Los Capítulos de Reformación


          En ningún tiempo se han dado en España providencias mas radicales para contener el luxo, que en el reynado de Felipe IV. Luego que entró á reynar formó una Junta llamada de reformación, cuyo instituto era del luxo y las costumbres. Hay quien dice, que esta Junta la formó el Conde Duque de Olivares, para hacerse mas bien quisto con el pueblo. Porque cuando este ha llegado á tal grado de abatimiento , que no encuentra medios con que subsistir, ni con que mejorar su suerte, se para á considerar su miseria, mide la distancia que hay entre su condición y la de los ricos, siendo todos de una misma naturaleza; nota la ostentación, el porte, y tratamiento de estos; se irrita, se desazona, y clama, atribuyendo al gobierno la causa de su infelicidad. Entonces una reforma, ó aunque no sea mas que la apariencia de ella, es grata al público, porque creyendo que va a recaer sobre los objetos de su indignación, le sirve de algún desahogo a su sentimiento. Como quiera que sea, aquella junta, con la presencia de la consulta del Consejo, de que ya se ha hecho mención, y de varios memoriales y representaciones, expidió los famosos Capítulos de Reformación; entre los cuales había muchos dirigidos á la del luxo.

Diego Velázquez. Retrato del Conde-Duque de Olivares. 1624. Museo de Sao Paolo.
Diego Velázquez. Retrato del Conde-Duque de Olivares. 1624. Museo de Sao Paolo.

            En ellos se mandó, que los Grandes, y Títulos no pudieran tener mas de diez y ocho criados ; y ocho los Consejeros, y Ministros. Que no se pudieran dorar maderas, ni metales. Que en quanto a colgaduras se guardara la pragmática de 1611, añadiendo que no se pudieran bordar muchas cosas que por ella se permitían; ni hacer colgaduras de verano, como no fuera de telas fabricadas en el reyno, concediendo ocho años de término para consumir las que ya estaban hechas. Se prohíbe absolutamente en los vestidos el uso de oro y plata, y todo género de guarniciones. Que los hombres no pudieran traer capas, ferreruelos, bohemios, ni balandranes de seda, sino solamente de paño, ó raxa, ó de algunas telillas mas ligeras, como no llevaran mezcla de seda, y estuvieran fabricadas en el reyno. Que se traxeran valonas llanas, sin invenciones, puntas, cortados, deshilados, ni otro género de guarnición;y que ningún hombre ni mujer pudiera ser abridor de cuellos, so pena de vergüenza pública, y de destierro.

Diego Velázquez. El infante don Carlos. 1626-1627. Museo Nacional del Prado.
Diego Velázquez. El infante don Carlos. 1626-1627. Museo Nacional del Prado.

          Que en quanto á dotes, y joyas, se guardaran las leyes expedidas en tiempos de Carlos V. E insertas  en el tit. 2. lib. 5 de la Recopilación, mandando al mismo tiempo, que los Escribanos del Ayuntamiento de cada lugar tuvieran un libro, donde tomaran razón de los contratos que sobre esto hiciesen; y que las Justicias hicieran averiguación de ellos, sin que se pudiera dispensar por el Consejo en esta Ley: y para que con el exemplo de la casa Real fuera esta mas poderosa, se tasó la dote de las damas de Palacio en un millón de mrs. y la saya sin ninguna otra preeminencia, título honorífico, oficio, ni otro género alguno de merced.

Diego Velázquez. Felipe IV. 1628. Museo Nacional del Prado.
Diego Velázquez. Felipe IV. 1628. Museo Nacional del Prado.

            No fue esta la única reforma que se hizo en la Casa Real  por Felipe IV. Se disminuyó el número de criados y dependientes. Se moderó el gasto en la mesa, de los trenes, y todo lo demás, de suerte, que solo en el departamento del Mayordomo Mayor se ahorraron 670.300 ducados.Por otra parte Felipe IV, aunque galan, y enamorado, era de genio naturalmente serio, y ageno de frivolidades en el vestido. Fuera de esto, por las Leyes, el exemplo, ó lo que es mas probable, por la pobreza de la nación, y la volubilidad del capricho; si se compara el luxo de este reynado con el de los anteriores, estuvo mas moderado. Los cuellos, que havian  dado ocasión á tantas Leyes, se fueron dexando, y extendiéndose en su lugar la Golilla, menos costosa, y de menos embarazo. Cesaron en gran parte los estupendos gastos en pedrería, guarniciones, y bordados. Y aun en el de la seda huvo  su reforma, de suerte, que el trage español quedó reducido á la mayor sencillez, y aún mezquindad, si se ha de dar crédito á las relaciones de algunos viajeros de aquel tiempo.

Diego Velázquez. Pablo de Valladolid. 1636-37. Museo del Prado. Madrid.
Diego Velázquez. Pablo de Valladolid. Hacia 1635. Museo del Prado. Madrid.

Juan Sempere y Guarinos, Historia del luxo y de las leyes suntuarias en España, Madrid en la Imprenta Real, 1788, pp. 117-121.

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