La mujer y sus circunstancias


Diego Velázquez. La costurera. Hacia 1635-1643. National Gallery. Washington.
Diego Velázquez. La costurera. Hacia 1635-1643. National Gallery. Washington.

          Ayer se celebró el Día Internacional de la Mujer, una efeméride que pone de relieve el enorme avance que su situación ha experimentado en las últimas décadas. El acceso al conocimiento ha traído consigo un cambio radical en la sociedad. Nuestras abuelas no iban a la universidad salvo en contados casos, pero hoy las mujeres se forman como los hombres, ya sea en estudios medios o superiores. Entrando en materia diremos que desde el pecado original, las descendientes de Eva hemos sido consideradas como responsables de casi todos los males del mundo. Las mujeres se dividían en dos tipos: las honorables y las otras; esta dicotomía se basaba lógicamente en el tipo de relaciones que tuvieran con el sexo opuesto.

Alberto Durero. Adán y Eva. 1504.
Alberto Durero. Adán y Eva. 1504.

          El matrimonio era la salida mas honrosa y adecuada para cualquier mujer, en palabras de Fernández Álvarez: “La familia era un reino en miniatura. Y un reino que se reproducía. aquí radica su singularidad respecto a los tiempos actuales, los padres no solo mandaban plenamente sobre sus hijos, sino también sobre quienes iban a ser los padres de sus nietos. De ese modo se establecía una cadena familiar que atravesaba los siglos”. Los enlaces poseían una fuerte endogamia, es decir, se contraían entre miembros de la misma clase social; incluso la nobleza cortesana debía pedir su beneplácito al rey. El matrimonio en España seguía las normas del Concilio de Trento establecido por Felipe II en 1564, siendo un sacramento que se basaba en la libre elección de los contrayentes y debía ser celebrado ante un sacerdote para que fuera válido. Esto último no debemos entenderlo desde una perspectiva actual, sino en el sentido de que no se era conveniente celebrar enlaces a la fuerza. El Catecismo del Concilio afirma: “(…) el matrimonio es consentimiento del hombre y la mujer, esto debe entenderse que el consentimiento sea la causa eficiente del matrimonio (…) porque la obligación y enlace no puede nacer sino del consentimiento y el pacto”.

Jean-Baptiste Simeón Chardin. Mujer limpiando nabos. Hacia 1738. Alte Pinakotheck. Múnich.
Jean-Baptiste Simeón Chardin. Mujer limpiando nabos. Hacia 1738. Alte Pinakotheck. Múnich.

          El matrimonio era de por vida e indisoluble. La separación de derecho era prácticamente imposible aunque lógicamente había separaciones de hecho. Uno de los objetivos fundamentales era la preservación del propio grupo, sobre todo en lo que respecta a la nobleza. El matrimonio de conveniencia era algo consustancial a todos los grupos sociales; en algunos casos se pactaban cuando los futuros contrayentes eran niños, y se esperaba a los catorce años de la mujer para celebrar el sacramento. En muchos casos la diferencia de edad entre los contrayentes era notoria, a veces las niñas pasaban de jugar con muñecas a ser amas de su propia casa. Para la nobleza lo importante era la procreación con el fin de perpetuar la estirpe y los apellidos, por lo que otras consideraciones como los sentimientos no se contemplan hasta épocas muy posteriores.

Gerrit Dou. Retrato de la madre de Rembrandt leyendo. Hacia 1630-1635. Rijksmuseum. Amsterdam.
Gerrit Dou. Retrato de la madre de Rembrandt leyendo. Hacia 1630-1635. Rijksmuseum. Amsterdam.

