Defensa de las mujeres


          “1. En grave empeño me pongo. No es ya sólo un vulgo ignorante con quien entro en la contienda: defender a todas las mujeres, viene a ser lo mismo que ofender a casi todos los hombres: pues raro hay que no se interese en la precedencia de su sexo con desestimación del otro. A tanto se ha extendido la opinión común en vilipendio de las mujeres, que apenas admite en ellas cosa buena. En lo moral las llena de defectos, y en lo físico de imperfecciones. Pero donde más fuerza hace, es en la limitación de sus entendimientos. Por esta razón, después de defenderlas con alguna brevedad sobre otros capítulos, discurriré más largamente sobre su aptitud para todo género  de ciencias, y conocimientos sublimes.

Nicolaes Maes. La encajera. Hacia 1656. Metropolitan Museum. Nueva York
Nicolaes Maes. La encajera. Hacia 1656. Metropolitan Museum. Nueva York.

2. El falso Profeta Mahoma, en aquel mal plantado paraíso, que destinó para sus secuaces, les negó la entrada a las mujeres, limitando su felicidad al deleite de ver desde afuera la gloria, que habían de poseer dentro los hombres. Y cierto que sería muy buena dicha de las casadas, ver en aquella bienaventuranza, compuesta toda de torpezas, a sus maridos en los brazos de otras consortes, que para este efecto fingió fabricadas de nuevo aquel grande Artífice de Quimeras. Bastaba para comprehender cuánto puede errar el hombre, ver admitido este delirio en una gran parte del mundo.

3. Pero parece que no se aleja mucho de quien les niega la bienaventuranza a las mujeres en la otra vida, el que les niega casi todo el mérito en esta. Frecuentísimamente los más torpes del vulgo representan en aquel sexo una horrible sentina de vicios, como si los hombres fueran los únicos depositarios de las virtudes. Es verdad que hallan a favor de este pensamiento muy fuertes inventivas en infinitos libros: en tanto grado, que uno, u otro apenas quieren aprobar ni una sola por buena (…) Contra tan insolente maledicencia, el desprecio, y la detestación son la mejor Apología. No pocos de los que con más frecuencia, y fealdad pintan los defectos de aquel sexo, se observa ser los más solícitos en granjear su agrado.

Gerard ter Borch. El Concierto. Hacia 1675. Gemäldegalerie. Berlín.
Gerard ter Borch. El Concierto. Hacia 1675. Gemäldegalerie. Berlín.

Eurípides fue sumamente maldiciente de las mujeres en sus Tragedias; y según Ateneo, y Estobeo era amantísimo de ellas en su particular: las execraba en el teatro, y las idolatraba en el aposento. El Bocacio, que fue con grande exceso impúdico, escribió contra las mujeres la violenta Sátira, que intituló Labyrinto del amor. ¿Qué misterio habrá en esto? Acaso con la ficción de ser de este dictamen quieren ocultar su propensión: acaso en las brutales saciedades del torpe apetito se engendra un tedio desapacible, que no representa sino indignidades en el otro sexo. Acaso también se venga tal vez con semejantes injurias la repulsa de los ruegos: que hay hombre tan maldito, que dice que una mujer no es buena, solo porque ella no quiso ser mala. Ya se ha visto desahogarse en más atroces venganzas esta injusta queja, como testifica el lastimoso suceso de la hermosísima Irlandesa Madama Duglás. Guillermo Leout, ciegamente irritado contra ella, porque no había querido condescender con su apetito, la acusó de crimen de lesa Majestad; y probando con testigos sobornados la calumnia, la hizo padecer pena capital. Confesóla después el mismo Leout, y refiere el suceso La Mota de Vayer.

Artemisia Gentileschi. Susana y los viejos.1610. Colección Graf von Schönborn. Pommersfelden. Bavaria.
Artemisia Gentileschi. Susana y los viejos.1610. Colección Graf von Schönborn. Pommersfelden. Bavaria.

