Vestidos regios


Para conocer la historia de la indumentaria regia y cortesana en España nada mejor que acercarse al museo del Prado. Nuestra pinacoteca, una de las mejores del mundo,  se abrió al público  en 1819 bajo el nombre de Museo Real de Pinturas. Fernando VII y su segunda esposa María Isabel de Braganza, fueron los artífices de la creación del museo, dotado en un principio con unos trescientos cuadros provenientes de la Colección Real. Este número se vio aumentando significativamente con el paso de los años. La manera de vestir de las élites a lo largo de los siglos es una cuestión sumamente interesante que pone de relieve la enorme importancia que se daba al traje como vehículo para demostrar el poder, la riqueza, la sofisticación o la elegancia.

Sofonisba Anguissola (Atribuido a). Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II. Hacia 1561-1565. Museo del Prado. La reina aparece apoyada en una columna, uno de los elementos típicos del retrato cortesano.
Sofonisba Anguissola (Atribuido a). Isabel de Valois sosteniendo un retrato de Felipe II. Hacia 1561-1565. Museo del Prado. La reina aparece apoyada en una columna, uno de los elementos típicos del retrato cortesano.

          En pasados artículos he venido hablando del retrato cortesano en la época de Felipe II. El todopoderoso rey dejó bien claras las consignas en cuanto a la representación de su persona. Por contraposición a la sencillez de su atavío nos encontramos con unos retratos femeninos que nos presentan a reinas e infantas vestidas con un lujo extraordinario. La moda de las damas españolas fue bastante inmovilista durante los reinados de Felipe II y Felipe III, es decir, que durante unos setenta y cinco años hubo pocas variaciones. Lo primero que nos llama la atención es que la silueta femenina aparece completamente enmascarada por el traje. El llamado sayo alto, que era completamente cerrado, se empezó a usar hacia 1530.

Alonso Sánchez Coello. La infanta Catalina Micaela, duquesa de Saboya. Hacia 1584-1585. Museo del Prado. La bella hija de Felipe II luce sayo alto con mangas redondas adornadas con “puntas” (cintas rematadas por cabos de metal).
Alonso Sánchez Coello. La infanta Catalina Micaela, duquesa de Saboya. Hacia 1584-1585. Museo del Prado. La bella hija de Felipe II luce sayo alto con mangas redondas adornadas con “puntas” (cintas rematadas por cabos de metal).

          Tal y como hacen las mujeres del siglo XXI, las del XVI podían usar traje entero (saya entera) o dos piezas (jubón y vasquiña). En el caso del traje de aparato, tanto uno como otros, iban acompañados de varios artefactos indispensables: el cartón de pecho, el verdugado y el cuello de lechuguilla, es decir, una serie de tormentos que convertirían el movimiento en algo bastante complicado. El cartón de pecho se podía confeccionar de distintas maneras, por ejemplo a base de una serie de tablillas forradas con cuero que se colocaban delante del pecho para aplastarlo. El verdugado era una estructura de forma acampanada compuesta por aros de mimbre, metal o madera forrados de tela que se colocaba encima de la falda interior. Para la historiadora Carmen Bernis, el verdugado es la gran aportación española a la indumentaria europea. Surgió hacia 1560 y lógicamente estaba al alcance de unas pocas, se trataba de una pieza costosa e incómoda que hacía lucir las ricas telas de la falda en todo su esplendor ya que quedaban muy estiradas.

Alonso Sánchez Coello. La infanta Isabel Clara Eugenia. 1579. Museo del Prado. La infanta, de trece años de edad, lleva saya entera y mangas en punta.
Alonso Sánchez Coello. La infanta Isabel Clara Eugenia. 1579. Museo del Prado. La infanta, de trece años de edad, lleva saya entera y mangas en punta.

          En cuanto a las mangas, son ricas y complejas. Muchas de ellas dobles, la interior estrecha por la que asoman los puños de encaje y la exterior abierta y rematando en punta. Otra posibilidad son las mangas redondas, que cubren el brazo hasta el codo y luego quedan abiertas. Sobre el vestido cortesano se desplegaban un sinfín de abalorios, las llamadas “puntas” eran unas cintas rematadas por cabos de metal. El talle se situaba en la cintura que se adornaba con cinturón de piedras preciosas al igual que el cuello, con collar e inmensa gorguera que podía estar dispuesta sobre una arandela. El peinado debía ser vertical debido al gran cuello siempre adornado con joyas y a veces con un gracioso sombrerito. La lechuguilla impedía que los pendientes cayeran de manera natural.

