Una mujer de armas tomar


Jean Ranc. Isabel de Farnesio, reina de España. 1723. Museo del Prado.
Jean Ranc. Isabel de Farnesio, reina de España. 1723. Museo del Prado. Madrid.

          El 25 de octubre de 1692 nacía Elisabetta Farnese, una noble italiana como tantas otras, a la que el destino le tenía reservado nada menos que ser la consorte del rey de España. Hija del duque de Parma, descendiente de la antiquísima familia Farnesio cuyos orígenes se remontaban al siglo XIII, y de Dorotea Sofía de Neoburgo de la Casa del Palatinado. Elisabetta perdió a su padre y a su único hermano siendo apenas un bebé. Razones políticas y económicas obligaron a su madre a contraer matrimonio con su cuñado Francisco María Farnesio que fue para la niña como un verdadero padre. Durante su infancia y adolescencia Isabel residió en el palacio de la Pillotta, un magnífico conjunto que hoy en día alberga el Museo Arqueológico Nacional de Parma, la Galería Nacional, el Museo Bodoni, el teatro Farnesio y la Biblioteca Nacional.

Giacomo Giacopelli. Veduta del Palazzo Ducale e della Pilotta. Hacia 1835. Biblioteca Palatina di Parma.
Giacomo Giacopelli. Veduta del Palazzo Ducale e della Pilotta. Hacia 1835. Biblioteca Palatina di Parma.

         A los 18 años nuestra protagonista contrajo la viruela, una enfermedad que hacía estragos en la época. Logró superarla pero su cara y brazos llevaron para siempre la marca de su paso. Su educación fue bastante esmerada ya que aprendió varias lenguas aparte de lo básico: leer, escribir, costura y bordado. Isabel conoció bien el latín, el alemán (su idioma materno) y el francés. Recibió además clases de pintura y de música, aprendió a tocar el clave, siendo como buena italiana muy aficionada a la opera. Las crónicas de la época no nos dejan muy claro cómo era su físico ya que se contradicen. Sí parece que era alta, delgada, de buen porte, atractiva y muy marcada por la viruela. La esbeltez la perdió con los sucesivos partos, el paso de los años y el amor por la buena mesa.

Teatro Farnese. Parma. Siglo XVII
Teatro Farnesio. Parma. Siglo XVII

          Los destinos de Isabel de Farnesio y Felipe de Borbón se unieron en 1714. El rey de España había enviudado hacía unos meses y a pesar de tener la sucesión asegurada, se decidió a contraer matrimonio de nuevo. Felipe V era profundamente religioso, educado en una piedad excesiva no contemplaba las relaciones íntimas fuera del matrimonio. Pérez Samper afirma en su biografía sobre Isabel de Farnesio:” Como su abuelo, don Felipe fue un hombre con grandes necesidades sexuales (…) a pesar del ambiente en el que había crecido en Versalles, no siguió el ejemplo de la mayoría de sus parientes. Tener amantes no era para él. Hombre de una sola mujer, no tuvo relaciones antes de casarse ni en su breve etapa de viudez, y fue completamente fiel a cada una de sus dos sucesivas esposas. Las amaba y cumplió con sus deberes conyugales, de manera obsesiva, casi excesiva”.

Miguel Jacinto Meléndez. Isabel de Farnesio. 1718. Casa de la Moneda. Madrid. Los lunares que aparecen en el rostro de la reina eran de quita y pon. Una curiosa moda femenina del siglo XVIII. Normalmente eran de terciopelo negro.
Miguel Jacinto Meléndez. Isabel de Farnesio. 1718. Casa de la Moneda. Madrid. Los lunares que aparecen en el rostro de la reina eran de quita y pon. Una curiosa moda femenina del siglo XVIII. Normalmente eran de terciopelo negro.

          La boda por poderes entre el rey de España y la princesa italiana se celebró el 16 de septiembre de ese mismo año en la catedral de Parma. Isabel salió del templo convertida en reina de España. Después de los festejos propios de tan señalado acontecimiento, salió de su tierra con destino a España, un viaje al encuentro de su nueva patria que duraría tres meses. Ya pisada la península y mientras el ansioso monarca esperaba a su mujer en Guadalajara, se decidió que la princesa de los Ursinos iría al encuentro de doña Isabel. La princesa de los Ursinos era una anciana dama francesa con un enorme poder en la corte española, enviada por Luis XIV ejerció un papel de gran importancia durante los comienzos del mandato de Felipe V.

