Las cigarreras de Sevilla

          “Para llenar esta cuartilla solo tengo una idea, un recuerdo brevísimo; pero que me llena de triste sensualidad, tan grande y abundante como el perfume que depositan en una alcarraza tres gotas de esencia de las rosas de los califas. Este recuerdo es un cuarto de hora que pasé en la…

Yo le declaré la guerra al corsé

          Todavía se llevaba corsé. Yo le declaré la guerra. El último representante de esos malditos aparatos se llamaba Gache Sarraute. Cierto es que siempre he visto a las mujeres sin saber qué hacer con sus protuberancias, e inquietándose por disimularlas o repartirlas. Pero el corsé las clasificaba en dos masas…

El hombre fino al gusto del día

          La moda es la más inconstante de las fingidas divinidades, pero es la que tiene más adoradores. Su imperio se estiende por do quiera, y hay cierta especie de de sabiduría en no ir contra ella. Tan grande es su poder, dice un proverbio, que el hombre sabio es el…

El abanico es la ventana de su alma

         Hay tres clases de mantillas, y hasta hace unos años todavía ninguna dama podría prescindir de un juego completo: primero blanca, que se usa en las grandes ocasiones, como nacimientos, corridas y Lunes Santo; se compone de blonda fina o encaje bordado, pero no les va bien a las mujeres españolas,…

Los españoles van vestidos en consecuencia

          Aunque fuese a mitad de noviembre, la temperatura era todavía muy alta durante el día; pero bajaba bruscamente a la puesta de sol, hasta el punto de ser a veces demasiado fresca al atardecer y durante la noche. Los españoles saben a qué atenerse, y van vestidos en consecuencia. La…

La armadura del buen gusto, o el corsé

Lector mira esas figuras, que son criticas morales; y retratos bien cabales de vanidosas locuras. Ese joven a infinitos en el día representa, que llevan errada cuenta, por parecer puliditos, con sus locos calendarios resultan muchos perjuicios; pues son fomentos de vicios, y mártires voluntarios. El criado a hincapié tirando ajusta bien el corsé: sabe…

La mantilla española

Airosamente prendida con alfileres de plata, blanco búcaro de encajes que sostiene una guirnalda, gracioso y digno remate de una figura gallarda… no hay en el mundo un tocado como la mantilla clásica. Sombreritos de colores con plumas negras o blancas, gorritos de terciopelo, capotas estrafalarias… han conquistado la tierra del calañés y la faja,…

Jaulas de acero

        En la primera mitad del  Imperio, la moda era muy extraña. Nuestras actuales elegantes, que oprimen tanto como pueden su esbelto cuerpecito, se horrorizarían si hubieran de presentarse con aquella masa de tela que, sostenida por una jaula de acero, alcanzaba un volumen que hacía poco menos que imposible que tres…

Discurso contra los males trajes y adornos lascivos

          Mas todo esto es sombra o remedo de la penalidad con que viven nuestras españolas con el nuevo traje pomposo, ya, como a porfía y emulación, tan aumentado con nuevos y extraordinarios instrumentos de enaguas almidonadas, polleras, guardainfantes de fuertes y doblados arcos (hasta de hierro, o alambre de gruesos…