Soneto a la Basílica de la Virgen del Pilar


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Estos que levantó de mármol duro

sacros altares la ciudad famosa,

a quien del Ebro la corriente undosa

baña los campos y el soberbio muro,

serán asombro en el girar futuro

de los siglos: basílica dichosa

donde el Señor en majestad reposa,

y el culto admite reverente y puro.

Don que la fe dictó, y erige eterno

religiosa nación a la divina

Madre, que adora en simulacro santo.

Por él, vencido el odio del Averno,

gloria inmortal el cielo la destina,

que tan alta piedad merece tanto.

 

Leandro Fernández de Moratín

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