La visita de los magos


Sandro Botticelli. Adoración de los Magos. Hacia 1475. Galería de los Uffizi. Florencia.
Sandro Botticelli. Adoración de los Magos. Hacia 1475. Galería de los Uffizi. Florencia.

          El evangelio según San Mateo es el único que narra la Adoración de los Magos. Se trata de un relato muy escueto que ofrece numerosos interrogantes, ya que simplemente se alude a ellos como a unos magos venidos de oriente. Se considera que los magos pudieron proceder de Persia ya que con el vocablo “mago” eran denominados los sacerdotes persas de Zoroastro, religiosos expertos en astronomía y astrología. También podrían proceder de Arabia, más cercana a Palestina y famosa por su riqueza en oro y bálsamos. En cuanto a las ofrendas, oro, incienso y mirra poseían un alto valor económico. Parece ser que en aquellos tiempos el valor de la mirra superaba con creces al del oro y el incienso.

Alberto Durero. Adoración de los Magos. 1504. Galería de los Uffizi. Florencia.
Alberto Durero. Adoración de los Magos. 1504. Galería de los Uffizi. Florencia.

          Estos tres elementos poseían unas determinadas características: “El oro metal precioso propio de reyes, simbolizaba el tributo a la realeza de Jesús, a su calidad de rey. El incienso, de importante papel en los rituales religiosos y en las ofrendas a las deidades (tanto en las religiones idolátricas como en el judaísmo) era un tributo a la divinidad del Niño, el reconocimiento de que Jesús era Dios. La mirra, usada en los embalsamamientos, en la unción de los cadáveres y en los ritos funerarios, era emblema de muerte y sufrimiento y por lo tanto, prefiguraba la pasión y muerte de Cristo. Simbólicamente era un tributo a Jesús hombre, a su componente humano. Los Magos presentaron, entonces, oro para el rey, incienso para el Dios y mirra para el hombre.”[1] Con el paso de los siglos se han multiplicado las hipótesis sobre el significado de las ofrendas. San Bernardo de Claraval ofrece una explicación muy práctica: el oro serviría para salvarles de la pobreza, el incienso mejoraría la atmósfera del establo y la mirra acabaría con los gusanos.

El Bosco. Triptico de la adoración de los Magos. Hacia 1494. Museo del Prado. Madrid.
El Bosco. Tríptico de la adoración de los Magos. Hacia 1494. Museo del Prado. Madrid.

          En cuanto al número de los magos, tampoco el relato evangélico arroja algo de luz. Paulatinamente fue fijado en tres al igual que las ofrendas recibidas por el Niño, las personas de la Trinidad, las tres edades del hombre y las tres partes del mundo conocido hasta entonces: Europa, África y Asia. A principios del siglo III, Tertuliano, fue el primero en considerar a los magos como reyes. Un siglo después ya aparecen los nombres de Melchor, Gaspar y Baltasar. La Adoración de los magos es una de las festividades más antiguas del Cristianismo, una tradición ancestral que se mantiene en plena vigencia uniendo a pueblos y culturas.

Jacopo Bassano. Adoración de los Magos. Segunda mitad del siglo XVI. Museo del Prado. Madrid.
Jacopo Bassano. Adoración de los Magos. Segunda mitad del siglo XVI. Museo del Prado. Madrid.

A continuación el pasaje del evangelio según San Mateo:

2:1 Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos,

2:2 diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.

2:3 Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.

2:4 Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo.

2:5 Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta:

2:6 “Y tú, Belén, de la tierra de Judá,

No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá;

Porque de ti saldrá un guiador,

Que apacentará a mi pueblo Israel”.

 

Peter Paul Rubens. La Adoración de los Magos. 1628-1629. Museo del Prado. Madrid.
Peter Paul Rubens. La Adoración de los Magos. 1628-1629. Museo del Prado. Madrid.

2:7 Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella;

2:8 y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.

2:9 Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.

2:10 Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.

2:11 Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.

2:12 Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

Bartolomé Esteban Murillo. Adoración de los Reyes Magos. 1660.1665. Museum of Art. Toledo.
Bartolomé Esteban Murillo. Adoración de los Reyes Magos. 1660.1665. Museum of Art. Toledo.

[1] Patricia Grau-Dieckmann. “Una iconografía polémica: los Magos de Oriente”. “Expresar lo Divino: Lenguaje, Arte, Mística”. Mirabilia. 2002, p.106.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s