Francia es el móvil de las modas


          “Francia es el móvil de las modas. De Francia lo es París, y de París un Francés, o una Francesa, aquel, o aquella a quien primero ocurrió la nueva invención. Rara traza (y más eficaz sin duda que aquella de que se jactaba Arquímedes) se halló para que en particular moviese toda la tierra. Los Franceses, en cuya composición, según la confesión de un Autor suyo, entra por quinto elemento la ligereza, con este arbitrio influyeron en todas las demás Naciones su inconstancia, y en todas establecieron una nueva especie de Monarquía. Ellos mismos se felicitan sobre ese asunto. Para lo cual será bien se vea lo que en orden a él razona el discreto Carlos de San Denis, conocido comúnmente por el nombre, o título de Señor de San Euremont.

Adélaïde Labille-Guiard. Retrato de una dama. Hacia 1787. Museo de Bellas Artes. Quimper.
Adélaïde Labille-Guiard. Retrato de una dama. Hacia 1787. Museo de Bellas Artes. Quimper.

          «No hay país (dice este Autor) donde haya menos uso de la razón que en Francia; aunque es verdad que en ninguna parte es más pura, que aquella poca que se halla entre nosotros. Comúnmente todo es fantasía; pero una fantasía tan bella, y un capricho tan noble en lo que mira al exterior, que los Extranjeros avergonzados de su buen juicio, como de una calidad grosera, procuran hacerse expectables por la imitación de nuestras modas, y renuncian a cualidades esenciales, por afectar un aire, y unas maneras, que casi no es posible que les asienten. Así esta eterna mudanza de muebles, y hábitos, que se nos culpa, y que no obstante se imita, viene a ser, sin que se piense en ello, una gran providencia; porque además del infinito dinero que sacamos por este camino, es un interés más sólido de lo que se cree el tener Franceses esparcidos por todas las Cortes, los cuales forman el exterior de todos los Pueblos en el modelo del nuestro, que dan principio a nuestra dominación, sujetando sus ojos adonde el corazón se opone aún a nuestras leyes, y ganan los sentidos en favor de nuestro imperio, adonde los sentimientos están aún de parte de la libertad.»

          Ahí es nada, a vista de esto, el mal que nos hacen los Franceses con sus modas: cegar nuestro buen juicio con su extravagancia, sacarnos con sus invenciones infinito dinero, triunfar como dueños sobre nuestra deferencia, haciéndonos vasallos de su capricho; y en fin, reírse de nosotros como de unos monos ridículos, que queriendo imitarlos, no acertamos con ello.

Nicolas Lancret. Baile delante de una fuente.1724. Getty Center. Los Ángeles.
Nicolas Lancret. Baile delante de una fuente. 1724. Getty Center. Los Ángeles.

          En cuanto a que las modas Francesas tengan alguna particular nobleza, y hermosura, pienso que no basta para creerlo el decirlo un Autor apasionado. Las cotillas vinieron de Francia; y en una porción la más desabrida de las montañas de León, que llaman la tierra de los Argüellos, las usan de tiempo inmemorial aquellas Serranas, que parecen más fieras, que mujeres. No creo que sus mayores, que las introdujeron, tenían muy delicado el gusto. Si una mujer de aquella tierra pareciese en Madrid, antes de venir de Francia esta moda, sería la risa de todo el Pueblo: conque el venir de Francia es lo que le da todo el precio. Cada uno hará el juicio conforme a su genio. Lo que por mí puedo decir es, que casi todas las modas nuevas me dan en rostro, exceptuando aquellas que, o cercenan gasto, o añaden decencia.

Cotilla. Hacia 1740-1760. Museo del Diseño. Barcelona.
Cotilla. Hacia 1740-1760. Museo del Diseño. Barcelona.

          Las mujeres, que tanto ansían parecer bien, con la frecuente admisión de nuevas modas, lo más del tiempo parecen mal. Esto en lo moral trae una gran conveniencia. Aunque lo nuevo place; pero no en los primeros días. Aún el que tiene más voltario el gusto, ha menester dejar pasar algún tiempo, para que la extrañez de la moda se vaya haciendo tratable a la vista. Como la novedad de manjares al principio no hace buen estómago, lo mismo sucede en los demás sentidos, respecto de sus objetos. Por más que se diga que agradan las cosas forasteras, cuando llegan a agradar ya están domesticadas. Es preciso que el trato gaste algún tiempo en sobornar el gusto. La alma no borra en un momento las agradables impresiones que tenía admitidas; y hasta borrar aquellas, todas las impresiones opuestas le son desagradables.

