La doncella


El modelo: Modesta, obediente y recatada

Gerard ter Borch, el joven. Una mujer joven en su baño con una criada. 1650-1651. Metropolitan Museum. Nueva York.
Gerard ter Borch, el joven. Una mujer joven en su baño con una criada. 1650-1651. Metropolitan Museum. Nueva York.

          La doncella era la adolescente que se preparaba para el destino que le eligieran sus padres. Se suponía que las jóvenes no casadas eran inocentes; por eso cuando los moralistas se dirigían a ellas, hablaban de las doncellas. La palabra soltera no se usaba porque en el contexto de la época hubiera tenido implicaciones deshonrosas para la destinataria.

Anónimo (escuela inglesa). Grupo de cinco mujeres en un paisaje. Hacia 1650. Colección particular.
Anónimo (escuela inglesa). Grupo de cinco mujeres en un paisaje. Hacia 1650. Colección particular.

          Según explica Juan de la Cerda, se consideraba que la niña lo era hasta los diez años aproximadamente, «y desde allí es llamada doncella hasta que la mujer toma marido. Este nombre de doncella concuerda hasta los veinte años de edad, porque desde allí ya le cumple casarse». El modelo de doncella que predicaban los moralistas incluía la obediencia, la humildad, la modestia, la discreción, la vergüenza, el retraimiento, etc. Dicho modelo no ofrece variaciones del siglo XVI al XVII, y en el XVI fue defendido incluso por los escritores españoles más tolerantes y abiertos como Vives, Guevara y Cervantes.

Anónimo. Retrato de dama. Siglo XVII. Colección particular.
Anónimo. Retrato de dama. Siglo XVII. Colección particular.

          Para Vives la doncella ha de ser casta, sobria, mesurada, diligente, frugal, amigable y humilde. Pedro de Luxán señala que si la mujer «no hubiere de haber más de una virtud forzosa, ésta había de ser la vergüenza».

Jean Etienne Liotard. La chica del chocolate. 1744-1745. Gemäldegalerie. Berlín.
Jean Etienne Liotard. La chica del chocolate. 1744-1745. Gemäldegalerie. Berlín.

          La vergüenza era lo primero que había que enseñar a las niñas porque, según Vicente Mexía, la misma constituye «un fuerte escudo para que se defiendan de muchos y grandes peligros en que fácilmente podrían caer según su flaqueza». La segunda virtud que, de acuerdo con Mexía, han de tener las doncellas es la honestidad, ya que «con ella son más apacibles a todos». Lo tercero que deben ser es calladas porque «el silencio en ellas, da testimonio de su buen seso, y discreción; como lo contrario hace tenerlas en posesión de disolutas, y de muy poco peso y menos valor».

Anthony van Dyck. Retrato de Maria Luisa de Tassis. Hacia 1630. Fürstlich Liechtensteinische Gemäldegalerie. Liechtenstein.
Anthony van Dyck. Retrato de Maria Luisa de Tassis. Hacia 1630. Fürstlich Liechtensteinische Gemäldegalerie. Liechtenstein.

          Han de hablar poco, y cuando lo hacen deben procurar ser honestas en los términos que emplean, y además tienen que templarse en el comer y beber; todo ello debido a que «el comer y el hablar fue el principio de la perdición de la humanidad». Mexía recomienda, asimismo, «recogimiento corporal» que conviene a la doncella para su descanso y le es útil para «excusarse de muchos peligros, y ocasiones que se ofrecen para pecar». Alonso de Andrade describe a unas modélicas doncellas que se comportaban «con mucho orden y concierto, los ojos bajos, los rostros serenos, el paso grave, y no apresurado, ni espacioso; en todo representaban gravedad, honestidad y madurez».

Philip Mercier. Retrato de joven. Siglo XVIII. Colección particular.
Philip Mercier. Retrato de joven. Siglo XVIII. Colección particular.

          El aconsejar silencio era en general porque, según una sentencia cansinamente repetida, «las mujeres jamás yerran callando, y muy pocas veces aciertan hablando». Fray Luis de León expresa esta necesidad del silencio femenino de forma especialmente contundente:

el mejor consejo que les podemos dar a las tales es rogarles que callen y que ya que son poco sabias se esfuercen a ser mucho calladas. (…) Mas como quiera que sea, es justo que se precien de callar todas, así aquellas a quien les conviene encubrir su poco saber como aquellas que pueden sin vergüenza descubrir lo que saben, porque en todas es no sólo condición agradable, sino virtud debida, el silencio y el hablar poco.

Johannes Vermeer. Joven de pie en un virginal. 1670-1672. National Gallery. Londres.
Johannes Vermeer. Joven de pie en un virginal. 1670-1672. National Gallery. Londres.