Marie-Anne de La Trémoille. Princesa de los Ursinos, probable. Museo Condé de Chantilly.
Marie-Anne de La Trémoille, princesa de los Ursinos. Probable. Museo Condé de Chantilly.

          Las dos damas se vieron por primera y última vez, en el castillo de Jadraque un gélido 23 de diciembre. No se sabe a ciencia cierta lo que ocurrió, algunos apuntan a que la noble francesa trató con condescendencia a la reina, o tal vez, le dijo algo que le ofendió. En cualquier caso y sin conocer como respiraba su marido en el asunto, llamó a la guardia y puso de patitas en la calle a la anciana obligándola a abandonar España sin dilación. En palabras de Pérez Samper: “Isabel de Farnesio no estaba dispuesta a tolerar rivales. Ella era la reina y, después del rey, la persona que tenía mas derecho a ejercer el poder (…) Felipe desempeñó un papel pasivo permitiendo al menos, el destierro de la princesa sin una sola palabra de agradecimiento o de despedida (…) Al rey todo le era debido, pero el rey no debía nada a nadie, ni siquiera a la Ursinos”.

Castillo de Jadraque. Siglo XV. Guadalajara
Castillo de Jadraque. Siglo XV. Guadalajara

          A juzgar por su temerario comportamiento, la parmesana llegó a España pisando fuerte. Este suceso supuso mucho mas que una simple anécdota en la vida cortesana. Despedir con cajas destempladas a la princesa de los Ursinos suponía comenzar a desligarse de la influencia francesa, después de ella otros tantos cargos de responsabilidad corrieron la misma suerte. Comenzaba una nueva etapa en la monarquía española con una fuerte y enérgica Isabel al lado de su rey y señor, al que dio siete hijos y sobrevivió nada menos que veinte años. La reina viuda falleció en 1766 en el palacio de Aranjuez, sus restos reposan junto a los de su marido en el palacio de La Granja de San Ildefonso.

Jean Ranc. La familia de Felipe V. 1723. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Jean Ranc. La familia de Felipe V. 1723. Museo Nacional del Prado. Madrid.

 

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Mercedes dice:

    Que interesante Bárbara y que cuadros tan bonitos !!! Maravilloso el de la princesa de los Ursinos, que no conocía.Y qué intriga, que le diría la de los Ursinos para ofenderla tanto?

    1. La princesa de los Ursinos vino a España con Felipe V.Nombrada Camarera Mayor de la reina, fue una dama de plena confianza de los reyes que gozó de mucho poder en la corte. Ella misma apostó por la elección de Isabel de Farnesio pensando que iba a ser una mosquita muerta. Evidentemente le salió el tiro por la culata. Lo que más me sorprende es cómo la expulsó del país, con tanto rigor y en pleno invierno. La pobre princesa, al peder su poder, dejó de tener importancia para Luis XIV.

  2. Manuel S. dice:

    Muy interesante Barbara!!! La vida de Isabel de Farnesio, es muy interesante, odiaba a los hijos mayores de Felipe V, y se volvió loca cuando su Carletto vino a reinar a España. Escribe mas sobre ella, y sobre la Ursinos.

    1. Me interesa mucho la figura de Isabel de Farnesio como gran coleccionista de arte, papel que solía ser mas propio de los hombres. Atesoró una colección impresionante que se quedó en España ya que su hijo Carlos III fue su heredero. También le gustaba la ópera, el teatro y la música por lo que fue una reina con bastante nivel cultural. Formó una espectacular colección de abanicos, algunos decorados por grandes`pintores del momento. Parece que no fue una reina querida por el pueblo pero luchó por sus intereses hasta el final.

  3. Intrigante también esta mujer y sí escribe más sobre los ursinos….lo harás tan bien…Enhorabuena una vez más

    1. Muchas gracias Manolo. Felipe V fue un hombre muy influenciable y las mujeres tuvieron una importancia clave en su vida. En una primera etapa su esposa María Luisa de Saboya y la princesa de los Ursinos, que era una especie de agente de Luis XIV en la corte española. Una vez que contrajo matrimonio con Isabel de Farnesio ella tuvo el control. En cualquier caso, debía ser muy complicado vivir con un hombre que iba de la euforia a la postración absoluta aunque ella supo hacerlo.

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