Sobre vestidos de novia y otras cosas


Vestidos franceses de algodón blanco. Hacia 1810. Metropolitan Museum of Art. Nueva York.
Vestidos franceses de algodón blanco. Hacia 1810. Metropolitan Museum of Art. Nueva York.

          El primer ejemplo documentado de una novia de la realeza vestida de blanco se remonta a 1406. En la citada fecha, Phillipa de Lancaster, hija de Enrique IV de Inglaterra, contrajo matrimonio con Eric de Pomerania, a la sazón rey de Dinamarca. La princesa llevó un atuendo formado por una túnica y un manto de seda bordado con piel de ardilla y armiño. Ana de Bretaña también se decantó por el mismo color en su boda con Luis XII de Francia en 1499, mientras que ya en siglo XVI tenemos algunos ejemplos mas. Se trata de las princesas Margarita de Valois (hija de Enrique II de Francia) en su boda con Enrique de Navarra y la reina María Estuardo en su boda con el Delfín Francisco en 1558. Debemos resaltar que en Francia por aquellos tiempos el luto era blanco por lo que la joven reina escocesa al quedar viuda fue íntegramente vestida de blanco. Desde la Edad Media era costumbre que las reinas llevaran luto blanco por la muerte del monarca. En nuestro país, se usaron blanco y negro como colores del luto hasta la Real Pragmática de 1502 por la cual el negro quedó instaurado como el color del duelo.

Françoise Clouet. María reina de Escocia. 1560-61. Colección de la reina de Inglaterra.
Françoise Clouet. María, reina de Escocia, en luto blanco.. 1560-61. Colección de la reina de Inglaterra.

          En España, la infanta Catalina Micaela se casó vestida de blanco con el duque de Saboya en 1585. Ya en el siglo XVII sabemos que la infanta Ana de Austria contrajo matrimonio con Luis XIII con un espléndido vestido morado. En 1660, María Teresa su sobrina carnal y futura nuera se presentó vestida de blanco en su ceremonia de entrega en la isla de los Faisanes. Un tapiz de la manufactura de los Gobelinos nos muestra el episodio. María Teresa portaba el suntuoso atuendo femenino en la corte española compuesto por sayo y basquiña de satín sobre guardainfante, engalanado con lazos de plata. Para sus nupcias con Luis XIV, la infanta fue ataviada a la francesa con un magnífico manto azul bordado con flores de lis, emblema de la Casa Real francesa. Un siglo después, la archiduquesa María Antonieta se casó con Luis XVI vestida de blanco. La odiada reina fue, paradójicamente, quien comenzó a usar un modelo mas cómodo para su vida íntima llamado vestido-camisa. Su pintora Elisabeth Vigée-Lebrun la retrató con este sencillo atuendo en 1778. Al ser expuesto en el Salón la pintura causó un auténtico escándalo, se afirmaba que la reina parecía vestida con un simple camisón. Evidentemente no sabían lo que vendría mas tarde.

Elisabeth Vigée-Lebrun. La reina María Antonieta. 1783. Museo de Versalles.
Elisabeth Vigée-Lebrun. La reina María Antonieta con una rosa. 1783. Museo de Versalles.

          Tal y como os conté en un pasado artículo, el concepto de vestido de novia que ha llegado a la actualidad comenzó a finales del siglo XVIII. Los descubrimientos de Herculano (1738) Pompeya (1748) dieron paso a un mejor conocimiento de la antigüedad clásica. Esto afectó a todas las artes y consecuentemente a la manera de vestir. Se quiso emular a la estatuaria griega y romana por lo que la indumentaria recreó este concepto estético abandonando la artificiosidad y apostando por siluetas limpias. El blanco se convirtió en el color por excelencia, emulando el blanco mármol de las estatuas.

Antonio Cánova. Paulina Borguese como Venus Victoriosa. 1805-1808. Galería Borghese. Roma.
Antonio Cánova. Paulina Borguese como Venus Victoriosa. 1805-1808. Galería Borghese. Roma.
Jacques-Louis David. Madame Récamier. 1800. Museo del Louvre. Paris.
Jacques-Louis David. Madame Récamier. 1800. Museo del Louvre. Paris.

          La moda Imperio se mantuvo vigente hasta la década de los años veinte del siglo XIX, momento en el que el talle volvió a la cintura. En España, diversos retratos femeninos de nuestro genial Goya nos muestran la enorme sencillez del citado estilo. En el retrato de la marquesa de Santa Cruz vemos a la joven dama con un vestido de gasa blanca con tirantes y un amplísimo escote. Su cabeza no la decoran joyas sino hojas y frutos. El atuendo, que se remata con un chal negro, es de tal sencillez que me hace pensar en algunas célebres frases de Coco Chanel tales como: “Menos es más” y “La simplicidad es la clave de la verdadera elegancia”.

Francisco de Goya. Joaquina Téllez-Girón y Pimentel, marquesa de Santa Cruz. 1805. Museo del Prado.
Francisco de Goya. Joaquina Téllez-Girón y Pimentel, marquesa de Santa Cruz. 1805. Museo del Prado. Madrid.

          Volviendo a lo nuestro, las novias del Neoclasicismo adornaban su cabeza con una guirnalda de flores y con un velo de tul o gasa. La sencillez del vestido dio lugar a colas largas en actos muy señalados, el máximo apogeo se produjo hacia 1804 coincidiendo con la coronación de Napoleón. En el retrato que realizó el barón Gérard con el espléndido atuendo que llevó la emperatriz Josefina, observamos que el vestido blanco tiene un escote muy generoso y mangas cortas. El manto de terciopelo rojo está decorado con abejas bordadas, emblema de Napoleón, mientras que aparece forrado de piel de armiño, uno de los símbolos de la realeza durante siglos.

François Gérard. Josefina con el traje de la coronación. 1807-1808. Museo Nacional del Castillo de Fontenebleau. Francia.
François Gérard. Josefina con el traje de la coronación. 1807-1808. Museo Nacional del Castillo de Fontenebleau. Francia.

          La silueta cilíndrica de la moda imperio parecía imitar a las famosas cariátides del Erecteion. Los vestidos de las bellas griegas dejan apreciar claramente las formas femeninas. La moda imperio resultó, en algunos casos, bastante escandalosa ya que dejaba poco a la imaginación. Los vestidos debían llevar forros por la extrema ligereza de los tejidos usados. La moda es cíclica, se crea y autodestruye a sí misma. Después de estas décadas de una cierta libertad se volvió al corsé, la cintura de avispa y los tejidos pesados. La mujer volvía a enfundarse en una coraza durante casi cien años mas.

Continuará…

Vestido de novia. 1869. The Metropolitan Museum of Art.
Vestido de novia. 1869. The Metropolitan Museum of Art.
Vestido de novia. 1887. Detalle. Cincinnati Art Museum.
Vestido de novia. 1887. Detalle. Cincinnati Art Museum.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. seguimos aprendiendo.Enhorabuena

    1. Muchas gracias por comentar Manolo. Un abrazo.

  2. Manuel S. dice:

    Muy interesante Barbara!!!

    1. Muchísimas gracias Manolo.

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