Vestida de Sol


          “Ase de pintar, pues, en este aseadissimo Misterio esta Señora en la flor de su edad de doze a treze años, hermosíssima niña, lindos i graves ojos, nariz i boca perfetissima, i rosadas mexillas, los bellíssimos cabellos tendidos de color de oro, enfin cuanto fuere possible al umano pinzel. Dos hermosura ai en el ombre, conviene a saber de cuerpo i alma, i ambas las tuvo la Virgen incomparablemente: porque la corpora fue un Milagro, (como juzgó San Dionisio) i no uvo criatura más parecida a su hijo, que fue el modelo de toda la perfeción.

Francisco Pacheco. Inmaculada de Miguel Cid. 1619. Catedral de Sevilla.
Francisco Pacheco. Inmaculada de Miguel Cid. 1619. Catedral de Sevilla.

          Los demás hijos diviertense en la asimilación del padre i la madre, como de diferentes principios: pero Cristo señor nuestro, como no tuvo padre en la tierra, en todo salió a su madre: que después del hijo fue la criatura más bella que Dios crió. I assí la alaba el Espíritu Santo (cuya letra se aplica siempre a esta pintura) Tota pulchra es amica mea. Ase de pintar con tunica blanca, i manto azul; que assí apareció esta Señora a doña Beatriz de Silva Portuguesa que se recogió despues en Santo Domingo el Real de Toledo, a fundar la Religión de la Concepción purisíssima: que confirmó el papa Iulio Segundo año de 1511.

Francisco de Zurbarán. Inmaculada Concepción. 1628-1630. Museo del Prado.
Francisco de Zurbarán. Inmaculada Concepción. 1628-1630. Museo del Prado. Madrid.

          Vestida de Sol, un Sol ovado de ocre i blanco, que cerque toda la imagen unido dulcemente con el cielo; coronada de estrellas, Doze estrellas compartidas en un círculo claro entre resplandores, sirviendo de punto la sagrada frente, las estrellas sobre unas manchas claras formadas al seco de purissimo blanco, que salga sobre todos los rayos. Pintólas mas bien que ninguno don Luis Pascual Monje, en la istoria de San Bruno par la gran Cartuxa. Una corona imperial adorne su cabeça, que no cubra las estrellas. Debaxo de los pies la luna; que aunque es un globo sólido (tomo lice[n]cia para hazerlo) claro i transparente sobre los paises, por lo alto más clara i visible la media Luna, con las puntas abaxo.

Diego Velázquez. Inmaculada Concepción. Hacia 1618. National Gallery. Londres.
Diego Velázquez. Inmaculada Concepción. Hacia 1618. National Gallery. Londres.

          Si no me engaño pienso que e sido el primero que a dado más magestad a estos adornos, a quien van siguiendo los demás. En la Luna especialmente e seguido la docta opinión del Padre Luis del Alcaçar, ilustre hijo de Sevilla, cuyas palabras son esta: Suelen los pintores poner la Luna a los pies desta Muger hazia arriba. Pero es evidente entre los doctos Mathematicos, que si el Sol a la Luna se carean, ambas puntas de la Luna an de verse hazia abaxo; de suerte que la Muger no estava sobre le concavo sino sobre el convexo. Lo cual era forçado para que alumbrara a la Muger que estava sobre ella, recibiendo la Luna la luz del Sol. I plantada en un cuerpo sólido, como se a dicho, aunque lucido avia de assentar en la superficie de afuera. Suele poner en lo alto del cuadro Dios Padre, o el Espíritu Santo, o ambos, con las palabras del Esposo, ya referidas.

osé de Ribera. Inmaculada Concepción. 1635. Convento de las Agustinas Recoletas. Salamanca.
José de Ribera. Inmaculada Concepción. 1635. Convento de las Agustinas Recoletas. Salamanca.

          Los atributos de tierra se acomodan acertadamente por pais, i los del cielo, si quieren entre nubes. Adornase con Serafines i con Angeles enteros que tienen algunos de los atributos. El Dragón, enemigo común, se nos avia olvidado a quien la Virgen quebró la Cabeça, triunfando del pecado original I sie[n]pre se nos avia de olvidad. La verdad es que nunca lo pinto de buena gana, i lo escusaré cuanto pudiere, por no embaraçar mi cuadro con el. Pero en todo lo dicho tienen licencia los pintores de mejorarse.”

Bartolomé Esteban Murillo. Inmaculada Concepción de los Venerables. Hacia 1678. Museo del Prado.
Bartolomé Esteban Murillo. Inmaculada Concepción de los Venerables. Hacia 1678. Museo del Prado. Madrid.

Extracto del libro de Francisco Pacheco, El Arte de la pintura, su antigüedad y grandezas. Sevilla, impreso por Simón Fajardo, 1649.

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