Alonso Sánchez Coello. La Isabel Clara Eugenia y Magdalena Ruiz. Hacia 1585-1588. Museo del Prado. La infanta lleva una riquísima saya entera con cuerpo cuajado de joyas y mangas en punta. Porta en su mano derecha un camafeo con la efigie de su padre, Felipe II.
Alonso Sánchez Coello. La Isabel Clara Eugenia y Magdalena Ruiz. Hacia 1585-1588. Museo del Prado. La infanta lleva una riquísima saya entera con cuerpo cuajado de joyas y mangas en punta. Porta en su mano derecha un camafeo con la efigie de su padre, Felipe II.

          Es preciso tener en cuenta que estos elementos solo se usaban en ocasiones señaladas, para la vida cotidiana las señoras llevaban un cuerpo escotado sin mangas por el que asomaba la camisa. Los brazos femeninos no se muestran hasta el siglo XVIII y solo una parte, en cambio fuera de la corte sí se usaba escote. La pintura española por desgracia nos muestra pocos ejemplos de la indumentaria femenina de las clases populares. Las mujeres sencillas vestían dos piezas, cuerpo sin mangas y falda, esta última solía ser doble formada por saya (exterior) y faldellín (interior); las criadas se levantaban la saya para poder trabajar por lo que el faldellín quedaba a la vista. En ausencia de testimonios gráficos, para poder rastrear la vestimenta de épocas tan lejanas, los investigadores deben recurrir, no solamente a los documentos notariales, sino también a la literatura. Las novelas y obras de teatro son una magnífica fuente para conocer los usos y costumbres de cada momento histórico lo cual es de gran ayuda para el historiador. Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Calderón o Tirso de Molina entre otros, nos muestran  a través de sus personajes nobles y plebeyos, la sociedad del momento con sus hábitos, tradiciones y rutinas. Una guía para ayudarnos a comprender como era la vida por esos tiempos.

Juan Pantoja de la Cruz. El Nacimiento de la Virgen.  1603. Museo del Prado. La Virgen María bajo un precioso paño guarnecido de encaje va a ser lavada. La sirvienta (a la derecha) lleva cuerpo muy escotado sobre la camisa. Las tres damas que miran al espectador  van vestidas al modo cortesano.
Juan Pantoja de la Cruz. El Nacimiento de la Virgen. 1603. Museo del Prado. La Virgen María bajo un precioso paño guarnecido de encaje va a ser lavada. La sirvienta (a la derecha) lleva cuerpo muy escotado sobre la camisa. Las tres damas que miran al espectador van vestidas al modo cortesano.
Pedro Machuca. Descendimiento de la Cruz. 1547. Museo del Prado. María Magdalena, que eleva sus brazos hacia el cuerpo de Cristo, lleva jubón escotado.
Pedro Machuca. Descendimiento de la Cruz. 1547. Museo del Prado. María Magdalena, que eleva sus brazos hacia el cuerpo de Cristo, lleva jubón escotado.
Detalle.
Detalle.

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. El Museo del Prado, se edificó gracias a la reina Isabel de Braganza, esposa de Fernando VII.
    La pintura nos ayuda a conocer la historia.
    Yo siempre me he dicho, que más feos serían al natural.
    Ya que como es lco el artista les sacaba favorecidos.
    Vamos que los retoques de la fotografia actual, lo hacían ellos con el pincel.
    Me gusta la explicación de la indumentaria.
    Una auténtica tortura para las damas.

    1. Verdaderamente la iniciativa de María Isabel de Braganza y Fernando VII con el Museo Real de Pinturas fue algo extraordinario. Hay un retrato de ella donde señala al Palacio de Buenavista, que en un principio se pensó como sede del Museo; aunque después se destinó a tal fin el edificio de Villanueva.
      Muchas gracias Concha.

  2. Manuel S. dice:

    Fantástico, Barbara, como siempre, curioso que en las tres primeras ilustraciones, la madre y las dos hijas llevan prendidas del traje las mismas joyas.

    1. Como siempre eres muy observador Manolo. Las infantas lucen las joyas de su madre, que también lleva en algunos retratos la última mujer de Felipe II, Ana de Austria.
      Muchas gracias.

  3. Mercedes Valenzuela dice:

    Fantástico Bárbara como siempre y además divertido!!!! Cómo aprendemos contigo !!!

    1. Muchas gracias Mercedes. En breve defiendo mi tesis doctoral, tal vez te apetezca venir. Mañana me confirman fecha. Un abrazo y siempre gracias por compartir y comentar. Lo agradezco.

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