El servicio doméstico


          Durante siglos el servicio doméstico fue una de las profesiones más habituales para las capas bajas de la sociedad. La nobleza empleaba numerosísima servidumbre dentro de la cual se diferenciaba entre los de “escaleras arriba” y los de “escaleras abajo”. En los palacios de los Grandes de España, el servicio estaba formado por centenares de personas de ambos sexos. La servidumbre era un trabajo esencialmente urbano. A finales del siglo XVII se censaron en Madrid más de 280.000 criados, es decir, un 35% de la población total de la ciudad. Incluso otras fuentes apuntan que un 43% de la población de la capital se dedicaba a esta actividad.

Ramón Bayeu. La cocina. 1793 .Propiedad de Juan Antonio Pérez Simón. En depósito en el Museo de Bellas Artes de Oviedo.
Ramón Bayeu. La cocina. 1793. Propiedad de Juan Antonio Pérez Simón. En depósito en el Museo de Bellas Artes de Oviedo.

          Madame de Aulnoy, noble francesa que  nos visitó en tiempos de Carlos II, escribió un libro sobre sus vivencias titulado Relación del viaje de España. La escritora, que ha pasado a la posteridad por sus cuentos de hadas, relata que la alta aristocracia española vivía con gran lujo, ya que para la duquesa de Osuna trabajaban trescientas dueñas. Por otro lado, el duque de Saint-Simon, que vino en calidad de embajador de Francia en 1721 para las negociaciones de unas bodas reales, cuenta en sus memorias que el duque de Medinaceli tenía setecientos servidores. Tal vez estos datos sean algo exagerados, pero no cabe duda de que se aproximaban a la realidad social del momento.

      Fray Luis de León en su obra La perfecta casada escrita en 1583, habla de la obligación de los señores de dar  trato digno a sus sirvientes y critica duramente a las señoras que abusan  exigiendo a sus criadas unas condiciones de trabajo  duras y humillantes: “…y hay tan vanas algunas, que casi desconocen su carne, y piensan que la suya es carne de ángeles y las de sus sirvientas de perros”. Un siglo más tarde, Juan de Zabaleta en El día de fiesta por la mañana y por la tarde se queja de las soberbias señoras que maltratan a sus criadas obligándoles a servirles de rodillas: “El hacerse servir de ellos de rodillas, no siendo no Dios ni rey, es soberbia muy desamedrentada” y continua: “Mejor plaza es la de perrito faldero en casa de una mujer poderosa que de criada valida”.

William Hogarth. Los Criados. 1750-55. Tate Gallery. Londres.
William Hogarth. Los Criados. 1750-55. Tate Gallery. Londres.

          Aunque todas estas cosas es probable que ocurrieran, no se debe pensar en absoluto que los amos se dedicaran a maltratar y a abusar de sus criados. El señor tenía una serie de obligaciones para con ellos, no debía desatender sus necesidades como la dote, ropa para vestir, alojamiento y comida, incluso si habían nacido en la casa se les podía costear el aprendizaje de un oficio. Cuando un gran señor fallecía, sus hijos heredaban, por así decirlo, los criados. Una de las obras de caridad frecuentes en los testamentos era dotar a doncellas sin recursos para que estas pudieran contraer matrimonio. En Sevilla la Casa de la Misericordia se ocupaba de casar a mujeres pobres entregándoles una sencilla dote que consistía en algo de ropa, enseres para la casa y una cantidad de dinero en efectivo. En el Archivo de Protocolos se pueden consultar estos documentos, que suelen seguir la misma fórmula solamente cambiando los nombres de los contrayentes.

Anónimo. María Calderón. Hacia 1630. Museo de las Descalzas Reales. Madrid.
Anónimo. María Calderón. Hacia 1630. Museo de las Descalzas Reales. Madrid.

          Hemos podido comprobar en diversos documentos de los siglos XVII y XVIII que algunos señores hacían entrega de la dote a criados y criadas para que pudieran casarse, esta era una práctica frecuente. Por ejemplo, en 1730 el sevillano don Pedro de Soto otorga una dote de 6.000 reales a un “trabajador del campo” que va a casarse con su sirvienta Ana María, el documento reza: “a quien he criado en mi casa y servicio desde que la trajeron”. En 1740 el conde de Gerena hizo lo mismo con dos de sus criados. En estos casos se trata de dotes bastante completas,  en ellas se entrega una pequeña parte en dinero en efectivo y enseres para la casa tales como cama, colchones, sábanas, almohadas, ropa interior, ropa de vestir, mobiliario y cacharros de cocina. El conde entregó incluso joyas a la mujer de su “criado mayor”: unos pendientes y una cruz de oro. Por otro lado el vestido principal está valorado en 900 reales, una cifra no desdeñable.

Diego Velázquez. La cena de Emaús. La Mulata. National Gallery. Dublin.
Diego Velázquez. La cena de Emaús. La Mulata. National Gallery. Dublin.

      En Sevilla hubo tráfico de esclavos y en 1700 un viajero extranjero cuenta que eran  muy numerosos. Iban marcados en la cara o en la nariz y sus precios variaban. Las mujeres solían ser más caras porque su capacidad de trabajo era mayor y eran más longevas. Los negros eran valorados porque no se resistían al bautismo. En algunos inventarios de bienes figuran los esclavos. Se suele anotar el nombre, el color y la edad, por ejemplo: “una negra de color atesado llamada Josefa que será de cuarenta y poca más o menos”. Algunas personas dejaban en sus testamentos disposiciones para la manumisión de sus esclavos tras su fallecimiento.

Diego Velázquez. Retrato de Juan Pareja. 1650. Metropolitan Museum. Nueva York
Diego Velázquez. Retrato de Juan Pareja. 1650. Metropolitan Museum. Nueva York

         Diversos artistas españoles tuvieron esclavos a su servicio, entre otros, Pacheco, Murillo o Velázquez; este último inmortalizó a su esclavo morisco Juan de Pareja en un soberbio retrato que alcanzó una cifra record cuando fue subastado en Christie´s en 1970. Desde 1971 forma parte de las colecciones del Metropolitan de Nueva York. Velázquez retrató a su esclavo, que trabajaba de ayudante en su taller, mirando de frente al espectador luciendo un rico cuello de encaje. Juan de Pareja fue también pintor, aunque cuando murió su maestro en 1660 siguió al servicio de su hija Francisca Velázquez, que estaba a su vez casada con otro pintor, Juan Bautista Martínez del Mazo. No debemos olvidar que en la literatura española del Siglo de Oro, la figura de los criados es habitual, tienen protagonismo en las tramas formando una parte activa. En una sociedad donde las señoras tenían poca libertad de movimientos, las criadas ejercieron un papel clave ayudándolas en citas y amoríos.

Francisco de Goya.” Joven barriendo”. Álbum de Sanlúcar o Álbum A. 1794-1795. Museo del Prado.
Francisco de Goya.” Joven barriendo”. Álbum de Sanlúcar o Álbum A. 1794-1795. Museo Nacional del Prado.

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