El ajuar de doña Ana de Austria


Para mi queridísima amiga María del Carmen Caballero.

          El diccionario de la Real Academia define ajuar como: “Conjunto de muebles, alhajas y ropas que aporta la mujer al matrimonio”. En efecto, hasta hace no tanto tiempo la mujer debía entregar una dote para poder acceder al estado matrimonial. Desde la mas humilde criada a la hija de un rey, todas las novias precisaban de una serie de bienes para comenzar su vida de casadas. El ajuar estaba formado por una serie de elementos que fundamentalmente consistían en ropa de casa, vestuario y joyas. Todo dependía de la capacidad económica y social de la familia de la futura contrayente. Hoy me voy a parar en el ajuar de la infanta Ana de Austria que contrajo matrimonio con Luis XIII de Francia en 1615. El ajuar de una princesa alcanzaba cifras muy elevadas ya que aparte de los vestidos y la lencería constaba de importantes joyas y piezas de orfebrería.

Juan Pantoja de la Cruz. Ana de Austria 1604 Kunsthistorisches Museum. Viena.
Juan Pantoja de la Cruz. Ana de Austria 1604 Kunsthistorisches Museum. Viena.

          Ana María Mauricia nació en Valladolid 1601, siendo la primogénita del matrimonio formado por Felipe III y Margarita de Austria-Estiria. Su futuro marido, que vino al mundo en el mismo año y mes que ella, era hijo primogénito de Enrique IV de Francia (primer rey de la dinastía borbónica en nuestro país vecino) y de la italiana María de Medicis. Enrique IV falleció en 1610 a causa de un brutal atentado, sufrió una emboscada cuando iba en su coche de caballos recibiendo dos puñaladas mortales de necesidad. Su viuda asumió la regencia concertando la boda de sus hijos Luis e Isabel de Borbón con Ana y Felipe de Habsburgo, respectivamente. Una doble alianza que trataría de frenar sin éxito las sempiternas disputas entre las dos naciones. Enrique IV era muy hostil a España. Para su hijo contraer matrimonio con una española era como casarse con el enemigo. Tal era su rechazo que durante varios años no consintió en consumar su unión con la infanta. La relación entre Luis y Ana estuvo presidida por un cordial odio, incluso se apunta que Ana formó parte en un complot para asesinarle.

Frans Pourbus el Joven. Luis XIII. 1611. Galería Palatina. Palacio Pitti. Florencia.
Frans Pourbus el Joven. Luis XIII. 1611. Galería Palatina. Palacio Pitti. Florencia.

          Volviendo al tema que nos ocupa, nos encontramos en 1615. Ana y Luis de tan solo catorce años se casan en Burdeos, la infanta sale de España por Irún en una litera bordada de oro y acompañada por el duque de Uceda en representación de su padre el rey. La joven novia va espléndidamente ataviada el día de su boda, como corresponde a su alto rango. Según una misiva escrita por don Carlos de Arellano al duque de Lerma: “El vestido era de terciopelo morado, bordado con flor de lises, y un manto real de lo mismo forrado de armiños con mas de cinco a seis varas de falda.” Y añade: “Llevaba la reina una corona muy pesada, y tanto, que se le caía y le deshacía el tocado”. Por tanto, nuestra infanta se casó vestida de terciopelo morado algo que en el siglo XXI sería considerado una total extravagancia. Como señalé en mi artículo sobre los trajes de novia, la moda del blanco es algo relativamente reciente ya que no llega a los doscientos años de historia. Esto no implica que reinas, princesas y mujeres en general no se casaran de blanco en anteriores fechas, pero no era un fenómeno extendido. Por poner un ejemplo, la infanta Catalina Micaela, hija de Felipe II, se casó en Zaragoza con el duque de Saboya en 1585 vestida de blanco.

Peter Paul Rubens. Ana de Austria con el traje de su coronación. Hacia 1622-1625. Museo Norton Simon. Los Ángeles. Estados Unidos.
Peter Paul Rubens. Ana de Austria con el traje de su coronación. Hacia 1622-1625. Museo Norton Simon. Los Ángeles. Estados Unidos.

