Paul Poiret. Rey de la moda.


Paul Poiret.
Paul Poiret.

          De esa manera tituló sus memorias Paul Poiret publicadas en 1930 y así se podría denominar, con permiso de Charles Worth, considerado el primer diseñador en sentido estricto de la palabra. De familia humilde, Poiret nace en Paris en 1879, en el seno de una familia de comerciantes de telas. Pronto su padre le envió a un taller de paraguas a aprender un oficio. Rápidamente aprendió la técnica y aprovechando retales, empezó a diseñar vestidos para las muñecas de su hermana. Gracias a su carisma y su talento,  se introdujo en en los círculos más exclusivos de la Belle Époque parisina, llegando a trabajar primero como asistente y luego como jefe de departamento de sastrería, para Jaques Doucet.

Paul Poiret en su taller con una clienta.
Paul Poiret en su taller con una clienta.

          Poiret fue el primer diseñador que sentó las bases de la moda tal y como las conocemos hoy. Apodado “el magnífico”, sus trajes fluidos, basados en la indumentaria oriental, trajeron la liberación de las ataduras del corsé a unas pocas privilegiadas. Su atrevimiento llegó hasta el punto de vestir a la mujer con falda pantalón. Hoy en día y con las redes sociales tan en boga para el uso de la “marca personal”, podemos considerarle un adelantado a su tiempo también en ese campo. Fue un hábil gestor de su propia fama, siendo el primer diseñador  en crear perfumes asociados a su marca ( los míticos Parfumes de Rosine ) y llegando incluso a comercializar una linea de decoración. Definitivamente fue el primer diseñador en concebir su trabajo como idea de marca más que como negocio.

La Rose de Rosine. Perfume. 1912.
La Rose de Rosine. Perfume. 1912.

          Tras la primera guerra mundial, las clases pudientes no estaban para celebraciones ni fiestas majestuosas donde lucir grandes diseños y Poiret se vio obligado a cerrar su mansión en 1929. Era el momento para esa sobriedad sofisticada llamada Chanel. Las clases altas se olvidaron de él poco a poco. Intentó salvar la situación, pretendía recuperar el París de su éxito y a su clientela. A la desesperada organizó fiestas que cada vez lo sumían más en una ruina tanto económica como social. Finalmente amargado y frustrado, se retiró a la Provenza y se dedicó a la pintura. Allí murió, solo, arruinado y olvidado. Podemos decir que Paul Poiret tocó el cielo y murió en el infierno.

Diseño de Paul Poiret. Dibujo de Georges Lepape. 1911.
Diseño de Paul Poiret. Dibujo de Georges Lepape. 1911.

          Se cuenta una anécdota en la cual un día, ya casi al final de su vida, se encontró con Cocó Chanel y le preguntó por qué vestía de riguroso negro, por quién era el luto y Cocó le respondió: “Por usted señor”.  La afirmación de Chanel resulta algo injusta sin duda  ya que a finales del s. XIX y principios del s. XX, la mujer estaba metida dentro de un corsé y fue Poiret quien  revolucionó la moda de principios de siglo y lo expulsó de los ateliers.  Está claro que la relación entre Chanel  y  Poiret no era de amistad, pero fue sin duda Poiret quién abrió el camino a una mujer liberada que, luego, sería la insignia de Chanel.

Peggy Guggenheim luciendo un modelo de Paul Poiret. 1923. Foto Man Ray.
Peggy Guggenheim luciendo un modelo de Paul Poiret. 1923. Foto Man Ray.

          Paul Poiret  no volvió a brillar hasta el año 2007, en el que el Museo Metropolitano de Nueva York le dedicó una retrospectiva. “El rey de la moda” volvía al lugar que le correspondía entre artistas como el genio  que siempre fue. Él mismo definió el espíritu de sus diseños: “Todas las mujeres deben descubrir su propia individualidad y vestir según su estilo”. Un adelantado a su tiempo sin ninguna duda.

Traje de tarde. 1910.
Traje de tarde. 1910.
Traje de cena. 1922-1923.
Traje de cena. 1922-1923.
Traje de fantasia. 1911.
Traje de fantasia. 1911.

5 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me encanta el guiño a esta época incansable erudita

    1. Bárbara dice:

      Muchas gracias Manolo. Un fuerte abrazo.

  2. Manuel S. dice:

    Que injusta es la vida, con algunos genios!. No tenía ni idea de la existencia de este señor. Cuanto estamos aprendiendo!!!!!

    1. Bárbara dice:

      ¡Y a mí cuánto me alegra! Un fuerte abrazo Manolo.

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