La catedral de San Pablo según Moratín


St_Paul's_by_Thomas_Hosmer_Shepherd_(early_19th_century)

«Está bien la descripción que hace Ponz, en su Viaje fuera de España, tomo II, carta primera, de la iglesia catedral de San Pablo: creo muy bien que será harto inferior este edificio a San Pedro de Roma, y aún creo más. La iglesia del Escorial es más grande, a mi parecer (y esto se entienda comparando sólo una iglesia con otra), puesto que si se cuenta toda la fábrica de San Lorenzo el Real, hay que hacer tres iglesias como la de San Pablo. Es, sin embargo, cosa magnífica: la cúpula me pareció majestuosa y elegante; los ornatos exteriores muy bien hechos; la estatua de la Reina Ana sobre un pedestal, delante del frontispicio, cosa mezquina y de poco mérito.

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Lo interior es correspondiente a la gran mole de este edificio, si bien se pierde a la vista una gran parte de la longitud de la nave principal por el atajadizo que forma el coro. Entre los adornos interiores hallé algunos de muy mal gusto, pesados, inútiles y ridículos; la sillería del coro me pareció igualmente de corto mérito, y me atrevo a decir lo mismo de las pinturas de la cúpula.

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Dando una voz en medio de la iglesia, se repite el eco dos veces, y cerrando de golpe una puerta que sale a la barandilla de la media naranja, produce el mismo ruido que un cañonazo. Nada de esto es admirable, atendida la construcción de un edificio tan vasto, y más que todo, su desnudez: como la religión anglicana no sacrifica, ni da culto a las imágenes, sus templos están desnudos, y más que todos ellos, el de San Pablo, donde no se ve ni un cuadro, ni una efigie, ni un altar, ni un banco siquiera: así es que exceptuando la sillería del coro y el órgano, todo lo demás está como salió de las manos del arquitecto. Parece un edificio desalquilado, donde faltan los muebles, los adornos y el dueño que le ha de habitar. Se enseña una escalera redonda, toda de piedra, sostenida sólo por la pared a que está unida y la parte interior del círculo que forma, sin apoyo alguno. Se enseña también una librería, donde no hallé cosa particular, pues aunque podrá haber en ella libros muy buenos, éstos no entran en la lista de lo que es visible, y apenas da lugar el charlatán conductor para leer algunos títulos por el forro.

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Para ver un modelo, muy estropeado, que está a la parte alta de la iglesia, se atraviesan unos pasillos cubiertos, con vigas y tablas como cualquier guardillón; para llegar a la linterna se sube una multitud de escaleras de madera, y se ve toda la armazón de la cúpula, que es de madera también, lo cual rebaja mucho la grande idea que da lo exterior del edificio, y se echan de menos las piedras y bóvedas del Escorial. Después de subir media hora por estos desvanes tenebrosos (que no son otra cosa que desvanes), se sale a la barandilla exterior de la linterna.

St-Pauls-Cathedral-Nave-Picture

Para llegar a conocer la extensión de esta inmensa capital, es necesario verla desde allí: a una parte se descubre el río, que la divide del arrabal de Southwark, con los tres puentes magníficos que la atraviesan; la multitud de navíos que cruzan por él o están anclados a sus orillas; una campiña hermosa y dilatada, llena de poblaciones y cultivada como un jardín; y a la otra parte se ve la ciudad de Londres, unida a la de Westminster, donde se observa la anchura y rectitud de sus calles, la proporción y uniformidad de sus casas, las torres de sus iglesias, todas modernas y de piedra, que descuellan entre la confusa multitud de los demás edificios. Ni es menos de notar el humo que sale de tantas chimeneas, el cual forma una nube espesa, que cubre la mitad del horizonte, y oculta una gran parte de la ciudad: accidente que contribuye a dar una idea mayor de su grandeza.

St-Pauls-Cathedral-View-From-The-Shard-Of-Glass

Una observación que hice después de esto, me hizo olvidar todas las otras. Las piedras de que se ha formado este grande edificio se componen de arena y despojos marinos: el choque de los elementos, que ha alterado ya en muchas partes la superficie que las dio el cincel, ha descubierto una multitud de conchas confusamente unidas, y entre ellas se ven algunas, cuasi enteras, de las ostras que comúnmente se venden por las calles de Londres. Así es que con los animales y plantas marinas se ha podido edificar la iglesia de San Pablo.

St-Pauls-Cathedral-Aerial-View-Picture

¡Qué mudanza tan maravillosa! Pero esta gran mole volverá al mar, de donde salió, con el transcurso de los siglos; la soberbia ciudad que está a sus pies, centro de la opulencia, de la industria, de las artes, de la sabiduría y de los vicios, desaparecerá igualmente; y el nombre del caballero Wren, arquitecto de este templo magnífico, quedará altamente borrado en la memoria de los hombres. ¡Qué pequeños somos! Nada es grande, nada es durable sino Dios.»

Leandro Fernandez de Moratín. Apuntaciones sueltas de Inglaterra. 1792.

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