La servidumbre


En anteriores ocasiones os he hablado de madame de Alnoy, dama francesa que visitó España a finales del siglo XVII. Este viaje dio como fruto su Relación del viaje a España, interesantísimo libro donde nos habla de las costumbres y usos sociales que se prodigaban en nuestro país. Hoy me voy a referir al asunto del servicio doméstico. Es bien sabido que las casas principales empleaban a numerosísima servidumbre lo cual conllevaba unos gastos astronómicos. La francesa se asombra de la gran cantidad de criados, de su visita al palacio de la duquesa de Osuna cuenta: “En mi reciente visita a la duquesa de Osuna me llamó la atención el gran número de doncellas y dueñas que vi en los salones al pasar. Le pregunté por curiosidad cuantas criadas tenía y me contestó que solamente trescientas, por haberse reducido a ese número el poco anterior de quinientas. El rey observa con mas estricta puntualidad esa tradicional costumbre y carga con fabulosa cáfila de servidores que no le sirven para nada. Me han asegurado que solo en Madrid distribuye a diario, en dinero o en especie, diez mil raciones, consistentes, según la categoría de la persona, en cantidades mayores o menores de estos artículos: carnes, aves, caza, pescado, chocolate, frutas, hielo, carbón, velas, aceite, pan y, en una palabra, todo lo necesario para la vida”.

Ramón Bayeu. La cocina. 1793 .Propiedad de Juan Antonio Pérez Simón. En depósito en el Museo de Bellas Artes de Oviedo.
Ramón Bayeu. La cocina. 1793 .Propiedad de Juan Antonio Pérez Simón. En depósito en el Museo de Bellas Artes de Oviedo.

          Tal vez las afirmaciones de la dama sean exageradas pero es del todo cierto que no solamente la casa Casa Real, sino también los grandes de España debían mantener por su status un excesivo número de personas a su servicio. La fortuna no había solo que poseerla, se debía ostentar. Al fallecer un noble sus criados no podían quedar desatendidos, por consiguiente sus herederos debían hacerse cargo de ellos. Este es uno de los motivos por los que en las casas se juntaban decenas de personas. No sólo había que proporcionales techo y alimento, sino también vestido. A este respecto madame de Alnoy dice: “La segunda causa del exceso de servidumbre consiste en heredar el hijo los criados del padre, aunque pasen de ciento y tenga él otros tantos. Si la fallecida es la madre, entran las criadas al servicio de la hija o de la nuera, y esta norma se aplica de generación en generación porque a los nacidos en la casa no se los despide nunca”. Fernando Díaz-Plaja afirma en uno de sus ensayos: “El capítulo del servicio es importante en el presupuesto del anfitrión, porque la vanidad española le obliga a mantener unos criados que, en realidad, no le hacen falta.”

Francisco de Goya. El quitasol. 1777. Museo del Prado. Madrid.
Francisco de Goya. El quitasol. 1777. Museo del Prado. Madrid.

          La esclavitud también existía en aquella sociedad, muchos habían sido presos en las campañas militares del siglo XVI, siendo la mayoría moros y negros. En teoría, si abrazaban el cristianismo debían ser liberados, pero por lo visto esta condición no siempre se cumplía. Su precio podía alcanzar quinientos escudos, la misma madame de Alnoy compró una esclava negra de nueve años que le costó ochenta. Estas prácticas, que hoy consideramos aberrantes, eran cosa cotidiana y estaban completamente aceptadas por la sociedad, incluso los eclesiásticos tenían esclavos a su servicio. Algunas damas se hacían servir por sus criadas de rodillas, algo que escandalizó a nuestra viajera ya que en Francia esos comportamientos no se estilaban: “Esta es una costumbre a la cual no me puedo acostumbrar porque me parece que tanto respeto sólo debe exigirse para servir a Dios”.

Contrato esclavista de un hombre de 18 años. 1794. Lima. Perú.
Contrato esclavista de un hombre de 18 años. 1794. Lima. Perú.

          El estudio de las dotes ofrecidas por gentes principales a su personal de servicio indica la buena disposición de los amos. Os pongo dos ejemplo concretos, en 1740 don José Bucarelli, conde de Gerena, entregó una sustanciosa dote a su criado Domingo de Cuesta para que pudiera casarse con su también sirvienta María Manuela Vicenta: “…porque el dicho casamiento se hace con mi gusto y beneplácito para que el susodicho pueda mas bien sustentar las cargas del matrimonio le prometo y mando y luego de presente entrego por bienes y dote y caudal conocido de la dicha doña María Manuela Vicenta que a de ser su mujer cinco mil setecientos ochenta y nueve y medio de vellón”. Esta nada despreciable cifra iba destinada a la compra de mobiliario, ajuar doméstico y ropa para la futura esposa, además de una pequeña cantidad en metálico. La dote era un uso social inexcusable y como tal debía ser cumplido. El segundo ejemplo corresponde al año 1730, se trata de una carta de dote otorgada por don Alonso de Soto, presbítero y cura de la parroquia de San Gil, para facilitar el casamiento de su criada Isabel María con un tal Pedro Guerrero de profesión “trabajador del campo”. Don Alonso otorgó seis mil reales para tal fin.

Diego Velázquez. La mulata. 1618. Art Institute. Chicago.
Diego Velázquez. La mulata. 1618. Art Institute. Chicago.

          A finales del siglo XVIII el Estado se decidió a intervenir tratando de atajar el excesivo número de criados por medio de impuestos. Cuantos mas sirvientes, mas carga impositiva, siendo mas costosos los hombres que las mujeres. Por un criado se debía pagar cuarenta reales al año, por dos sesenta, y así sucesivamente. El servicio femenino era mas económico, por una criada se pagaban veinte reales, por dos treinta etc…En esta época el número de esclavos había descendido considerablemente. En Sevilla, he encontrado varios documentos donde se mencionan esclavas turcas trabajando en el servicio doméstico; al no ser consideradas personas aparecen “inventariadas” junto con los muebles, vestimenta y demás ajuar doméstico. Como no eran considerados personas, sus dueños los podían vender o regalar. Han pasado poco mas de doscientos años y aunque las sociedades son imperfectas y queda mucho por hacer, se ha avanzado enormemente en lo relativo a los derechos y dignidad del ser humano.

Ramón Bayeu. El muchacho de la esportilla. 1786. Museo del Prado. Madrid.
Ramón Bayeu. El muchacho de la esportilla. 1786. Museo del Prado. Madrid.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Manuel S. dice:

    ¡Muy interesante! Barbara

    1. Muchas gracias Manolo. Un fuerte abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s