4. No niego los vicios de muchas. ¡Mas ay! Si se aclarara la genealogía de sus desórdenes, ¡cómo se hallaría tener su primer origen en el porfiado impulso de individuos de nuestro sexo! Quien quisiere hacer buenas a todas las mujeres, convierta a todos los hombres. Puso en ellas la naturaleza por antemural la vergüenza contra todas las baterías del apetito, y rarísima vez se le abre a esta muralla la brecha por la parte interior de la plaza.

5. Las declamaciones que contra las mujeres se leen en algunos Escritores sagrados, se deben entender dirigidas a las perversas, que no es dudable las hay. Y aun cuando miráran en común al sexo, nada se prueba de ahí, porque declaman los Médicos de las almas contra las mujeres, como los Médicos de los cuerpos contra las frutas, que siendo en sí buenas, útiles, y hermosas, el abuso las hace nocivas. Fuera de que no se ignora la extensión que admite la Oratoria en ponderar el riesgo, cuando es su intento desviar el daño.

6. Y díganme los que suponen más vicios en aquel sexo que en el nuestro, ¿cómo componen esto con darle la Iglesia a aquel con especialidad el epíteto de devoto? ¿Cómo con lo que dicen gravísimos Doctores, que se salvarán más mujeres que hombres, aun atendida la proporción a su mayor número? Lo cual no fundan, ni pueden fundar en otra cosa, que en la observación de ver en ellas más inclinación a la piedad.

Jean Baptiste Greuze. La dama de la caridad. 1773. Museo de Bellas Artes. Lyon.
Jean Baptiste Greuze. La dama de la caridad. 1773. Museo de Bellas Artes. Lyon.

7. Ya oigo contra nuestro asunto aquella proposición de mucho ruido, y de ninguna verdad, que las mujeres son causa de todos los males. En cuya comprobación hasta los ínfimos de la plebe inculcan a cada paso que la Caba indujo la pérdida de España, y Eva la de todo el mundo.

8. Pero el primer ejemplo absolutamente es falso. El Conde D. Julián fue quien trajo los Moros a España, sin que su hija se lo persuadiese, quien no hizo más que manifestar al padre su afrenta. ¡Desgraciadas mujeres, si en el caso de que un insolente las atropelle, han de ser privadas del alivio de desahogarse con el padre, o con el esposo! Eso quisieran los agresores de semejantes temeridades. Si alguna vez se sigue una venganza injusta, será la culpa, no de la inocente ofendida, sino del que la ejecuta con el acero, y del que dio ocasión con el insulto; y así entre los hombres queda todo el delito.

Jan Brueghel el viejo y Peter Paul Rubens. El jardín del Edén con la caída del hombre. Hacia 1615. Mauritshuis. La Haya.
Jan Brueghel el viejo y Peter Paul Rubens. El jardín del Edén con la caída del hombre. Hacia 1615. Mauritshuis. La Haya.

9. El segundo ejemplo, si prueba que las mujeres en común son peores que los hombres, prueba del mismo modo que los Ángeles en común son peores que las mujeres: porque como Adán fue inducido a pecar por una mujer, la mujer fue inducida por un Ángel. No está hasta ahora decidido quién pecó más gravemente, si Adán, si Eva; porque los Padres están divididos. Y en verdad que la disculpa que da Cayetano a favor de Eva, de que fue engañada por una criatura de muy superior inteligencia, y sagacidad, circunstancia que no concurrió en Adán, rebaja mucho, respecto de este, el delito de aquella.”

Benito Jerónimo Feijoo. Teatro crítico universal.  Tomo primero. Discurso XVI. 1726.

Pieter de Hooch.El patio de una casa en Delft. 1658. National Gallery. Londres.
Pieter de Hooch. El patio de una casa en Delft. 1658. National Gallery. Londres.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Celina dice:

    No sería fácil la defensa de las mujeres en los tiempos del autor. Se requieren coraje, observación crítica y disposición a actuar en pro de su condición. Aún la lucha continúa…

  2. 👍🏽👏🏽👏🏽👏🏽

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