¡Nadie espera a la Inquisición española!


          “Hay que dejar claro que, para que la Inquisición sea la buena, la de verdad, la fetén, la que precede a la Shoá [1] judía, al holocausto nazi, la que convierte cualquier película sobre la Edad Media o sobre la historia de España en la tierra negra de Mordor, ha de ser la española. Con ese apellido ya sí que no hay duda. Así los franceses se hacen los locos con la tontuna de que fueron ellos quienes la pidieron al Papa originalmente para perseguir a los cátaros. Y el papa Lucio III en 1184, en un Concilio celebrado en Verona (Italia), proclamará la Ad Abolendam, para toda la ralea de heréticos que pululaban por la siempre tolerante Francia. Que majos siempre los franceses. Y que calladitos están cuando quieren los italianos, por cierto.

Taller del Maestro de Boucicaut Expulsión de los habitantes de la villa de Carcason en 1209. Hacia 1415. British Library. Londres.
Taller del Maestro de Boucicaut. Expulsión de los habitantes de la villa de Carcason en 1209. Hacia 1415. British Library. Londres.

         Quedó así establecida la Inquisición episcopal. Luego ya, que si cruzada contra esos albigenses de Toulouse, con raves de las buenas, como la masacre de Beziers de 1209, donde los cruzados hicieron traspaso a lo espiritual de 30.000 almas. Diez veces más en una acción que todas las víctimas de la Inquisición española en tres siglos y medio. Es una matanza que no distinguía edad, sexo o religión real. [2]

Jean Perrissin. La masacre de la población católica en Nimes en octubre de 1567. 1569-1570. British Museum.
Jean Perrissin. La masacre de la población católica en Nimes en octubre de 1567. 1569-1570. British Museum.

         ¿Pero sobre quién se va a crear la Leyenda Negra y el mito de los malos malosos que son malos de verdad? ¿Eh, eh? ¿Sobre el conde tolosano Simón IV de Montfort, o sobre Isabel la Católica? ¿Sobre el legado papal francés Arnaldo Amaury, o sobre un monje castellano llamado Tomás de Torquemada? No me respondan, que ya sé que no saben quién fuera el tal Simón, que suena a vino malo y a descoordinador de emergencias pandémicas. Y del Arnaldo ese, muy friqui me tiene que ser usted para haberlo oído antes.

François Dubois. La Masacre de San Bartolomé. Museo Cantonal de Bellas Artes. Lausana.
François Dubois. La Masacre de San Bartolomé. 1572-1584. Museo Cantonal de Bellas Artes. Lausana.

          Pero es que estos franceses son unos fenómenos, lo que yo les diga. Hacen una escabechina en París la Noche de San Bartolomé, la del 13 de agosto de 1572, y Alejandro Dumas lo que hace es una novela. Unos 2.000 hugonotes masacrados, y luego ya por toda la bella Francia en plan de que no pare la fiesta (¡marcha, marcha¡), la cifra acabaría en unos 10.000. El precedente fue, en comparación, algo nimio. La llamada Miguelada, llevada a cabo por los protestantes contra los clérigos, el 29 de septiembre de 1567. Unos 90 que se fueron al martirologio católico. Casi el doble que ajusticiados por la brujería en España durante su historia.

[1] El término Shoá es el término hebreo utilizado para referirse al Holocausto (Genocidio en el que seis millones de judíos fueron asesinados por el régimen nazi).

[2] De hecho, en plena masacre, es la famosa frase histórica del inquisidor Arnaud Amaury, otro francés tolerantísimo y majo, majo: Tuez-les tous! Dieu reconnaitra les siens! (“¡Matadlos a todos! ¡Dios reconocerá a los suyos!”)

Javier Santamarta del Pozo. Fake News del Imperio Español. Madrid. La esfera de los libros. 2021. pp. 92-93.

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