El galán


De toda la vida de Dios ha habido modas absurdas, incómodas y caras. En aras de alcanzar la ansiada belleza, mujeres y hombres se han sometido al dictado de gustos caprichosos y extravagantes, el presente tampoco se encuentra exento de algunos disparates aunque se ha mejorado notablemente en aras de la comodidad. Hoy voy a hablar de la ausencia de esto último, es decir, de las apreturas y molestias que sufrían los devotos de las últimas tendencias en España allá por el siglo XVII.

          El escritor y dramaturgo Juan de Zabaleta publicó en 1654 Día de fiesta por la mañana, un relato costumbrista donde nos muestra su particular visión de los tipos que poblaban la sociedad madrileña de pleno siglo XVII. El autor va narrando la manera de solazarse de distintos arquetipos, quedando muchos de ellos bastante mal parados. Los capítulos dedicados al galán y a la dama nos son de gran ayuda para conocer la indumentaria española del Barroco, ya que se habla del tipo de prendas que usa la clase alta mientras se hace una enconada crítica contra las personas preocupadas en exceso por su aspecto físico, y por lo tanto demasiado presumidas y esclavizadas por la moda.

Fray Juan Ricci. Don Tiburcio de Redín y Cruzat. 1635. Museo del Prado. Madrid.
Fray Juan Ricci. Don Tiburcio de Redín y Cruzat. 1635. Museo del Prado. Madrid.

          El galán era un individuo vanidoso cuyo traje debía estar a la última. El estoico joven debía sufrir todo tipo de apreturas para presentarse en sociedad absolutamente arrebatador. El traje de caballero español era excesivamente ceñido y por lo tanto muy incómodo. El relato comienza en casa del joven la mañana del día festivo, una vez se ha levantado de la cama procede a arreglarse con esmero para salir a la calle a dejarse ver. Para tan complicado procedimiento es asistido por varias personas a su servicio. Una tras otra se va embutiendo en todas las prendas hasta quedar hecho un auténtico primor, entre ellas el autor destaca el precioso jubón (prenda de manga larga que se ponía sobre la camisa) confeccionado con una tela riquísima  Sobre el uso de telas recamadas de oro o plata es importante resaltar que su uso estaba vetado aunque no se respetaba. Felipe IV promulgó una serie de disposiciones sobre el uso de determinados tejidos y la prohibición de otros tantos.

Antonio de Pereda. El sueño del caballero. Hacia 1650. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid.
Antonio de Pereda. El sueño del caballero. Hacia 1650. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid.

          El traje de los españoles era muy ceñido lo cual provocaba una postura tan envarada que sorprendía mucho a los extranjeros. El tormento también llegaba a los pies ya que los  zapatos debían quedar muy apretados. El caballero francés Antonio de Brunel que visitó España en 1654 quedó impresionado del martirio que debían sufrir los hombres sobre todo en lo que respecta a los zapatos estrechos. Zabaleta se mofa de esta absurda práctica y explica el tremendo esfuerzo que debe hacer el oficial de zapatero para calzar al presumido galán, cuando lo mas fácil y lógico sería usar un zapato cuya medida fuera acorde con la del pie y dejarse de extravagancias.

Bacía de barbero. Porcelana vidriada de pasta dura, esmaltada con decoracion de la familia azul con escudo de armas de familia Holandesa. China. Hacia 1700. Honolulu Academy of Arts.
Bacía de barbero. Porcelana vidriada de pasta dura, esmaltada con decoracion de la familia azul con escudo de armas de familia Holandesa. China. Hacia 1700. Honolulu Academy of Arts.

          Acto seguido entra el barbero. El joven toma asiento para que se proceda al afeitado de su bello rostro. Sobre sus hombros se despliega un peinador y se le coloca la cabeza en la bacía, para pasarle el jabón y la cuchilla (por esas fechas estaba de moda el bigote con las puntas hacia arriba para lo cual se usaban hierros calientes). El galán ya está vestido, calzado y afeitado por lo que se procede a la colocación de la golilla, un tipo de valona  que comenzó a usarse en España hacia 1623. Zabaleta la aborrece por su incomodidad y afirma:”… es como meter la cabeza en un cepo, tormento inexcusable en España. Ésta es la nación de cuantas la razón cultiva, que menos cuida de sus comodidades. Está la golilla aforrada en blanco por dejar de la valona no mas que algunos visos”. Después se coloca la ropilla (prenda exterior con mangas), tan ajustada que le cuesta un rato atarse el cinturón.

Diego Velázquez. Felipe IV. 1656. National Gallery. Londres.  El rey lleva golilla y bigote con puntas para arriba.
Diego Velázquez. Felipe IV. 1656. National Gallery. Londres. El rey lleva golilla y bigote con puntas para arriba.

          Para poder vestirse y ser afeitado cómodamente el galán lleva el pelo recogido con una cinta, un vez terminado todo el proceso se la retira cayendo la melena en guedejas. Este tipo de peinado fue muy criticado, incluso el mismo rey lo prohibió en 1639, el veto rezaba así: “prohibición de guedejas y copetes en los hombres sin excepción de privilegio o fuero”, Zabaleta pone de manifiesto una vez mas que las leyes en materia de indumentaria no se acataban. Ya con la melena al viento el caballero solo precisa espada, capa y sombrero. El mismo se pone el acero al cinto y un criado le coloca la capa de bayeta (paño) labrada con puntas (encajes). Por último se acomoda un sombrero de castor negro, nada mas y nada menos que confeccionado en París; el autor echa pestes de su alto precio, afirmando que con un solo sombrero se podrían comprar mantos para seis viudas pobres.

Juan Carreño de Miranda. El duque de Pastrana. Hacia 1679. Museo del Prado. Madrid.
Juan Carreño de Miranda. El duque de Pastrana. Hacia 1679. Museo del Prado. Madrid.

          El caballero luce espléndido y pide un espejo para admirar su bella estampa: “Pónese el sombrero en la cabeza y danle el espejo. En él se hace el galán una visita de cumplimiento  a sí mismo, porque parece que era dejar una obligación vacía  salir de casa sin haberse mirado. Agradáse de verse tan compuesto y dase la norabuena de lindo”. Nuestro protagonista ya está listo para salir a la calle a pasar un buen día de fiesta en el que espera que alguna dama caiga rendida a sus encantos. Esperemos que así sea.

9 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pplu dice:

    Fantástica exposición

    1. Muchísimas gracias.

  2. Manuel S. dice:

    Fantástico!!!!, como siempre, Barbara. Sorprende que con la cantidad de problemas que había en la época, legislasen la manera de vestir. En fin, “cosas veredes”

    1. Tienes razón Manolo. Es algo que nos parece sorprendente pero que tenía su motivación. Primero proteger la industria nacional y luego intentar que la gente no se gastara verdaderas fortunas en vestir.
      Un abrazo.

  3. Xisco dice:

    Muy bueno Bárbara!!!!!!!!!!

    1. Muchas gracias. Espero que te vayas aficionando a “mis historias” y verte mas por aquí.

  4. Ludovica Maglione dice:

    Pero que interesante! No creia que los hombres sufriban al Ponerse este tipo de indumentos, aunque si me estaba clarisimo cuanto elaborados eran los layers, ricos sus tejidos y cambiando de año en año…

  5. Muchas gracias. El traje del caballero español del siglo XVII parece que se caracteriza por su ausencia de comodidad. El ser “fashion victim” no es algo del presente.
    Un abrazo.

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