          La flor de lis era el símbolo de la familia real francesa desde la Edad Media, por tanto aparece en numerosas representaciones. El manto de la coronación era del color azul de la Orden del Espíritu Santo, creada por Enrique III en 1578, y aparecía bordado con la citada flor. La moda española y la francesa eran distintas a principios del siglo XVII, cada país tenía sus usos. Por ejemplo, en Francia se usaba escote cosa que no estaba bien vista en la pudibunda corte española. Felipe III le pide a su hija un retrato en 1617 pero aclara: “Esto querría que fuese sin descubrir los pechos, y assi creo lo areis, que creo no puede ser bueno para nada, aunque allá se use…” La reina Ana tuvo que vestir la moda de su nueva patria. El ajuar que llevó a Francia estaba formado básicamente por las siguientes partidas: Joyas, orfebrería, lencería y vestidos. El valor de joyas ascendía a 71.221 ducados y estaba formado a su vez por ocho partidas con distintas piezas siendo los diamantes las piedras preciosas mas numerosas. La infanta llevaba piedras sueltas, sortijas, un fabuloso aderezo, pulseras y otros adornos. Fueron tasadas por Hernando de Espejo, Guardajoyas del rey y entregadas en San Sebastián al duque de Monteleón el 7 de noviembre de 1615.

Philippe de Champaigne. Luis XIII, rey de Francia. Hacia 1635. Colección Real Británica.
Philippe de Champaigne. Luis XIII, rey de Francia. Hacia 1635. Colección Real Británica.

          Doña Ana portaba además una serie de piezas de plata de todo tipo: bacías, campanilla, atril, palmatoria, tarros, salvillas, azafates, espumadera, cucharón, bandejas, braseros, fuentes, platos, candeleros, muchos de ellos con “el escudo de dichas armas reales”, hasta un perol para hacer conservas y una cantimplora grande. La partida de lencería está compuesta por cincuenta sábanas, cien toallas, cincuenta almohadas, seis docenas de paños de dientes, paños para sangrías, peinadores etc… como puede apreciarse casi todo en grandes cantidades y muchas de las piezas guarnecidas de encajes. Toda la lencería figura con sus medidas, algo del todo normal en las cartas de dote e inventarios. La unidad de medida era la vara castellana que equivalía a 0´83 cm, por ejemplo las sábanas medían cuatro varas de largo por tres de ancho (3´32 x 2,50 cm aproximadamente). Ni que decir tiene que la labor de encaje era muy apreciada y sumamente costosa. El encaje mas valorado era el flamenco. Doña Ana llevaba nada menos que treinta y seis valonas (cuellos) y seis docenas de pares de puños guarnecidos de randas (encaje de bolillos) de Flandes. Cabe recordar que estamos en la época de los descomunales cuellos y puños de encaje, una moda que trató de ser atajada en España debido a sus costes astronómicos pero que en Francia estaba a la última.

Jarro de pico español. Finales del siglo XVI. Museo Matropolitano. Nueva York.
Atribuido a Hernando Solis. Jarro de pico español. Procedencia vallisoletana. Plata parcialmente sobredorada. Finales del siglo XVI. Museo Matropolitano. Nueva York.
Fuente española. Principios del siglo XVII. Museo Metropolitano. Nueva York
Fuente española. Principios del siglo XVII. Museo Metropolitano. Nueva York

Continuará…

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Manuel S. dice:

    Que interesante!!!! Esta infanta es la que luego devolvieron???

    1. No. Devolvieron a la hija de Felipe V. Muchas gracias Manolo.

      1. Manolo, parece que me has leído el pensamiento con el asunto de la infanta que nos devolvieron. Se llamaba María Ana Victoria y en el Museo del Prado hay un retrato precioso que le hicieron en Francia. Es una historia muy curiosa que contaré cuando tenga tiempo.
        Un fuerte abrazo.

  2. Detalles interesantísimos que yo ignoraba. Una prosa que da la sensación de fluir con suma facilidad y las ilustraciones…..tan bien elegidas…tan bonitas.Chica, qué bien lo haces.

    1. Muchas gracias. La cuestión de los ajuares y las dotes es sumamente interesante para acercarnos a cómo era la vida cotidiana de épocas pasadas pero no tan lejanas.
      Un fuerte abrazo.

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