El vestido de la reina


Publicado en revista Escaparate, enero 2016.

            La moda es una expresión  más del ser humano y una manifestación del espíritu de la sociedad. Los usos en la vestimenta están ligados a cada época aportando una   información esencial sobre el devenir histórico ya que encierran numerosas claves de tipo sociológico, económico, e incluso  político. Hoy, nos vamos a detener en, tal vez, el traje con el que siempre sueña una mujer: su vestido de novia.  El concepto de este atuendo que ha llegado a la actualidad comenzó a finales del siglo XVIII. Los descubrimientos de Herculano (1738) y Pompeya (1748) supusieron una auténtica revelación dando paso a un mejor conocimiento de la antigüedad clásica. Esto afectó a todas las artes y consecuentemente a la manera de vestir. Se pretendió emular la estatuaria griega y romana por lo que la indumentaria femenina  recreó esta nueva  estética abandonando la artificiosidad y apostando por siluetas limpias y blancas. Las novias del neoclasicismo comenzaron a vestir de blanco adornando su cabeza con una guirnalda de flores y con un velo de tul o gasa.

            El punto de inflexión en la elección del color blanco como protagonista del traje de novia tuvo lugar algo más tarde, concretamente en 1840. En la citada fecha, la reina Victoria de Reino Unido  de 25 años, contrajo matrimonio con su primo Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha en la Capilla Real del palacio de Saint James. La boda tuvo un enorme eco en la prensa y la fotografía de la flamante y enamorada novia fue ampliamente difundida por todo el planeta. El reinado de Victoria I marcó profundamente toda una época; la sociedad tornó hacia cierto puritanismo, el cual interpretaba el blanco como símbolo de virginidad e inocencia. Para su atuendo nupcial, la soberana se decantó por el blanco, una decisión original en ese momento.  El vestido, que seguía la moda imperante, cuyas características principales eran un amplio escote, cintura de avispa y voluminosa falda, no fue excesivamente lujoso por decisión propia.

            El diseño guardaba connotaciones políticas ya que se confeccionó únicamente con materiales procedentes del Reino Unido: satén blanco y encaje de Honiton. Esta labor de encaje de bolillos se realizaba en la pequeña ciudad de Honiton, en el condado de Devon. Victoria adornó su peinado con unas simples flores de azahar (considerado símbolo de fertilidad), en lugar de utilizar una corona o diadema adecuada a su rango, y un velo unos tres metros y medio de largo. Como joyas llevó un collar y pendientes de brillantes y un broche que le había regalado su prometido. En su diario dejó escrito: “Llevé un vestido blanco de satén con volantes de encaje de Honinton, que reproducía un diseño antiguo. Mis joyas fueron mi collar y pendientes turcos y el precioso broche de zafiro de mi querido Alberto”. Siguiendo a la reina, el blanco fue rápidamente copiado por las novias con posibles que querían estar a la última. La familia real británica comenzó, por tanto, una costumbre que pronto se convirtió en moda y en un símbolo a través de países y culturas.

Franz Xavier Winterhalter. Victoria de Inglaterra. 1847. Colección Real Británica. Este retrato fue un regalo de la reina a su marido por su aniversario de boda en 1847.
Franz Xavier Winterhalter. Victoria de Inglaterra. 1847. Colección Real Británica. Este retrato fue un regalo de la reina al príncipe Alberto por su aniversario de boda en 1847.

 

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Manuel Domínguez dice:

    estupendo artículo DOCTORA

  2. Manuel S. dice:

    Muy interesante!!!!

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