El atuendo “a la francesa”.


          La llegada de los Borbones al trono español en la persona de Felipe V trajo consigo una serie de profundos cambios sociales de todo tipo. Uno de ellos fue la manera de vestir que se vio completamente modificada. El atuendo masculino que se denominó en España “a la francesa”, “a la moda” ó “a lo militar” constaba básicamente de tres piezas: casaca (justacorps), chupa (veste) y calzones (culotte). Su origen se remontaba al uniforme militar utilizado por las tropas de Luis XIV en el siglo XVII. El Rey Sol se sintió cómodo con el atuendo que usaban sus tropas y se decidió a trasladarlo a la vida civil. Anteriormente la corte francesa había usado un traje excesivamente recargado, repleto de lazos y encajes. Un “look” que desde nuestra perspectiva actual vemos excesivamente femenino y pomposo. El rhingrave era un atuendo masculino en blanco y negro (lino blanco y paño negro) cuyo origen estaba en los Países Bajos. De ahí pasó a Francia donde se llenó de colorido complicándose hasta extremos inverosímiles . La escena del encuentro de los séquitos español y francés en la isla de los Faisanes en 1659 es muy elocuente para comprender el grado de extravagancia al que se había llegado en Francia, con el rey y su familia a la cabeza de tan disparatada moda.

Gerard Terborch. Hombre de pie.1645
Gerard Terborch. Hombre de pie.1645
Figurín de rhingrave. 1665.
Figurín de rhingrave. 1665.
Laumosnier. Paz de los Pirineos. Museo de Tesse. Le Mans.
Laumosnier. Paz de los Pirineos. 1656. Museo de Tesse. Le Mans. Encuentro de los séquitos español y francés en la isla de los Faisanes.

          De dentro a fuera y de arriba abajo el europeo del siglo XVIII vestía las siguientes prendas: en primer lugar, camisa blanca de lienzo. Este material podía ser mas o menos fino según la capacidad adquisitiva de cada cual. En Francia y Holanda se fabricaban lienzos de magnífica calidad que eran muy apreciados en todo el continente, por ejemplo el cambrai (de hilo muy fino, tomó ese nombre de la ciudad francesa de Cambrai) y la holandilla u holanda (fina y blanqueada). Algunos tejidos se fabricaban mezclando hilo y algodón como la crea, un material muy común para la confección de camisas. Es preciso recalcar que el uso masivo del algodón no llega hasta finales del siglo XVIII. Las camisas mas elegantes llevaban cuellos y puños de encaje, estos últimos asomaban por la manga de la casaca.

Nicolas de Largilliere. Luis XIV y su familia. 1710. Wallace Collection. Londres.
Nicolas de Largilliere. Luis XIV y su familia. 1710. Wallace Collection. Londres.

          La chupa era una chaqueta normalmente sin mangas y cerrada con botones que llegaba a medio muslo. Encima se usaba la casaca, cuyos amplios faldones se prolongaban hasta debajo de las rodillas. La casaca se lucía desabrochada a pesar de ir cuajada de botones de arriba abajo, que ejercían una función puramente ornamental. Las mangas llegaban al codo y terminaban en amplias vueltas. En España, la casaca también se llamó chamberga debido al atuendo que lucía el Cuerpo Real de Madrid creado por la Reina Mariana de Austria. Este cuerpo pasó a llamarse el ejército de la chamberga o chambergos en clara alusión a su uniforme. Conforme su avanzando el siglo las mangas se fueron ajustando al brazo aunque se siguieron adornando con vueltas.

Anton Rafael Mengs. Gabriel de Borbón y Sajonia, infante de España. 1767. Museo del Prado. Madrid.
Anton Rafael Mengs. Gabriel de Borbón y Sajonia, infante de España. 1767. Museo del Prado. Madrid.