          Esta situación provocaba que no fuera para nada extraño la existencia de hijos ilegítimos, que aumentaron en el siglo XVIII. Incluso en 1796, los bastardos fueron por primera vez admitidos en los gremios lo que nos muestra un cambio en la mentalidad. Evidentemente era más común tener hijos fuera del matrimonio por parte del varón, ya que los hijos que tenía la mujer se consideraban del matrimonio. Las bodas se programaban entre las familias respondiendo a intereses económicos y sociales, normalmente el padre de la novia elegía el marido y muchas veces la pareja no se conocía hasta la boda. Fernández Álvarez lo deja meridianamente claro: “Y puesto que los matrimonios de los monarcas se regulaban por estrictas normas, sin que hubiera que tener en cuenta los deseos personales, también se trasplanta ese modelo regio con todas sus consecuencias”.

Francois Boucher. Madame de Pompadour. 1758. Alte Pinakothek. Munich.
Francois Boucher. Madame de Pompadour. 1758. Alte Pinakothek. Munich.

          Carmen Martín Gaite en su magnífico estudio Usos amorosos del dieciocho en España se muestra rotunda: “Los matrimonios por amor eran totalmente insólitos y de hecho no existían: se hacía siempre atendiendo a las consideraciones de igualdad de clases y fortunas”. Un caso muy singular fue el protagonizado por la escultora Luisa Roldán (1652-1706), hija de Pedro Roldán. La sevillana, que debía ser una mujer de armas tomar, se negó a casarse según los designios de su padre, por lo que se le negó la dote. Esta situación provocó que llegaran a los tribunales que acabaron por darle la razón a ella. La Roldana, aun así, se vio obligada a abandonar Sevilla, primero trabajó en Cádiz para más tarde trasladarse a Madrid donde llegó a ser escultora de cámara de Carlos II.

Luisa Roldán. Primeros pasos de Jesús. 1692-1706. Museo de Guadalajara.
Luisa Roldán. Primeros pasos de Jesús. 1692-1706. Museo Provincial de Guadalajara.

          El hombre al casarse llegaba a la plena independencia, pero la mujer estaba sometida a una “capitis diminutio”, por lo que estaba en manos del marido. El matrimonio se basaba en una serie de requisitos entre los cuales cabe destacar: el consentimiento de los padres, que los esposos pertenecieran a parecido nivel social y que la mujer fuera virgen, punto que no se exigía al marido como tampoco la fidelidad conyugal, requerida a la esposa. El padre ejercía el poder absoluto sobre la familia, a la que debía proteger y mantener, por lo que no era común que la mujer trabajara fuera de casa. En cualquier caso, había profesiones normalmente desarrolladas por mujeres como la fabricación de tejidos y la elaboración de tabaco; aunque siempre con sueldos inferiores a los hombres. La mayor parte de las asalariadas se dedicaban al servicio doméstico. En definitiva, el matrimonio introducía a la mujer en la sociedad, a la que sino difícilmente podía acceder, además de salir del yugo paterno o de la posibilidad de profesar en un convento. Muchas soñaban con que al casarse obtendrían algún tipo de emancipación ya que la soltería estaba considerada era un problema grave para ella misma y para su familia. Una mujer sin “colocar” era un verdadero estorbo, afortunadamente esos tiempos pasaron para todos.

Francisco de Goya. Majas en el balcón. Hacia 1808-1812. Colección particular
Francisco de Goya. Majas en el balcón. Hacia 1808-1812. Colección particular

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mercedes dice:

    Que divertido y entretenido lo que cuentas Bárbara !!!!!!

    1. Bárbara dice:

      Muchas gracias Mercedes. Un abrazo.

  2. Manuel domínguezh dice:

    Y lo que aún le queda por recorrer ….Tú sigue demostando lo que vale una mujer..

    1. Bárbara dice:

      Muchas gracias por verlo así Manolo. Cuenta con ello.

  3. Manuel S. dice:

    Muy interesante Barbara!!!!!, hasta bien entrado el SXX la mujer casada ha necesitado el permiso del marido para muchas cosas.

    1. Bárbara dice:

      Así es Manolo. Yo creo que uno de los avances mas significativo ha sido el acceso al conocimiento.

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