La ropa y su importancia


          Hace no tanto tiempo la ropa tenía una importancia enorme, su precio era elevado y a la muerte de una persona era inventariada ante notario. Las prendas tenían muchas vidas, se reciclaban y reutilizaban. Todo se confeccionaba a mano ya que la mecanización a gran escala no se produjo hasta el siglo XIX. Cuando a veces cuento sobre mi investigación y explico que hasta los calzoncillos se inventariaban la gente se queda sorprendida; pensándolo bien, no es para menos. Un ejemplo de 1729 nos dice: “Quatro pares de calzoncillos de crea muy remendados”. Poner en inventario unos calzoncillos viejos y rotos explica claramente que no solamente se recogían las piezas importantes sino también las que no valían nada. La moda surgía en las cortes y poco a poco las tendencias pasaban al resto de la sociedad en formas mas sencillas y prácticas. Las personas se diferenciaban por su manera de vestir, la clase social se debía apreciar a primera vista sin equívocos de ningún tipo.

          El fallecimiento de un individuo conllevaba la elaboración de un inventario, esto abarcaba a todo el espectro social, desde los reyes a los nobles pasando por los comerciantes o cualquier persona que tuviera bienes, aunque fueran escasos. Todo era recogido de una manera relativamente minuciosa, detallándose la pieza y su estado de conservación. Esto último resulta muy curioso desde nuestra perspectiva actual donde los objetos en mal estado se desechan, a no ser que tengan un valor probado. Los inventarios de bienes se nos muestran como una herramienta esencial para el estudio de la indumentaria y la recreación de la vida privada de tiempos pasados. Nos permite conocer cómo era el ajuar doméstico y adentrarnos en los espacios de habitabilidad del Antiguo Régimen.

Inventario de bienes de 1677. Loja. Granada
Inventario de bienes de 1677. Loja. Granada

          Los inventarios post-portem constituyen una valiosa ayuda para conocer al difunto ya que valoran su comportamiento hacia el consumo, sus devociones y gustos artísticos. En ocasiones, este tipo de documento iba acompañado de un “Aprecio de Bienes” en el cual cada objeto llevaba su tasación correspondiente. Hoy me voy a hacer eco de varios inventarios de bienes. En primer lugar, el de una dama que falleció en Sevilla en 1702 llamada doña Petronila de Sangronis, su marido y albacea don Alejandro Carlos de Licht fue el encargado de llevarlo a cabo. En el citado documento aparece, no solamente la ropa de la finada sino también la de su cónyuge. Doña Petronila gozaba de un guardarropa bastante bien pertrechado compuesto por prendas de todo tipo, por tanto debía ser una persona acaudalada. En su poder obraban varios conjuntos formados por hongarina, monillo y saya; lo que hoy llamaríamos chaqueta, cuerpo y falda.

Cotilla 1730.
Cotilla 1730.

          La hongarina era una casaca y la usaban ambos sexos, mientras que el monillo era un jubón para uso femenino sin faldillas ni mangas. En el inventario aparecen unas ocho faldas (sayas) de distintos tejidos y forros. En dos de ellas se nos indica que para su confección se necesitaron nueve varas, es decir, unos siete metros y medio. Mientras que otras fueron confeccionadas con menor cantidad de tela. El tafetán era un tejido muy usado para forros. Cito textualmente cómo era uno de los conjuntos: “Un tapapiés encarnado de tela de otro y plata briscada con ocho paños forrado en tafetán sencillo celeste con guarnición de encaje ancho de plata. Una hongarina y monillo de lo mismo guarnecido uno y otro con encajes de oro y plata de Milán finos”.

Casaca femenina. Siglo XVIII. Museo del traje Madrid.
Casaca femenina. Siglo XVIII. Museo del Traje Madrid.

          El tapapiés o guardapiés es una pieza que aparece continuamente en los documentos de la época. Se trataba de una falda larga que tapaba completamente los pies y que solía ser una pieza lujosa. En España enseñar los pies se consideraba pecaminoso. Los complementos de una dama sevillana del siglo XVIII eran la mantilla, los manguitos, el manto para salir a la calle y el delantal. Éste último no solamente se usaba para trabajar en la casa sino como pieza importante, doña Petronila tenía uno de raso encarnado guarnecido con encajes. Probablemente el delantal se usaba para proteger la falda. La mantilla era una pieza de uso obligado para salir a la calle, casi todas las mujeres tenían al menos una. Los colores de las mantillas eran muy vistosos y los mas ricos iban guarnecidos de encajes. Doña Petronila dejó una mantilla nueva color de fuego guarnecida con hilo de plata y forrada en celeste.

