La fabulosa colección de diamantes de Luis XIV


          El diamante es la estrella de las piedras preciosas, está compuesto por carbono cristalizado y es el más duro de todos los cuerpos. Su color es transparente, aunque según las impurezas que contenga, puede oscilar del amarillento al negro pasando por el rosa o el azul. En la película Los caballeros las prefieren rubias, una insinuante Marilyn Monroe vestida de rosa y cargada de brillantes cantaba: “Diamonds are a girl´s best friends”. Suponemos que la canción no iba nada desencaminada y que la gran mayoría de las mujeres adoran los brillantes. El solitario es considerado en el mundo occidental como un símbolo del amor, o más bien, del compromiso.

Howard Hawks. Los caballeros las prefieren rubias. 1953.
Howard Hawks. Los caballeros las prefieren rubias. 1953.

        Hasta el siglo XVII las gemas más valoradas fueron las perlas, Cristóbal Colón las descubrió en su tercer viaje a América en 1498, en la actual Venezuela. En el siglo XVI los soldados de Vasco de Gama encontraron perlas en el golfo de Panamá, el hallazgo más notable en este sentido se produjo en 1579 cuando un esclavo dio con la famosa Peregrina. Las perlas eran muy costosas debido a lo complicado de su extracción y al hecho de ser naturales, por lo que poseer un collar de perlas similares en forma, tamaño y color era algo verdaderamente especial que muy pocas mujeres podían permitirse. Hasta el siglo XVIII, en que los españoles descubrieron un yacimiento en Brasil, los diamantes llegaban a Europa desde la India. Desde el siglo XV los joyeros europeos fueron mejorando la técnica del tallado, pero fue a mediados del siglo XVII cuando los artífices flamencos perfeccionaron la talla brillante, cuyas facetas debían ser múltiplo de ocho.

Diego Velázquez. Felipe III, a caballo. Hacia 1635. Museo Nacional del Prado. El rey luce la peregrina en su sombrero.
Diego Velázquez. Felipe III, a caballo. Hacia 1635. Museo Nacional del Prado. El rey luce la peregrina en su sombrero.

           Luis XIV, en su afán por el lujo y la sofisticación, decidió que los diamantes iban a convertirse en sus mejores amigos, adoraba su brillo y durante su largo reinado se hizo con una magnífica colección. Hasta ese momento las piedras preciosas se engastaban en monturas grandes y pesadas, pero el monarca decidió que la piedra debía ser la única protagonista y no enmascarar su belleza, por lo que comenzó a ponerse de moda el solitario. Uno de los hombres que proporcionó a la corona francesa tan magnífico tesoro fue el joyero Jean-Baptiste Tavernier, un gran aventurero que consiguió llegar a las minas indias de Golcona, lugar de extracción de los brillantes. El mismo contó en sus memorias como vio trabajando a miles de esclavos, hombres, mujeres y niños casi sin ropa, con el fin de que no pudieran esconderse ninguna piedra en el cuerpo. Tavernier llevaba consigo piezas de joyería europea de oro y esmaltes, muy apreciadas en ese país, para intercambiar por piedras preciosas.

Nicolas de Largillière. Retrato de Jean-Baptiste Tavernier. Hacia 1700. Herzog Anton Ulrich Museum. Alemania.
Nicolas de Largillière. Retrato de Jean-Baptiste Tavernier. Hacia 1700. Herzog Anton Ulrich Museum. Alemania.

         El joyero volvió de su largo viaje en 1668. Luis XIV se hizo prácticamente con toda su mercancía, que consistía en 44 piedras grandes y 1.200 más pequeñas, aunque esto es un decir, ya que las más sencillas pesaban como mínimo 8 quilates. El más célebre de todos ellos fue un brillante azul de 111 quilates, que una vez tallado quedó en 69. Esta piedra fue llamada el diamante azul de la corona francesa. El rey lo llevaba engastado en una sencilla montura y colgado del cuello con una cinta. La piedra se convirtió en la más legendaria gema de la monarquía francesa, hasta que fue robada en 1792 junto con parte del Tesoro Nacional. Actualmente se conoce como el diamante Hope, y después de un largo periplo, fue donado por Harry Winston a la Smithsonian Institution en 1958.

Diamante Hope. Smithsonian Museum. Washington.
Diamante Hope. Smithsonian Museum. Washington.

        Luis XIV comprendió el hecho de que la posesión de brillantes significaba poder. Apreciaba mucho su magnífica colección, ya que cuando necesitó más fondos para sufragar las interminables guerras, no se desprendió de sus joyas, sino que mandó fundir parte de las piezas de plata y oro que decoraban Versalles. El rey no solo adquiría las piedras, sino que se involucraba en su tallado y montura, el joyero realizaba un molde en cera que luego le presentaba para su visto bueno. Uno de los más celebres artífices al servicio del rey fue Montarsy, tenía su tienda ubicada cerca del Louvre, primer barrio donde se radicaron los negocios de joyería en París. Montarsy concibió para el rey un nuevo tipo de aderezos compuestos por decenas e incluso de cientos de piezas.

Pierre de Montarsy. Siglo XVIII. Biblioteca Nacional de Paris. Gabinete de los Grabados.
Pierre de Montarsy. Siglo XVIII. Biblioteca Nacional de Paris. Gabinete de los Grabados.

        Lo curioso es que el rey llegó a usar todas sus piedras. Cualquier prenda era adecuada para ser adornada con brillantes, ya fuera el sombrero, las hebillas de los zapatos, la empuñadura de la espada, los ligueros, los botones o incluso toda la superficie del traje. El último acto oficial que presidió antes de morir fue la recepción al embajador persa. Con el propósito de deslumbrarle, Luis XIV llevó encima todos sus brillantes cuyo valor se estimaba en torno a 12 millones de libras de la época. Se tiene constancia de que el traje resultó tan pesado al anciano rey, que tuvo que quitárselo antes de tiempo. Probablemente estamos ante el atuendo más caro y lujoso de la historia.

Place Vendôme. París
Place Vendôme. París

          París es la ciudad del glamour y la elegancia. La plaza Vendôme fue inagurada en 1699 con el nombre de plaza de Luis el Grande, desde un principio dedicó su actividad al comercio de joyas, en el centro se erigía una estatua ecuestre de Luis XIV realizada en bronce por Girardon. En este mismo lugar pero tres siglos después, encontramos las más prestigiosas joyerías del mundo que Marilyn cantaba en su canción como Cartier o Tifanny & Co. A su muerte en 1715, el rey Sol había conseguido que Francia fuera el país europeo con el más fabuloso Tesoro Real. Se ha calculado que llegó a desembolsar en piedras preciosas unos 480 millones de euros actuales. En fin, un verdadera excentricidad todo a mayor gloria de uno de los grandes monarcas de la historia.

Charles Antoine Coypel. Luis XIV recibiendo al embajador persa Reza Beg en la galeria de los espejos de Versalles. 1715. Chateaux de Versailles et de Trianon.
Charles Antoine Coypel. Luis XIV recibiendo al embajador persa Reza Beg en la Galeria de los Espejos de Versalles. 1715. Chateaux de Versailles et de Trianon.

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