La dama


Dedicado a mi queridísima amiga Mari Carmen

En mi último post hablé del galán que nos presentaba Juan de Zabaleta en su Día de fiesta por la mañana, ahora le toca el turno al arquetipo de la dama que tampoco sale muy bien parada. La acción se sitúa en casa de una mujer casadera la mañana de día festivo. Ésta nada mas levantarse de la cama se pone el peinador sobre los hombros y comienza su toilette maquillando su rostro. El autor, bastante misógino por cierto, crítica el abuso que hacían las mujeres de los cosméticos considerándolos un auténtico fraude. El texto reza así: “…pónese a su lado derecho la arquilla de los medicamentos de la hermosura y empieza a mejorarse el rostro con ellos. Esta mujer no considera que, si Dios gustara que fuera como ella se pinta, Él la hubiera pintado primero. Dióle Dios la cara que no le convenía y ella se toma la cara que lo le conviene. Para lo que quiere la cara que se pone es para agradar a las gentes”.

Juan Carreño de Miranda. Doña María de Vera y Gasca. Hacia 1670. Colección BBVA..
Juan Carreño de Miranda. Doña María de Vera y Gasca. Hacia 1670. Colección BBVA..

          Los productos de maquillaje en el siglo XVII eran llamados afeites, Zabaleta  nos deja clara su opinión al respecto considerándolos una auténtica estafa ya que las mujeres engañan a los hombres pareciendo mas bellas de lo que son:“Ve un hombre a una mujer en la calle mas blanca que la nieve, las cejas como de ébano, las mejillas como de rosa, los labios como de coral y la garganta como de alabastro. Como no la ha visto su cara natural, piensa que es aquella su cara y enamórase della.” Pero por desgracia nada es lo que parece, ni alabastro, ni ébano ni coral, sino pellejo oscuro, falta de cejas y mejillas sin brillo. Si el hombre pudiera comprobar lo que se encuentra bajo los afeites quedaría espantado y apartaría “los ojos de aquellos horrores”. Zabaleta no fue el único que hizo una enconada crítica contra el abuso del maquillaje, también Quevedo y otros escribieron al respecto.

Juan Carreño de Miranda. Doña Inés de Zúñiga, Condesa de Monterrey. Hacia 1660-1670. Museo Lázaro Galdiano. Madrid.
Juan Carreño de Miranda. Doña Inés de Zúñiga, Condesa de Monterrey. Hacia 1660-1670. Museo Lázaro Galdiano. Madrid.

          Volviendo a la dama, ya nos la encontramos maquillada por lo que procede a arreglarse el cabello, adornándolo con tantos lazos que parece un florero. A mediados del siglo XVII las cabezas femeninas presentaban un pelo muy voluminoso que llegaba a la altura del cuello, con grandes rizos y acicalado con cintas, broches o plumas.

          Una vez peinada y maquillada empieza la colocación del guardainfante, sin duda la parte mas complicada del proceso. Zabaleta se desata hablando de este particular artilugio y afirma: “este es el desatino mas torpe que el ansia de parecer bien ha caído” y continúa: “con tanto ruedo que colgada podría servir de pabellón”. El guardainfante era una estructura fabricada con aros de mimbre o metal que se colocaba bajo la falda con el objeto de proporcionarle un considerable tamaño que a veces llegó a tal extremo que las damas parecían llevar una mesa bajo las faldas.

Juan Carreño de Miranda. Claudia Felicidad de Habsburgo.1673.
Juan Carreño de Miranda. Claudia Felicidad de Habsburgo.1673.

          A continuación se ponía el jubón: “Entra luego por detrás en un jubón emballenado, y queda como un peto fuerte”. Esta pieza era muy escotada por delante y por detrás tanto que los hombros asomaban: “traen los hombros fuera de los jubones”. El jubón tenía el talle en la cintura y amplios faldones. Sobre el pecho se disponía la valona cariñaña, un lujoso cuello normalmente blanco. Ya tenemos a la señora casi lista para salir, solo le faltan algunos accesorios indispensables como el manto, nuestra dama lleva un manto de humo llamado así por lo fino de su tejido. Ahora es el turno de los guantes y “la estufilla de martas”, es decir, unos manguitos de piel de marta. En verano nuestra protagonista lleva un carísimo abanico que costó seis escudos: “hasta que se usaron los abanicos costó el aire de balde”. La dama ya está lista para ir a misa, de obligado cumplimiento en festivo, a ser mirada y admirada. Todo esto le sirve al escritor para criticar a una sociedad excesivamente centrada en las formas y poco en el fondo.

Juan Carreño de Miranda. Doña Francisca de Velasco, Marquesa de Santa Cruz. Hacia 1665-1670. Colección particular. Madrid.
Juan Carreño de Miranda. Doña Francisca de Velasco, Marquesa de Santa Cruz. Hacia 1665-1670. Colección particular. Madrid.

          En los días festivos, uno de los entretenimientos mas frecuentes era asistir al teatro. Por lo visto los hombres iban después de almorzar pero las mujeres acudían antes. Justo después de la salida de misa, las señoras se dirigían al teatro para encontrar un buen asiento. El lugar asignado se llamaba la cazuela ya que hombres y mujeres se sentaban por separado al igual que en misa: “Entran y hállanla salpicada, como de viruelas locas, de otras mujeres tan locas como ellas”. Una vez sentadas entra el cobrador y se compran avellanas para pasar el rato. Los espacios de socialización eran bastante limitados en el siglo XVII, momento en que el teatro se convirtió en el espectáculo por antonomasia en España. Las comedias representadas en los corrales consituían una de las diversiones favoritas. Los corrales eran patios donde se disponía un escenario sin telón. La gente sencilla se ponía en el patio mientras que la distinguida se sentaba en los palcos llamados aposentos. La cazuela estaba situada al final del patio y justo delante del escenario había unos bancos para los plebeyos que podían pagarse una entrada mas cara. Los corrales de comedias eran lugares bulliciosos donde hombres y mujeres podían verse. Tanto unos como otros tenían que aguzar el ingenio para poder encontrarse, pero yo creo que eso en nuestra querida España no ha sido nunca un gran problema.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Manuel S. dice:

    Barbara, me ha sabido a poco. La condesa de Monterrey debe ser antepasada de la duquesa de Alba, aparece pintada con el “mismo” perro que la duquesa de Alba de Goya. Un fuerte abrazo y enhorabuena!!!!!!!!!!.

  2. ¡Como eres de observador!
    Tienes toda la razón.Supongo que sería el tipo de perrito faldero de las aristócratas, aunque este cuadro está pintado un siglo antes que el famoso retrato de Goya.
    El vestido de la condesa es espectacular, es muy curioso que de su cintura cuelgue una pistola.
    Muchas gracias Manolo.

  3. José Luis cuerpo dice:

    La pistola es unrecipiente para perfume, hay alguno en el Museo cognac Jaime de paris

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