El sueño del patricio Juan


          Santa María la Blanca es una de las iglesias más originales de Sevilla, su sencilla fachada da paso a un interior de belleza apabullante. El templo, una de las cuatro capillas que dependían del cabildo, fue reconstruido entre 1662 y 1665. El proyecto tuvo como responsable a Justino de Neve y Chaves, canónigo de la catedral, y personalidad importante en la Sevilla de su tiempo. Neve, que lo sufragó en parte de su propio bolsillo, procedía de una familia de origen flamenco enriquecida por el comercio con Indias. Entre Bartolomé Esteban Murillo y el canónigo hubo una relación profesional que derivó en estrecha amistad. El sacerdote fue una figura fundamental en la trayectoria del pintor, tanto por los proyectos que le encargó como por ser entusiasta coleccionista de su obra a nivel particular. Según informa su inventario post mortem, Neve poseía una considerable biblioteca y colección de pintura formada por ciento sesenta piezas, de las cuales dieciocho  eran de mano de Murillo.

Bartolomé Esteban Murillo. Retrato de Justino de Neve.1665. National Gallery. Londres.
Bartolomé Esteban Murillo. Retrato de Justino de Neve.1665. National Gallery. Londres.

          La reconstrucción de Santa María la Blanca, que antes había sido mezquita y sinagoga, está directamente relacionada con el Breve del papa Alejandro VII en 1661, el cual se inclinaba favorablemente al culto a la Inmaculada Concepción. Tanto la Iglesia española como Felipe IV defendieron con énfasis esta doctrina, por lo que la bula pontificia fue recibida con un inmenso júbilo, según cuentan las crónicas. Murillo realizó cuatro obras para la decoración de la iglesia, dos grandes con forma de medio punto que se situarían bajo la cúpula, y dos más pequeñas para los testeros. Una de las cosas que más nos aflige es que, por desgracia, una considerable parte de la obra de Murillo no ha permanecido en los lugares para los que fue concebida. Los distintos avatares de la historia provocaron que muchas salieran de España, fundamentalmente debido al expolio sufrido durante la guerra de la Independencia. Las cuatro pinturas de Santa María la Blanca se fueron de Sevilla para siempre, aunque las dos de mayor tamaño El sueño del patricio y El patricio y su mujer ante el Papa Liberio fueron devueltas a nuestro país en 1816 y desde 1901 se conservan en el museo del Prado.

Interior de la iglesia de Santa María la Blanca. Sevilla.
Interior de la iglesia de Santa María la Blanca. Sevilla.

          El asunto a representar era el origen de la basílica de Santa María la Mayor en Roma. Se trataba de un tema muy poco común por lo que debió dar rienda suelta a su imaginación. La fundación de la citada basílica está relacionada con un milagro que tuvo lugar a mediados del siglo IV bajo el pontificado de Liberio. La noche del 5 de agosto la Virgen se apareció en sueños a un matrimonio patricio, que carecía de descendencia, cuyo deseo era destinar sus bienes a erigir un templo en honor a la Virgen María. Nuestro pintor plantea una escena de plácida siesta, no dormidos en la cama (tal vez por decoro). Según Diego Angulo este cuadro se podría titular “La siesta”, ya que su atmosfera recuerda al descanso en un caloroso día sevillano. El sueño del patricio es una pintura de gran formato, mide 2,32 cm x 5,22cm. Su tamaño semicircular se debe a que ocupaba el espacio bajo la cúpula del templo. Murillo narra un milagro con profunda sensibilidad. Coloca a dos los personajes en un íntimo rincón de su dormitorio, la pareja se han quedado traspuesta en la penumbra. El sueño es el tema recurrente en la literatura española del siglo XVII, no podemos olvidar La vida es sueño de Calderón y Los sueños de Quevedo. El pintor reduce al máximo los espacios para la narración, tal y como sucede en el teatro español de la época. Utiliza pocos elementos pero bien escogidos, buscando un naturalismo que logre introducir al espectador dentro de la acción. El ambiente está presidido por una gran armonía, se trata de una escena doméstica de la que emana paz y sosiego.

Bartolomé Esteban Murillo. Fundación de Santa María Maggiore de Roma. El sueño del patricio Juan. 1664-1665. Museo del Prado.
Bartolomé Esteban Murillo. Fundación de Santa María Maggiore de Roma. El sueño del patricio Juan. 1664-1665. Museo del Prado.

