El estrado femenino: lujo, apariencia y cotilleos


          “Aunque la amistad entre las mujeres no suele ser de grande utilidad, puede causar utilidad grande, porque obligan en ella a sus maridos, padres, hermanos y parientes: por eso entre ellas es la comunicación necesaria, por eso es conveniente que se visiten.

Juan García de Miranda.La educación de Santa Teresa. 1735. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Juan García de Miranda.La educación de Santa Teresa. 1735. Museo Nacional del Prado. Madrid.

           Llega el día de fiesta, previenen a la mujer que han de visitar, y después de comer van a la casa de la amiga avisada. La primera que llega es una viuda, que como no tiene marido a quién esperar, come más temprano. Llega con un luto de tan buena tela y de tan buen corte, que sin la toca fuera gala, por la toca es luto. Esta es tan delgada, tan transparente y tan ligera, que por estar prendida no se la lleva el aire. Muy poco luto trae quién trae esta toca. Los sentimientos son muy desaliñados: quién trae luto pulido, muy poco sentimiento tiene. De tal manera andan algunas viudas aliñadas, que parece que traen la toca, no por dolor, sino por letrero que dice: «esta mujer se quiere casar, quien la quisiera acuda a quién la pueda hablar.» Con esto no parece que traen el luto porque enviudaron, sino por casarse. Ea, por amor de Dios, que una viuda galana desestima al marido que pasó y amedrenta al que ha de venir. Empieza, pues, a entrar, y llega a un recibimiento con unos escaños y unos cajones: pasa desde aquí a una pieza cuyas paredes cubren unas pinturas que son traslados, y cuyas márgenes ocupan unas sillas que no son nuevas. Entra luego en una sala que recibe la luz por cristales que están dando luz a la vivísima y hermosísima representación que hace una tapicería flamenca. En ella hallan los ojos una comedia sin voz de la historia que propone. Aquí está el primer estrado. Almohadas y sillas de terciopelo carmesí, una alfombra turca, tan grande y tan varia, que parece el suelo de un jardín grande. En medio de ella un brasero de plata sin lumbre, que entre sus flores y cuadros más parece fuente que brasero. Este estrado no sirve de más que de dar a entender que sobra.

Casa Museo Lope de Vega. Madrid.
Casa Museo Lope de Vega. Madrid.

          Engólfase después en una cuadra, a quien sirven de colgadura unas escarlatas cortadas a espacios iguales y convenientes, con puntas de oro de dos cabezas, almohadas de lo mismo con la misma guarnición, sillas de vaqueta a cuyos clavos sirven de cabezas pavones dorados, la alfombra de Tiro, de cuyos hilos salían claveles, un brasero en ella con la caja de ébano y marfil, lleno de erraj encendido, tan grande, que se juzgaba estanque de rescoldo. Entre las sillas, a distancias conformes, escritorios de preciosa materia, de labor preciosa: encima de ellos vivas estatuas de madera, tan vivas, que se creía que callaban, no que no hablaban. En los rincones escaparates que aprisionan infinidad de menudencias costosas. Estas son unas alhajas que ni abrigan ni refrescan, que embarazan y no adornan, que no son buenas para empeñadas sino para empeñarse: espectáculo que da vergüenza á los ojos de buen juicio.

Museo Casa Natal de Cervantes. Alcalá de Henares.
Museo Casa Natal de Cervantes. Alcalá de Henares.

          Aquí es el estrado del cumplimiento, más adentro está el del cariño. Introdúcese en el aposento de dormir, aquí está una cama con la colgadura del tiempo, y un estrado como la colgadura. Aquí se halla en pie y cariñosa a la señora de la casa: toman almohadas y siéntanse. Sale de una silla carmesí con todos los requisitos de su estado una mujer principal. Ésta hace gala de ser enfermiza, nunca está buena: la mejor nueva que da de si, es que está mejor. Lleva dos parchecitos negros en las sienes, tan pequeños, que pueden servir de puntos en la ortografía. Mujer de Dios, si son medicamento, ¿qué facultad puede tener cantidad tan poca? Y si son mentira, ¿ para qué son? El afeite es un engaño hecho de cosas hermosas, ¿quién sino es que esté sin juicio, se ha afeitado con defectos? No hacen esos parchecitos mejor tu figura, sino mayor tu figurería. Anda los mismos pasos que la viuda: llega al estrado, donde es recibida con agrado ceremonioso. Empieza la conversación en informarse, las unas de la salud de las otras, y la enfermiza dice que aquella jaqueca la trae sin juicio y lo que la trae sin juicio es querer dar a entender que tiene jaqueca.

Museo del Greco. Toledo.
Museo del Greco. Toledo.

          Apéanse a este tiempo de un coche en la puerta de la casa una mujer mayor, que tiene el marido en un gobierno en las Indias y una hija suya doncella opilada, tan sin color como si no viviera. Nadie juzgara que salía del coche para la visita sino para la sepultura. Comía esta doncella barro, linda golosina. ¿Cuánto diera esta moza por estar enterrada, por tener la boca llena de tierra? Dios hizo a esta mujer de barro y ella con el barro se deshace. Esta y la de los parchecitos en las sienes, parece que andan buscando con qué hacerse feas. De la manera que la tierra enturbia el agua, enturbia el color puro de un rostro la tierra comida. Mucha gana parece que tiene de pecar la que come barro. Lo primero, porque comete el pecado de peor gusto de cuantos se cometen. Luego, porque siendo difícil mucho defendernos de los antojos culpables de este barro, de que somos hechos, ella echa más barro.

Pedro de Camprobín. Mesa de escritorio con tazón de fruta. 1635. Fundación Banco de Santander.
Pedro de Camprobín. Mesa de escritorio con tazón de fruta. 1635. Fundación Banco de Santander.

          Llegan al estrado, donde son con agasajo recibidas. Antes de sentarse dice (mirando á la doncella) la viuda: —|!  Válgate Dios por muchacha, y cuál estás! Ea, de la misma manera estaba yo antes que me casara. Vanse a sentar, y la vieja con las faldas quiebra un barro de Natán que estaba sobre un bufetillo. Asustase mucho y dice a la dueña de la casa: —Amiga, yo daré satisfacción de mi descuido: del primer cajón de estos barros que envíe el Gobernador os enviaré media docena. Mandas que toman el plazo, no son más que mentira sabrosa. La dueña de la casa dice, con una risa muy desapasionada: -La mayor merced del mundo me habéis hecho en quebrar esa sabandija, porque eran insufribles las tentaciones que me daba de beber por instantes; — y entre sí estaba diciendo: «pluguiera a Dios se te hubiera quebrado un ojo antes que el barro.» Toman almohadas y enlázanse en la conversación”.

Juan de Zabaleta. El día de fiesta por la mañana y por la tarde. Abreviado y anotado por A. R. Chaves. Madrid. 1885. pp.180-183.

El día de fiesta por la tarde se publicó por primera vez en Madrid en  1659.