Esa mujer no volverá a oír el sonido de mi voz


          Durante el siglo XVIII Francia fue el país más poblado de Europa. En Versalles residía la familia real junto a la más alta aristocracia, que ocupaba distintos apartamentos dentro del complejo. Se dice que unas 10.000 personas  visitaban el palacio cada día. Versalles no estaba cerrado al público en general, sino que cualquiera podía acceder a determinadas zonas siguiendo unas sencillas normas, como ir vestido correctamente, y en caso de ser hombre, portar una espada sobre la cadera.  La vida en palacio era un hervidero de intrigas de todo tipo, ya que lo referente a la vida de los reyes y su familia era público y notorio. La anécdota que traemos a colación tuvo lugar el 1 de enero de 1772, teniendo como protagonistas a la delfina María Antonieta y a la favorita del rey Luis XV, madame du Barry.

Franz Xaver Wagenschön. Maria Antonieta tocando el clavicordio.1769-70. Kunsthistorisches Museum. Viena.
Franz Xaver Wagenschön. Maria Antonieta tocando el clavicordio.1769-70. Kunsthistorisches Museum. Viena.

          La archiduquesa María Antonia de Habsburgo-Lorena era  hija de María Teresa, emperatriz de Austria (la numero quince de los diez y seis hijos que tuvo). En su casa  era simplemente Antonia, ya que a todas las archiduquesas se les bautizaba con el nombre de María delante, pero al llegar a Francia comenzaron a llamarle María Antonieta. El matrimonio entre la archiduquesa y el futuro Luis XVI se celebró en 1770, siendo su objetivo principal  fortalecer las relaciones entre ambos países. Ella solo tenía 14 años y su marido no llegaba a los 17. La princesa era una niña,  alegre, espontánea e ingenua que  provenía de la corte vienesa mucho menos rígida y estricta que la francesa. Su marido  Luis Augusto era el nieto mayor de Luis XV y por lo tanto el delfín de Francia. Era huérfano, muy tímido y retraído, aunque  tenía una mejor preparación intelectual que su esposa. Sentía  pasión por  la caza y le gustaba trabajar con las manos, fabricaba llaves y desarmaba cerrraduras, todo bajo la tutela de un cerrajero profesional. Al principio el delfín no mostró interés alguno por su esposa, por lo que el matrimonio tardó años en consumarse con la consiguiente impaciencia y desasosiego,  no solo de su mujer, sino del rey de Francia y la emperatriz de Austria que veían que no llegaba el deseado heredero, aparte de ser la comidilla general de la corte.

Marie Louise Élisabeth Vigée Lebrun. Retrato de María Antonieta pintada en 1785 para el ministerio de asuntos exteriores. Colección Particular.
Marie Louise Élisabeth Vigée Lebrun. Retrato de María Antonieta pintada en 1785 para el ministerio de asuntos exteriores. Colección Particular.

          La otra protagonista de nuestra historia es la última favorita de Luis XV, madame du Barry.  De origen muy modesto, era hija natural y se había dedicado a la prostitución. Esta “profesional” al convertirse en la favorita del rey  gozó de una gran influencia, no solo atesorando todo tipo de riquezas, sino poder político. Las hijas de Luis XV la detestaban ya que, entre otras cosas, obligó a una de ellas, madame Adelaida, a cederle sus habitaciones para poder estar más cerca de su amante.  Para muchos cortesanos que una mujer de tan dudoso origen tuviera tal ascendencia sobre el monarca resultaba indignante y escandaloso, entre los que la detestaban  se encontraba  la delfina.

Élisabeth Vigée Le Brun. Madame du Barry. 1781. Museo de Arte de Filadelfia.
Élisabeth Vigée Le Brun. Madame du Barry. 1781. Museo de Arte de Filadelfia.

           Cuando María Antonieta se convirtió en princesa de Francia, madame du Barry ya era la favorita oficial de Luis XV.  La austriaca quedó desagradablemente sorprendida de cómo funcionaban las cosas en Versalles, ya  en  la corte de Viena no se daban este tipo de circunstancias. Le pareció algo indigno y decidió despreciar a madame du Barry, pero esta determinación no era fácil, ya que el rey se sentía molesto de que su bella amante fuera ignorada. Peligrando la alianza franco-austriaca, la situación llegó a tal extremo que la emperatriz María Teresa se vio obligada a intervenir exhortando a su hija para que hablara a la favorita. María Antonieta, que deseaba siempre contentar a su madre,  la obedeció.  Al encontrarse con madame du Barry rodeada de sus damas dejó caer una frase: “Hay mucha gente en Versallles hoy”, así se templaron algo los ánimos, aunque lógicamente no a gusto de todos. Más tarde la princesa le dijo a su consejero: “Le he dirigido la palabra una vez, pero estoy decidida a dejar ahí las cosas. Esa mujer no volverá a oír el sonido de mi voz”. Al fallecer Luis XV en 1774, Luis Augusto (al que llamaron “el deseado”) y María Antonieta se convirtieron en reyes de Francia. Madame du Barry fue invitada a abandonar Versalles y enviada a una abadía. Por desgracia el destino volvió a unir a estas antiguas enemigas, ya que ambas murieron en la guillotina con tan solo dos meses de diferencia.

Anónimo. Ejecución de Maria Antonieta el 16 de octubre de 1793.
Anónimo. Ejecución de María Antonieta el 16 de octubre de 1793.

 

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