          Los calzones se ajustaban al talle sin precisar cinturón o tirantes y se cerraban encima de las rodillas por medio de botones, el resto de la pierna se cubría con medias de seda que se enrollaban sobre las rodillas pero a partir de 1735 las medias ya se llevaban por debajo del calzones que se cerraban en ocasiones por medio de una hebilla decorada. La corbata era el adorno del cuello, y al igual que la camisa también blanca, los ejemplos mas lujosos se confeccionaban con encaje. Esta pieza consistía en una especie de pañuelo anudado al cuello que caía por delante hasta la mitad del cuerpo. Su origen se remonta a un tipo de cuello usado por los soldados croatas que lucharon en las filas de Luis XIII. Hacia 1650 la moda estaba implantada en Francia.

Todas las mañanas del mundo. Alain Corneau. 1991. En este fotograma podemos apreciar como era la corbata en la segunda mitad del siglo XVII.
Todas las mañanas del mundo. Alain Corneau. Francia. 1991. En este fotograma podemos apreciar como era la corbata en la segunda mitad del siglo XVII.
Valmont. Milos forman. 1989. En este detalle se aprecia perfectamente como se llevaban las corbatas en el siglo xviii. un pañuelo blanco anudado al cuello y rematado de encajes que caía sobre el pecho.
Valmont. Milos Forman.  Francia. 1989. En este fotograma se aprecia perfectamente como se llevaban las corbatas en el siglo XVIII. Un pañuelo blanco anudado al cuello y rematado de encajes que caía sobre el pecho.

          En cuanto al calzado, los zapatos tenían tacón y grandes hebillas. Luis XIV puso de moda los zapatos de tacón rojo con hebillas fastuosas. Por si tanto acicalamiento fuera poco, es el momento de las grandes pelucas, las cabezas masculinas se asemejaban a melenas de leones. A mediados del siglo XVIII se abandonará su uso pero el cabello se empolvará resultando de un tono ceniciento. Para rematar tan flamante atuendo el caballero portaba espada o espadín, un elemento básico durante todo el siglo XVIII. En cuanto al colorido, el varón se equipara a la mujer en el uso de tonos alegres y vistosos. La nueva indumentaria masculina usa tejidos similares a la femenina con la misma sofisticación y riqueza lo que suponía un desembolso considerable con respecto a los usos antiguos, el caballero no escatima en sedas, damascos, bordados y encajes. Llegados al siglo XIX, el hombre necesitó un atuendo mas cómodo y funcional que se adecuara a las nuevas necesidades, por lo que se enfundó en un traje oscuro que con sus consiguientes variantes ha llegado al siglo XXI.

Francisco de Goya. José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca. 1783. Museo del Prado. Madrid
Francisco de Goya. José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca. 1783. Museo del Prado. Madrid
Francisco de Goya. Gaspar Melchor de Jovellanos. 1798. Museo del Prado. Madrid.
Francisco de Goya. Gaspar Melchor de Jovellanos. 1798. Museo del Prado. Madrid.

8 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Fernando dice:

    Muy bueno Bárbara. Menos mal que no tenemos que llevar esosazos en los pies. El pañuelo anudado cuello sí me gusta aunque no con los encajes.

    1. Muchas gracias Fernando. Yo pienso lo mismo que tu. El traje masculino a finales del siglo XVIII tenía las mismas prendas pero más ceñidas y funcionales. Un ejemplo es el magitral retrato de Jovellanos. El asturiano luce, a mi juicio, un atuendo elegantísimo en cuanto a colorido y formas. Un fuerte abrazo.

  2. Manolo Dominguez dice:

    Al nivel de todo lo q he leido hasta ahora . Muy alto y grande la dedicación . Enhorabuena

    1. ¡Qué ilusión me hacen tus palabras! Muchas gracias Manolo.

  3. rosario dice:

    Muy interesante y ameno. Gracias por cultivarnos Barbara

    1. Gracias a ti por leerme. Un fuerte abrazo Rosario.

  4. Mercedes dice:

    Me ha encantado como siempre !!!!!!!

    1. Muchas gracias Mercedes. Te voy a nombrar mi lectora más fiel. Un abrazo.

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