En Instagram no solamente se pierde el tiempo, también se aprende. Concretamente sigo la cuenta «History with Amy» y allí conocí el singular caso de las dos obras que hoy traemos a colación: la chaqueta y el retrato de Margaret Layton, conservados en el Museo Victoria and Albert (V&A) de Londres. Datados entre 1610 y 1620, estos dos objetos ofrecen un testimonio único y tridimensional sobre la vestimenta y el estatus social en la Inglaterra jacobea, de hecho está considerado el ejemplo más antiguo del mundo donde una prenda real sobrevive junto al cuadro que la retrata.

La chaqueta es una pieza excepcional confeccionada en lino blanco con forro de tafetán de seda rosa, profusamente decorado con hilos de seda multicolor, hilo de plata y plata sobredorada. Los motivos decorativos muestran una intrincada red de tallos serpenteantes de los que brotan plantas, flores, pájaros y pequeños insectos. Este tipo de prendas estaban a la última entre las mujeres de la clase alta inglesa, funcionando como ropa informal pero de gran lujo.

Su coste era elevado por los materiales empleados y las cientos de horas de trabajo que elevaban su precio hasta las 40 libras, una cifra considerable para la época. Lo que hace célebre al conjunto del V&A es su correlación con el retrato pictórico de Margaret Layton (nacida Binyon), esposa de Francis Layton, quien ejerció como “Yeoman of the Jewel House” (Oficial de la Casa de las Joyas). La función de la “Jewel House” era custodiar las joyas, platería y otros objetos valiosos de la corona británica.

Un aspecto, a mi modo de ver fascinante, es que la prenda y el lienzo no son simultáneos. La primera se confeccionó entre 1610 y 1615, mientras que el retrato se pintó hacia 1620. Para esa fecha, la moda dictaba cinturas más altas, por lo que para seguir luciendo su preciosa chaqueta y adaptarla a la nueva tendencia, Margaret alteró visualmente el diseño, acortándolo al subir su falda de seda roja por encima de la parte inferior de la prenda.

El valor de la chaqueta de Margaret Layton radica en su perfecta documentación visual; además resulta excepcional que una prenda del siglo XVII haya sobrevivido al paso del tiempo y que, de forma paralela, exista una pintura que demuestre con total precisión milimétrica cómo se vestía, se ajustaba al cuerpo y se combinaba con los accesorios a la moda. ¡Sorpresas de la historia!