Casaca femnina. Siglo XVIII Museo del traje. Madrid.
Casaca femnina. Siglo XVIII Museo del Traje. Madrid.

          El citado inventario nos permite conocer a su vez, cómo sería un traje de cristianar de la época: “Un tterno de ropa de Bapttissar que se compone de una hongarinitta de rasso lisso encarnado bordada de plata con guarnicion de encaxitto de platta, y una faxa de los mismo forrado ttodo de tafettan Celestte sencillo” que supongo iba acompañado de: “Un mantton de raso lisso blanco con guarnicion de encaxe de ôro y plata forrado en ttafettan encarnado senzillo”. Esta transcripción nos deja bien a las claras el riquísimo colorido con el que se vestían, no sólo los adultos, sino también los recién nacidos. Evidentemente, el blanco no se asociaba todavía con los trajes de novia ni con los de cristianar.

Miguel Jacinto Meléndez. Luis I, Príncipe de Asturias. 1712. Museo Cerralbo. Madrid.
Miguel Jacinto Meléndez. Luis I, Príncipe de Asturias. 1712. Museo Cerralbo. Madrid.

          En los primeros años del siglo XVIII los hombres vestían a la manera tradicional española con ropilla, coleto, calzones y capa. Los antiguos “usos” fueron literalmente barridos por la nueva moda masculina que estaba compuesta básicamente por tres piezas: casaca, chupa y calzones a lo que había que añadir la corbata. Esta pieza, que en versión simplificada ha llegado al siglo XXI, se fabricaba con lienzos finos y podía estar guarnecida de encajes. Un hombre de negocios francés dejó en 1715: “Seis corbatas de olan y muselina usadas las cinco con encages y la otra llana”. En el inventario del citado caballero llamado don Pedro Dutramble vemos como en Sevilla ya se vestía “a la francesa” por esas fechas. Las casacas y chupas llevaban botones de arriba abajo, los mas lujosos fabricados con plata u oro. La casaca tenía en talle en la cintura e iba abierta en la espalda y en los laterales, su cuello era de tirilla mientras que las mangas comenzaron siendo bastante exageradas con amplias vueltas y adornadas con botones que llegaban hasta el codo. Avanzando la centuria, los puños fueron perdiendo tamaño y se pegaron al brazo.

Casaca masculina bordada. Siglo XVIII. Detalle del cuello  y pechera.
Casaca masculina bordada. Siglo XVIII. Detalle del cuello y pechera.

          La chupa o chaleco se llevaba bajo la casaca, era larga y también cuajada de botones. La delantera se confeccionaba con materiales ricos mientras que la trasera era muy sencilla ya que no estaba a la vista. Los calzones tapaban la rodilla y se cerraban a los lados de esta con tres o cuatro botones. Volviendo a las fuentes otro caballero sevillano dejó también en 1715: “Un vestido de paño de francia de hombre que se compone de casaca chupa y calzones con botonadura de oro”. Las botonaduras también se podían realizar de seda o del mismo tejido de la prenda en los casos mas sencillos, por ejemplo: “Dos cassaquillas de paño vasto ôbscuro con botones de los mismo”.

Zapatos masculinos. Siglo XVIII.
Zapatos masculinos. Siglo XVIII.

          La importancia de los inventarios post-mortem para conocer la indumentaria de hace siglos es crucial. Hay que señalar que los tejidos son materiales efímeros que no aguantan tan larga vida. Algunos museos custodian magníficas colecciones de indumentaria de siglo XVIII, pero son muy pocas las piezas que han llegado a nuestros días. Por otro lado, no se debe olvidar que todavía no existían las revistas de modas, un elemento de gran ayuda para el investigador. En 1770 se editó The Lady´s Magazine en Inglaterra; la publicación de tirada mensual recogía las últimas tendencias de París y Londres. La prensa escrita supuso una revolución para conocer las últimas creaciones de las grandes capitales y así poder ir vestido a la última aunque se residiera en provincias.

Continuará…

The Lady´s Magazine. Portada de la primera edición. Agosto 1770.
The Lady´s Magazine. Portada de la primera edición. Agosto 1770.

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Manuel Domínguez dice:

    pues que continúe…expectante me quedé

    1. Bárbara dice:

      Muchas gracias Manolo. Continuaré la senda.

  2. Manuel S. dice:

    Muy interesante,ha sabido a poco!!!!!!

    1. Bárbara dice:

      Muchas gracias Manolo. Seguiré hablando de inventarios de bienes. Es un asunto muy entrenido.

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