El siglo XVIII, coser y cantar



          “La entrada de la Casa de Borbón a la corte madrileña traerá consigo importantes cambios sociales, políticos, culturales, científicos y económicos. En lo que se refiere a la industria textil, a la llegada de Felipe V esta se encontraba en decadencia, por ello se recurrió principalmente a la importación de tejidos procedentes de Lyon, el centro sedero más importante de la época.

Anónimo. Felipe V, rey de España. Hacia 1700. Museo Nacional del Prado, en depósito en el Consejo de Estado.
Anónimo. Felipe V, rey de España. Hacia 1700. Museo Nacional del Prado, en depósito en el Consejo de Estado.

         Para paliar esta situación de declive industrial y no depender del exterior, las políticas de los Borbones se centraron en la activación de la industria nacional impulsando las fábricas ya existentes y creando otras[1]. Estos centros abastecían a los mercaderes de tejidos cuya clientela principal era la corte, el clero y la nobleza.

         Los principales centros productores textiles nacionales fueron Toledo, especializado en ornamentos litúrgicos, Valencia, con una importante industria sedera y Cataluña, dedicado a la producción del algodón y de telas estampadas denominadas «indianas». En el caso concreto de Madrid la actividad de venta de sedas, lanas, linos, brocados y algodones se concentraba alrededor de la Puerta de Guadalajara, donde se daban cita los denominados «Cinco Gremios Mayores».

         Además, a mediados de siglo fue común encontrar tiendas donde se vendían este tipo de tejidos. Así fue como se produjo el paso del negocio «nómada» al «sedentario», creando lugares de recepción donde mostrar los más fastuosos textiles del momento a los personajes adinerados de la época.

         Esas primeras tiendas se concentraron en las calles más comerciales de Madrid, como era la calle de la Montera, donde en el número 11 se encontraba la tienda de José Geniani, uno de los italianos que se habían asentado en el Madrid dieciochesco y se dedicaba a la venta de diversos artículos, entre ellos textiles.

Luis Paret y Alcázar. La tienda del anticuario. 1772. Museo Lázaro Galdiano. Madrid.
Luis Paret y Alcázar. La tienda. 1772. Museo Lázaro Galdiano. Madrid.

         Podemos hacernos una idea de cómo sería este negocio a través del lienzo La tienda, de Luis Paret y Alcázar pintado en 1772 para el infante don Luis de Borbón, que se conserva en el Museo Lázaro Galdiano. El pintor nos muestra una escena cotidiana de venta diaria en el comercio. En ella es el mancebo situado tras el mostrador en la parte derecha superior quien se aúpa para colocar una pieza textil en un aparador, como puede verse en el siguiente detalle.

         En lo que se refiere a la situación laboral de la mujer en la costura, un hecho destacable tendrá lugar en el siglo XVIII bajo el reinado del monarca Carlos III (1759-1788). Será en este momento cuando se emita la Real Cédula del 2 de enero de 1784, por la que se determina que todas las mujeres podrán trabajar en la manufactura de hilo y en cuantos oficios determinen «el decoro y fuerza de su sexo». Es decir, desde este momento la mujer va a poder incorporarse a los talleres de confección y ejercer el oficio. Esta incursión femenina en el ámbito laboral de la costura ayudará a contribuir a las dotes y a la economía familiar. Además, fue de tal importancia que en algunas reales fabricas se contemplaron medidas no solo para incentivar su incorporación al trabajo, sino también para favorecer a sus maridos.

Editor Antonio Bosch. Imprenta Narciso Ramírez. Andanada con 48 escenas relativas a la zarzuela barberillo de Lavapiés. 1860-1870. Metropolitan Museum. Nueva York.
Editor Antonio Bosch. Imprenta Narciso Ramírez. Andanada con 48 escenas relativas a la zarzuela barberillo de Lavapiés. 1860-1870. Metropolitan Museum. Nueva York.

         El valor social de las modistas y costureras quedará reflejado en el género chico. Así, en El barberillo de Lavapiés se nos muestra el oficio de la costura en el Madrid de Carlos III personificado en la joven Paloma, costurera que en la escena primera del segundo acto hace su aparición junta sus compañeras mientras cosen una camisa de hombre y entonan a coro:

«El noble gremio de costureras

permite solo niñas solteras,

que se reúnen

una semana en la vivienda

de cada hermana

para que puedan al trabajar

coser y cantar…».

          En su canto además nos ofrecen detalles sobre su jornada laboral y las características del oficio: «Puntada corta y buen estilo; garganta fresca y fuerte el hilo. Voz incansable y buena vista; perfecto oído, muñeca lista, y aunque haya mucho que trabajar…» No faltan las alusiones a su soltería y a la búsqueda de marido que las retire de la costura: «Pajarito que estás entre faldas, y que a todas solteras nos ves, di a los hombres que pasan, que estamos cansaditas de tanto coser».

         En el entorno de la corte trabajará un amplio número de maestros como sastres, cotilleros, bordadores, peleteros, manguiteros, zapateros, cordoneros, costureras, guanteros y peluqueros.

         Antonio Almar, Juan Castañet, Lorenzo del Valle, Juan Rau o Juan Linttener son algunos de los nombres de los sastres y cotilleros que trabajaron en la corte de Felipe V e Isabel de Farnesio. En el caso de la mujer, su actividad en este campo quedaría reducida a la confección de prendas interiores y de medias bajo el nombre de «costureras» o «laboreras».

Miguel Jacinto Meléndez. Isabel de Farnesio. 1718. Casa de la Moneda. Madrid. Los lunares que aparecen en el rostro de la reina eran de quita y pon. Una curiosa moda femenina del siglo XVIII. Normalmente eran de terciopelo negro.
Miguel Jacinto Meléndez. Isabel de Farnesio. 1718. Casa de la Moneda. Madrid.

          Será la francesa Ana Margarita Martinet la primera mujer sastra que trabaje para María Luisa de Saboya y luego en 1715 para Isabel de Farnesio. Además, habrá en la corte mujeres sastras y bateras como Teresa Lenoble, María Teresa Belí, Eugenia Sánchez, Nicolasa Benavides y costureras que se encargarán de los arreglos como Casilda Adri, María José Toledano, Ana Lafontaine Martinet y Margarita Chevaus”.

[1] Felipe V crearía la Real Fábrica de Paños de Guadalajara en 1719 y Fernando VI la Real Fábrica de Tejidos de Seda, Plata y Oro de Talavera de la Reina en 1748, que sería dirigida durante los primeros años por el lionés Juan Rubiére y que contaría con artesanos franceses a su servicio.

Lola Feijóo Alonso y Sonia Tavarilla Gómez. «Hilvanando costuras». En Madrid, una historia de la moda 1940-1970.  Madrid, Comunidad de Madrid,  2022. pp. 42.48.