Mattheus Verheyden. Retrato de Charlotte Beatrix Strick van Linschoten. 1755. Rijksmuseum. Ámsterdam.
Mattheus Verheyden. Retrato de Charlotte Beatrix Strick van Linschoten. 1755. Rijksmuseum. Ámsterdam.

          De aquí viene que al principio parecen mal todas, o casi todas las modas; y como la vista no es precisiva, las mujeres que las usan pierden, respecto de los ojos, mucho del agrado que tenían. ¿Qué sucede pues? Que cuando con el tiempo acaba de familiarizarse al gusto aquella moda, viene otra moda nueva, que tampoco al principio es del gusto; y de este modo es poquísimo el tiempo en que logran el atractivo del adorno, o por mejor decir, en que el adorno no les quita mucho del atractivo.

          Yo me figuro que en aquel tiempo que las Damas empezaron a emblanquecer el pelo con polvos, todas hacían representación de viejas. Se me hace muy verisímil que alguna vieja de mucha autoridad inventó aquella moda para ocultar su edad; pues pareciendo todas canas, no se distingue en quién es natural, o artificial la blancura del cabello: traza poco desemejante a la de la zorra de Esopo, que habiendo perdido la cola en cierta infeliz empresa, persuadía a las demás zorras que se la quitasen también, fingiéndoles en ello conveniencia, y hermosura. Viene literalmente a estas que pierden la representación de la juventud, dando a su cabello con polvos comprados las señas de la vejez, lo que decía Propercio a su Cintia. Naturaeque decus mercato perdere cultu.

Thomas Gainsborough. Retrato de la señora Hibbert. 1786. Neue Pinakothek. Munich.
Thomas Gainsborough. Retrato de la señora Hibbert. 1786. Neue Pinakothek. Munich.

          ¿Qué diré de otras muchas modas por varios caminos incómodas? Como con los polvos se hizo parecer a las mujeres canas, con lo tirante del pelo se hicieron infinitas efectivamente calvas. Hemos visto los brazos puestos en mísera prisión, hasta hacer las manos incomunicables con la cabeza, los hombros desquiciados de su propio sitio, los talles estrujados en una rigurosa tortura. ¿Y todo esto por qué? Porque viene de Francia a Madrid la noticia de que esta es la moda.

Jean-Baptiste Perronneau. La señora de Sorquainville. 1749. Museo del Louvre.
Jean-Baptiste Perronneau. La señora de Sorquainville. 1749. Museo del Louvre.

          No hay hombre de seso que no se ría cuando lee en Plutarco que los amigos, y áulicos de Alejandro afectaban inclinar la cabeza sobre el hombro izquierdo, porque aquel Príncipe era hecho de ese modo. Mucho más se lee en Diodoro Sículo, que los Cortesanos del Rey de Etiopía se desfiguraban, para imitar las deformidades de su Soberano, hasta hacerse tuertos, cojos o mancos, si el Rey era tuerto, manco, o cojo. Mas al fin, aquellos hombres tenían el interés de captar la gracia del Príncipe con este obsequio; y si cada dia vemos que los Cortesanos adelantan la lisonja hasta sacrificar el alma, ¿qué extrañaremos el sacrificio de un ojo, de una mano, de un pie? Pero en la imitación de las modas, que reinan en estos tiempos, padecen las pobres mujeres el martirio, sin que nadie se los reciba por obsequio. ¿No es más irrisible extravagancia esta, que aquella?

Joseph Ducreux. Madame Élisabeth. 1768. Palacio de Versalles.
Joseph Ducreux. Madame Élisabeth. 1768. Palacio de Versalles.

          Aun fuera tolerable la moda, si se contuviese en las cosas que pertenecen al adorno exterior; pero esta señora ha mucho tiempo que salió de estas márgenes, y a todo ha extendido su imperio. Es moda andar de esta, o aquella manera, tener el cuerpo en esta, o aquella positura, comer así, o asado, hablar alto, o bajo, usar de estas, o aquellas voces, tomar el chocolate frio, o caliente, hacer esta, o aquella materia de la conversación. Hasta el aplicarse a adquirir el conocimiento de esta, o aquella materia se ha hecho cosa de moda.”

Maurice Quentin de La Tour. La señora Chatelet en su mesa de trabajo. Hacia 1740. Colección particular.
Maurice Quentin de La Tour. La señora Chatelet en su mesa de trabajo. Hacia 1740. Colección particular.

 

Benito Jerónimo Feijoo. Teatro crítico universal. Tomo segundo. Extracto del discurso sexto. 1728.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. STELLA CERON R. dice:

    Excelente!

    1. Bárbara dice:

      Muchas gracias. Las reflexiones de Feijoo son magníficas. Un cordial saludo.

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