, no tener sangre mora, judía ni gitana; hoy en día a nadie se le ocurre que la sangre católica esté mas “limpia” que las otras pero en aquellas épocas eran un asunto fundamental y de la máxima importancia. La religión abarcaba todas las facetas de la vida de una persona y ser “cristiano viejo” gozaba de gran consideración social.

Francisco de Goya. La_boda, Cartón para tapiz. 1792. Museo del Prado. Madrid.
Francisco de Goya. La boda. Cartón para tapiz. 1792. Museo del Prado. Madrid.

          Las ciudades con amplia presencia de aristocracia terrateniente, sobre todo Madrid, exigían legión de trabajadores y artesanos para atender sus necesidades ya que consumían muchos bienes especializados tales como orfebrería, mobiliario y vestimenta lujosa  y necesitaba un fuerte sector gremial que los proporcionase. Esta demanda tiraba de la economía y daba prosperidad. La alta aristocracia residía en la corte ejerciendo muchos de ellos señorío en extensos territorios. La Corona no tenía medios suficientes  para ejercer todas sus prerrogativas  como la administración de justicia y el cobro de impuestos por lo que la nobleza ejercía un papel fundamental.

Vista Alcazar de Madrid. Siglo XVIII.
Vista Alcazar de Madrid. Siglo XVIII.

          El Señor era un rey en pequeño, nombraba a jueces y a cargos municipales como alcaldes y tenientes de alcalde. En la alta aristocracia la endogamia estaba a la orden del día, por medio del matrimonio con sus iguales se condensaban y aglutinaban gran cantidad de tierras y patrimonios. Muchos se casaban entre primos tras solicitar la consiguiente dispensa papal, el matrimonio entre los poderosos era un negocio al igual que ocurría entre las casas reinantes. El conde-duque de Olivares casó con su prima doña Inés de Zúñiga y la famosa duquesa de Alba pintada por Goya doña María Teresa de Silva fue casada a los doce años con su primo José Álvarez de Toledo. Pero no solo reyes y nobles se casaban entre ellos, por lo general los burgueses lo hacían entre ellos al igual que los artesanos. En los documentos de la época he podido comprobar como la sociedad estaba fuertemente jerarquizada y compartimentada, las personas contraían matrimonio dentro de su misma clase, cada uno con su igual; un panadero se casaba con la hija de otro panadero, un albañil con la hija de un maestro albañil o un funcionario con la hija de otro funcionario. Cada clase tenía sus códigos pero todas participaban de un principio común en cuanto a las uniones matrimoniales. Tal vez casarse con un igual sea un decisión sabia que mucha gente sigue practicando aunque la sociedad ha cambiado completamente y en principio ya no hay barreras que impidan las bodas entre personas de distinto origen y condición tal y como es palpable entre las casas reinantes europeas del siglo XXI.

Principe Guillermo de Holanda con su mujer, Máxima Zorreguieta y sus hijas.
Principe Guillermo de Holanda con su mujer, Máxima Zorreguieta y sus hijas. Un claro ejemplo de boda de personas de origen distinto.

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Cristóbal Castillo dice:

    La inyección de “sangre nueva” en las monarquías actuales puede verse como un avance pero tengo mis serias dudas. La Monarquía es el crisol de tradiciones que consideran que un hombre es el “jefe de una nación” solo por su condición de nacimiento, y si desaparece el único deber de un monarca, que es sacrificarse por su patria al casarse con quien creen que es su mejor compañera, pues será el acabose. También hay que tener en cuenta que el pueblo debe de ver a sus reyes como seres superiores a ellos y da la impresión que cada vez quieren ser más “normales”. En fin es su futuro el que está en juego porque nosotros seguiremos igual….

    Bárbara, gran artículo. Sigue ayudando a culturizarnos!!!!!

    Abrazos,

    1. Bárbara dice:

      Muchas gracias por tus palabras. Verdaderamente las monarquías han dado un vuelco en cuanto a sus principios de siglos…el tiempo nos dirá si con estos nuevos “parámetros” pueden continuar.

  2. cari dice:

    MI opinion es que antiguamente los reyes tenian acceso a una mejor “preparacion” y por eso se consideraban “superiores”, en cuanto a preparacion meto dentro todo, vision politica, tambien preparacion en la equitacion, en las artes de las armas y en un sinfin de cosas que el campesino o el comerciante no tenia, tambien ellos tenian medicos a su disposicion, consejeros, criados, mejores vestidos, mejores casas, en fin eran superiores, hoy en dia cualquier chico joven puede tener una carrera o mas, idiomas, master (quien se lo pueda permitir), todos viajan, hacen deporte, tiene acceso al arte (museos, cines…) y pueden estar igual de preparado que el mismisimo Principe de Asturias, por que no? entonces ya no consideramos a nadie superior y menos por el hecho de un apellido.
    Barbara eres la mejor blogguera de todos los tiempos con perdon de las bloggueras!!!!!!
    Un beso enorme

    1. Bárbara dice:

      Tu reflexión me parece muy acertada. Verdaderamente la sociedad ha cambiado por completo y sobre este punto quiero seguir escribiendo cosas. Tu piropo me hace mucha ilusión y me llena de ánimos.
      Mil besos de tu amiga la blogera!!

  3. carmen garcia de parada dice:

    Gracias Bárbara, me gustó!!

    1. Bárbara dice:

      ¡Me alegra mucho!
      Un saludo.

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