La devoción de Santa Teresa por San José


“5. Pues, como me vi tan tullida y en tan poca edad y cuál me habían dejado los médicos de la tierra, determiné acudir a los del Cielo para que me sanasen. Que todavía deseaba la salud, aunque con mucha alegría lo llevaba, y pensaba algunas veces que si estando buena me había de condenar, que mejor estaba así; más todavía pensaba que serviría mucho más a Dios con la salud. Este es nuestro engaño, no dejarnos del todo a lo que el Señor hace, que sabe mejor lo que nos conviene.

Antonio Palomino. Santa Teresa de Jesús escribiendo. Siglos XVII-XVIII. Museo de Segovia.
Antonio Palomino. Santa Teresa de Jesús escribiendo. Siglos XVII-XVIII. Museo de Segovia.

6. Comencé a hacer devociones de misas y cosas muy aprobadas de oraciones — que nunca fui amiga de otras devociones —; y tomé por abogado y señor al glorioso San José, y me encomendé mucho a él.

Vi claro que así de esta necesidad, como de otras mayores, este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabía pedir. No me acuerdo, hasta ahora, haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo; de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; que a otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; a este glorioso santo tengo experiencia que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender que así como le estuvo sujeto en la tierra, así en el Cielo hace cuanto le pide. Esto han visto otras algunas personas, a quienes yo decía se encomendasen a él, también por experiencia.

7. Procuraba yo hacer su fiesta con toda la solemnidad que podía, más llena de vanidad que de espíritu, queriendo se hiciese muy bien, aunque con buen intento.

Querría yo persuadir a todos fuesen devotos de este glorioso santo, por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios. No he conocido persona, que de veras le sea devota, que no la vea más adelantada en la virtud; porque aprovecha en gran manera a las almas que a él se encomiendan. Hace algunos años que cada año en su día le pido una cosa, y siempre la veo cumplida. Si va algo torcida la petición, él la endereza para más bien mío.

Bartolomé Esteban Murillo. San José y el Niño. Hacia 1670-1675. 
Museo Ringling. Sarasota.
Bartolomé Esteban Murillo. San José y el Niño. Hacia 1670-1675.
Museo Ringling. Sarasota.

8. Si fuera persona que tuviera autoridad de escribir, de buena gana me alargaría en decir muy por menudo las mercedes que ha hecho este glorioso santo a mí y a otras personas; mas, por no hacer más de lo que me mandaron, en muchas cosas seré corta, más de lo que quisiera. Sólo pido, por amor de Dios, que lo pruebe quien no me creyere; y verá por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción.

Andrea Vaccaro. Santa Teresa con la Virgen y San José. 1642. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid.
Andrea Vaccaro. Santa Teresa con la Virgen y San José. 1642. Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid.

En especial personas de oración siempre le habían de ser aficionadas; que no sé cómo se puede pensar en la Reina de los Ángeles, en el tiempo que tanto pasó con el Niño Jesús, que no den gracias a San José por lo bien que les ayudó. Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome este glorioso santo por maestro y no errará en el camino. Señor, no haya yo errado en atreverme a hablar de él; porque, aunque publico serle devota, en los servicios y en imitarle siempre he faltado; pues él hizo, como quien es, en hacer que pudiese levantarme y andar y no estar tullida; y yo, como quien soy, en usar mal de esta merced.

Bartolomé Esteban Murillo. La sagrada familia del pajarito. Hacia 1650. Museo del Prado. Madrid.
Bartolomé Esteban Murillo. La sagrada familia del pajarito. Hacia 1650. Museo del Prado. Madrid.

9. ¡Quién dijera que había de caer tan pronto, después de tantos regalos de Dios, después de haber comenzado Su Majestad a darme virtudes, que ellas mismas me despertaban a servirle; después de haberme visto casi muerta y en tan gran peligro de ir condenada; después de haberme resucitado alma y cuerpo, que todos los que me vieron se espantaban de verme viva!”

Teresa de Jesús. Libro de la vida. Editorial Rialp. Madrid. 1982.  pp. 66-67.

Santa Teresa de Ávila desarrolló una profunda devoción por San José a partir de una experiencia personal de curación milagrosa en su juventud, cuando, gravemente enferma y paralizada, se encomendó a él como abogado y señor, recibiendo una sanación que atribuyó directamente a su intercesión divina. Santa Teresa le consideraba un protector poderoso en todas las necesidades, tanto espirituales como materiales, y lo recomendaba fervientemente a todos, especialmente a las personas de oración, persuadiéndolas por su propia experiencia de los grandes bienes que alcanza de Dios.

Deja un comentario