          El patricio apoya su brazo en un bufete (mesa) vestido de rojo sobre el que descansan un libro y un trozo de tela. Reclina la cabeza sobre la mano, su rostro dormido y su postura relajada  reflejan una gran serenidad. Viste de manera informal una bata sin mangas, cuyas solapas de seda son de un precioso tono rosa.  Bajo esta apreciamos parcialmente su traje, color pardo claro y todo abotonado,  del jubón emerge el pequeño cuello blanco de la camisa. Lleva calzones hasta debajo de las rodillas, según la moda del momento, y cubre sus piernas con medias blancas. Como calzado, unas cómodas zapatillas de estar por casa, modelo que a pesar de haber transcurrido más de trescientos cincuenta años, parece que ha cambiado poco. El patricio esta sentado cómodamente  en una silla de brazos, el típico modelo español de asiento del siglo XVII. Muy cerca, en el suelo aparece su esposa, también se ha quedado traspuesta después de hacer la labor. La dama está sentada sobre un cojín, asiento que usaban las mujeres en España por influencia mora, y apoya la cabeza sobre un escabel. El hecho que aparezca sentada en el suelo nos habla del estrado. Era costumbre en España que las mujeres se sentaran en el suelo sobre almohadones. El estrado era el espacio destinado en la vivienda al uso femenino, normalmente consistía en una tarima adornada con alfombras, almohadones y muebles de pequeño tamaño. Otro elemento que hace alusión a un interior doméstico es el cesto de costura. Isabel la Católica quiso que todas sus hijas supieran coser y bordar, y Margarita de Austria, mujer de Felipe III, era famosa por sus bordados para los hospitales y monasterios pobres. La costura ha acompañado a las mujeres durante siglos y se identificaba con la perfecta casada.

Bartolomé Esteban Murillo. Sueño del patricio. Detalle patricio. Hacia 1663. Museo del Prado. Madrid.
Bartolomé Esteban Murillo. Sueño del patricio. (Detalle). Hacia 1663. Museo del Prado. Madrid.

         Sobre la camisa blanca  fruncida al cuello,  luce una indumentaria con una atractiva y osada mezcla de colores. La falda es anaranjada, el cuerpo del vestido  rosa y las mangas en dos colores, en la parte superior abiertas y abombadas del mismo color que el cuerpo para después transformarse en verdes. Este modelo de mangas es frecuente en el siglo XVII, podían ser acuchilladas ( aberturas practicadas en el tejido de tal manera que asomara por ellos la tela de la camisa), o incluso  franjas de tela separadas y dispuestas en paralelo de tal manera que la camisa quedaba prácticamente al descubierto; tal y como podemos observar en diversos retratos masculinos del mismo Murillo. En cuanto al peinado, lleva raya en medio y un moño bajo adornado con una cinta roja. El pintor reproduce este mismo peinado en otras obras, como por ejemplo en las santas Justa y Rufina. Al lado de la dama duerme su perrito plácidamente. Murillo es muy aficionado a incluir perritos en sus obras. El perro, símbolo de fidelidad, aporta sensación de familiaridad y de ternura. Detrás de los personajes y en segundo término,  aparece la gran cama del matrimonio. Se trata de un mueble lujoso que podría tener una persona pudiente en la Sevilla del siglo XVII. Las llamadas “camas de barandillas” eran  costosas, sobre todo si estaban realizadas con maderas de Indias como el granadillo. Una de las partidas que las futuras esposas solían llevar en la dote era la cama de matrimonio junto con todo su ajuar, es decir,  los colchones y las almohadas (“bien poblados” como se decía en la época), con sus fundas más la ropa de cama como sabanas, colchas y cobertores. El ajuar de cama se confeccionaba con distintos tipos de lino llamado lienzo en la época, ya que hasta el siglo XIX no se popularizó el uso del algodón. La gente pudiente usaba sábanas y fundas de almohadas adornadas con encajes.

Bartolomé Esteban Murillo. Sueño del patricio. Detalle mujer. Hacia 1663. Museo del Prado. Madrid.
Bartolomé Esteban Murillo. Sueño del patricio. (Detalle). Hacia 1663. Museo del Prado. Madrid.

        Murillo, ha sabido narrar a la perfección la escena de un milagro. A la izquierda de la composición la Virgen con el niño surgen de los cielos en un rompimiento de Gloria. María se les aparece  para señalar el lugar elegido para erigir un templo en su honor. La leyenda cuenta que el milagro de la Virgen de las Nieves ocurrió en Roma en el siglo IV. Inexplicablemente un  5 de agosto se produjo una nevada en el monte Esquilino. Tras la revelación de su sueño, el patricio Juan acompañado por su esposa visitan al papa Liberio para hacerle partícipe de la revelación. El papa queda sorprendido, ya que él ha tenido el mismo sueño. Se encaminan al Esquilino donde comprueban que ha nevado y como esos copos de nieve dibujan la futura planta de un templo. Esta es la preciosa historia sobre la fundación del primer templo de la cristiandad dedicado a la Virgen María, la iglesia de Santa María la Mayor en Roma. Murillo la concibió como una escena cotidiana que con su sencillez se eleva para transmitirnos el mensaje divino. Una obra cargada de maestría, armonía y delicadeza.

Bartolomé Esteban Murillo. Fundación de Santa María Maggiore de Roma. El patricio revela su sueño al papa Liberio. 1664-1665. Museo del Prado.
Bartolomé Esteban Murillo. Fundación de Santa María Maggiore de Roma. El patricio revela su sueño al papa Liberio. 1664-1665. Museo del Prado.

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