Isabel de Farnesio, una reina coleccionista


Daniel Seghers. Guirnalda de rosas. Siglo XVII. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Daniel Seghers. Guirnalda de rosas. Siglo XVII. Museo Nacional del Prado. Madrid.

          En 1714 la princesa italiana Isabel de Farnesio (1692-1768) se convirtió en reina de España gracias a su matrimonio con Felipe V. El rey había enviudado hacía pocos meses, y a pesar de tener resuelta la cuestión de la descendencia, optó por volver a casarse. Isabel era una mujer de fuerte carácter, tal y como demostró en cuanto llegó a España poniendo de patitas en la calle a la mismísima princesa de los Ursinos. Según cuentan sus biógrafos, era una persona sumamente ambiciosa que no fue querida por sus súbditos, aunque sí por su marido y sus hijos. De su unión con Felipe V nacieron siete hijos de los cuales seis llegaron a la edad adulta, algo verdaderamente notable para aquellos tiempos donde la mortalidad infantil era pavorosa. Hoy queremos destacar el gran legado que nos dejó gracias a su faceta como coleccionista de arte.

Miguel Jacinto Meléndez. Isabel de Farnesio. 1727. Biblioteca Nacional. Madrid.
Miguel Jacinto Meléndez. Isabel de Farnesio como protectora de la Real Biblioteca Pública. 1727. Biblioteca Nacional. Madrid.

         Isabel había nacido en Parma, una corte culta y sofisticada. Los palacios en donde habitó estaban adornados espléndidamente con obras de los mejores artistas italianos. La princesa mostró desde joven gran inclinación por las artes recibiendo lecciones de pintura a partir de los once años. También fue muy aficionada  a la música, de hecho sabía tocar el clavicémbalo. Entre sus aficiones destacaba la lectura y el coleccionismo de libros, no se debe olvidar que la Biblioteca Real (precedente de la Biblioteca Nacional) fue fundada por Felipe V en 1712. Su perfil encajaba con lo que debía ser una reina del Antiguo Régimen, una persona cultivada, conocedora de idiomas y versada en varias disciplinas. Los monarcas ponían las artes a su servicio para dar mayor gloria  a su mandato y como manifestación de poder.

Pieter Brueghel el Joven, s XVII, Paisaje invernal, Museo del Prado
Pieter Brueghel el Joven. Paisaje invernal. Hacia 1601. Museo Nacional del Prado. Madrid.

        Su pasión por la belleza le llevó a formar una espléndida colección atesorando a lo largo de su vida más de novecientos cuadros que fueron marcados con una flor de lis blanca, emblema de la familia Farnesio. Hasta el siglo XVIII las pinturas de la Colección Real no fueron marcadas, las personas a su cargo la supervisaban a través de los inventarios de bienes. El primer rey en marcar su colección particular fue Felipe V para lo cual adoptó el emblema de la Casa Ducal de Borgoña, una cruz en forma de aspa. La necesidad de tener mejor controladas las pinturas vino dada a raíz del  incendio del Alcázar de los Austrias que se produjo el día de nochebuena de 1734 . El palacio, que era la residencia principal de la familia real española y la sede de la corte, quedó reducido a cenizas. Su exterior era sobrio pero albergaba tal vez la mejor colección de pintura de la época, formada por unos dos mil cuadros de los mejores artistas que había dado Europa hasta el momento. Se estima que se perdieron unas quinientas pinturas además de un sinfín de obras de arte de todo tipo.

Joost Cornelisz Droohstoot. Paisaje invernal con patinadores. 1629. Museo del Prado. Madrid.
Joost Cornelisz Droohstoot. Paisaje invernal con patinadores. 1629. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Clara Peeters. Bodegón con pasas. 1611. Museo del Prado. Madrid. Procedente de la colección de Isabel de Farnesio.
Clara Peeters. Bodegón con pasas. 1611. Museo Nacional del Prado. Madrid. 

        Volviendo a la colección de la reina, esta se formó desde diversas vías. Gran parte fue comprada, pero también le vino por herencias y obsequios. En 1740 falleció su tía Mariana de Neoburgo, segunda mujer de Carlos II, dejándole heredera universal de todo su patrimonio en el figuraban obras de Lucas Jordan y la escultora sevillana Luisa Roldán, además de valiosas joyas. Doña Isabel no solo gustaba de la pintura de su tierra natal, también tenía predilección por el arte flamenco. La obra catalogada como numero uno de su colección es el retrato de doña Amalia de Solms-Braufels de mano de Van Dyck. Los artistas que colgaban de sus paredes eran fundamentalmente italianos, entre los que cabe destacar a Solimena, Nani, Coreggio, Reni o Jordan; pero también había una buena representación de pintura flamenca (Rubens, Teniers, Brueghel, Van Dyck o Teniers) y francesa (Poussin, Mingard o Watteau).

Antonio van Dyck. Retrato de Amalia de Solms-Braunfels. Hacia 1631-1632. Museo del Prado. Colección de Isabel de Farnesio.
Antonio van Dyck. Retrato de Amalia de Solms-Braunfels. Hacia 1631-1632. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Anónimo. El tañedor de viola. Hacia 1540. Museo del Prado. Madrid.
Anónimo. El tañedor de viola. Hacia 1540. Museo Nacional del Prado. Madrid.

         En 1729 la corte se trasladó a Sevilla, la entrada del séquito real se hizo por el puente de Barcas accediendo a la ciudad por la Puerta de Triana. El Alcázar se convirtió en la residencia de los reyes durante casi cinco años. En la capital hispalense Doña Isabel descubrió a Murillo y quedó absolutamente fascinada, le gustaban mucho sus temas y   con su propio dinero compró varias obras del maestro sevillano. Esta pasión le duró toda su vida. A la muerte del Cardenal Molina, Presidente del Consejo de Castilla, aprovechó la oportunidad para adquirir La Sagrada Familia del pajarito, que se convirtió en su cuadro predilecto y que siempre le acompañaba. Isabel de Farnesio falleció en 1768 dejando en España una impresionante colección de pinturas, de las cuales trescientas cincuenta y una se encuentran en el Museo del Prado y otras tantas en los diversos palacios reales, hoy pertenecientes a Patrimonio Nacional. La italiana hizo suya la famosa frase de Nicolás Poussin: “La pintura es la amante de la belleza y la reina de las artes”.

Bartolomé Esteban Murillo. La sagrada familia del pajarito. Hacia 1650. Museo del Prado. Madrid.
Bartolomé Esteban Murillo. La sagrada familia del pajarito. Hacia 1650. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Bartolomé Esteban Murillo. Santa Ana enseñando a leer a la Virgen. Hacia 1655. Museo del Prado. Madrid.
Bartolomé Esteban Murillo. Santa Ana enseñando a leer a la Virgen. Hacia 1655. Museo Nacional del Prado. Madrid.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. M.jose dice:

    Alguna vez ha pensado en recopilar todas estas anécdotas en un libro?seria muy interesante.muchas gracias

    1. Bárbara dice:

      Algunas personas me han dicho lo mismo. En principio no me lo he planteado, pero nunca se sabe. Muchas gracias por su comentario y un saludo.

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