          Cabría preguntarse por qué las que pueden sin vergüenza descubrir lo que saben deben permanecer también en silencio. La respuesta está basada en un argumento de naturaleza: «Porque así como la naturaleza (…) hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obliga a que cerrasen la boca». La doncella debe vivir en soledad y retraimiento; esto es defendido incluso por Vives. Aunque él comprende que se debe dejar salir a las jóvenes alguna vez «porque tenerlas siempre en un rincón es como estar en prisión de continuo». Sin embargo, según Vives, las salidas deben espaciarse «tan tarde como fuere posible». Cuando una doncella sale a la calle, por supuesto acompañada de su madre o de una dueña, debe mantener cierta compostura: «en su andar no vaya muy presurosa, ni muy despacio y que en llegando a donde hubiera gente, tenga en la cara en toda su manera mucha crianza»; además: «no mire a los hombres por ver si ellos la miran, y si estuviesen mirando donde ella estuviese con otras mujeres, no piense luego que lo han por ella ni que hablan de sus lindos cabellos».

Nicolaes Pickenoy. Retrato de una joven. 1632. Getty Center. Los Ángeles.
Nicolaes Pickenoy. Retrato de una joven. 1632. Getty Center. Los Ángeles.

          Juan de la Mora señala que la doncella no debe tener ojos ni pies, para no ver ni desear más de lo justo. Juan de la Cerda recomienda a los padres que guarden a su hija con gran vigilancia para «desterrar todas las ocasiones» y también les aconseja «cerrar a cal y canto, todas las puertas, todas las portillas, por donde le pueda venir algún peligro». No le deben consentir tampoco asomarse a la ventana a mirar, ni hablar con mancebos de la calle, porque, indica amenazadoramente de la Cerda, «mujeres que tienen por costumbre ser ventaneras…»

Bartolomé Esteban Murillo. Mujeres en el ventana. 1665-1675. National Gallery. Washington.
Bartolomé Esteban Murillo. Mujeres en el ventana. 1665-1675. National Gallery. Washington.

          De acuerdo con este moralista es peligroso permitir a la doncella que «se huelgue con sus otras amigas, porque a ratos tienen otros mancebos parientes, y vecinos comadreos que las visitan y visitando a las unas, sonsacan a las otras. Ni tampoco las envíen con sirvientes, ni escuderos a devociones y romerías (…) porque no acaezca que vayan romeras y vuelvan rameras».

Mariló Vigil. La vida de las mujeres en los siglos XVI y XVII. Madrid. Siglo XXI editores. 1986. pp. 18-25.

9 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Pedro dice:

    Sometimiento de aquellos.tiempos y exacerbación del.afan de limpiar las culpas ahora han llevado a que las mujeres con la simple promoción de una denuncia falsa x violencia de género cambien las vidas de.los seres de su entorno. Obvio que hay mujeres sometidas a violencia que necesitan todo el apoyo y requieren el severo castigo del victimario.

  2. Como siempre, gran publicación.

    1. Bárbara dice:

      Muchas gracias. Un cordial saludo.

  3. Aurora dice:

    Que pena de vida
    Por todo lo que han tenido que pasar las mujeres en esa época ha tenido que ser horroroso.que forma de comerlas el coco.el mundo contra ellas.nunca mejor dicho

  4. Rafael dice:

    Los siglos modernos han sido los más misóginos de la historia. La Edad Media lo era mucho menos, y a cambio de los juicios negativos, casi todos de origen monástico más que clerical en sentido amplio, puede oponer el valor de su poesía caballeresca o de amor cortés, origen de la presencia literaria de la mujer en Occidente, imposible en cualquier otra civilización.
    Por otra parte, hay que decir que el juicio de esos sabios petulantes que nuestra gentil autora cita sobre la inmensa mayoría de los varones, no era mucho mejor. No costaría nada espigar otra gavilla de textos. Con la diferencia de que las mujeres de esa y todas las épocas podían acogerse a un modelo inalcanzable para cualquier varón: María. Y eso pesaba mucho, mucho…
    Como siempre, deliciosa selección iconográfica.

  5. Bárbara dice:

    Interesante reflexión. Muchas gracias por su comentario. Un cordial saludo.

  6. STELLA CERON dice:

    Tiempos de mucha dependencia, poca libertad, poco pensamiento, las «tales» no deben hablar, miedos, vergüenzas, debió ser muy difícil vivir.
    Gracias Bárbara

    1. Bárbara dice:

      Gracias a ti por seguir mi trabajo y por tus comentarios. Siempre es enriquecedor. Un cordial saludo.

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