Los antojos de la moda me llenan de pasmo


“Los antojos de la moda entre los franceses me llenan de pasmo. Se han olvidado de como estaban vestidos este verano, y todavía no saben cómo se vestirán este invierno, pero es más que todo indecible lo que a un marido cuesta que se ponga su mujer a la moda.

¿Para qué servirla que te hiciese una exacta descripción de su traje y sus arreos? una nueva moda destruiría mi trabajo todo, como el de sus artesanos, y todo habría variado antes que recibieses mi carta.

Nicolas de Largillière.La bella estrasburguesa. 1703. Musée de la ville de Strasbourg.
Nicolas de Largillière. La bella estrasburguesa. 1703. Musée de la ville de Strasbourg.

Una mujer que sale de París para estar seis meses en el campo, vuelve tan a lo antiguo como si hubiera vivido en un lugar treinta años. Un hijo no conoce el retrato de su madre; tan extraño le parece el traje con que la han pintado; y se figura que es una americana, o que ha querido representar el pintor alguno de sus caprichos. A veces suben poco a poco los peinados, y luego una revolución los hace bajar de repente. Tiempo hubo que su inmensa elevación colocaba el rostro de una mujer en medio de su persona; otro que ocupaban los pies este sitio, formando los tacones un pedestal que las mantenía en el aire.

Nicolas de Largillière. Retrato de Marguerite-Elisabeth Forest de Largilliere y su hijo Nicolás. Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.
Nicolas de Largillière. Retrato de Marguerite-Elisabeth Forest de Largilliere y su hijo Nicolás. Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires.

¿Quién podría creer que se han visto muchas veces los arquitectos precisados a levantar, bajar y ensanchar las puertas, según requerían esta mudanza los adornos de las mujeres, y se han sujetado las reglas de su arte a estos antojos? A veces se ve en una cara una portentosa cantidad de lunares, y al otro día ya se han desaparecido. En otro tiempo tenían las mujeres dentadura y cuerpo, y hoy no se trata de eso. En esta nación tan mudable, digan lo que quieran los burlones, las hijas tienen distinta figura que las madres.

Pierre Gobert (taller de). Francisca-María de Borbón, Mademoiselle de Blois, Duquesa de Orléans. Principios del siglo XVIII. Palacio de Versalles.
Pierre Gobert (taller de). Francisca-María de Borbón, Mademoiselle de Blois, Duquesa de Orléans. Principios del siglo XVIII. Palacio de Versalles.

Lo que con las modas sucede con los estilos y método de vida, que mudan los franceses de costumbres con la edad de su rey, y sí a un monarca se le pusiera en la cabeza conseguiría infundir gravedad a la nación. El príncipe imprime el carácter de su genio a los palaciegos, estos a toda la corte, y la corte a las provincias, y es el alma del soberano el molde donde se vacían todos los demás. De París, a 11de la luna de Safar, 1717.

Montesquieu, Cartas persas, carta XCIX. Nimes, Imprenta de Durand‑Belle, 1818, pp. 191‑192.

Las Cartas persas (Lettres persanes) se publicaron por primera vez de forma anónima en el verano de 1721 en Ámsterdam, con el fin de evadir la censura de la época. Escrita por Charles Louis de Secondat, barón de Montesquieu, la obra consiste en una novela epistolar satírica que recopila la correspondencia ficticia entre dos nobles persas, Uzbek y Rica, quienes viajan por Europa y describen sus impresiones sobre la sociedad francesa. Mediante esa “mirada del extranjero”, el autor articuló una profunda crítica filosófica y sociológica contra los usos, costumbres, dogmas religiosos y arbitrariedades políticas de la corte, convirtiéndose rápidamente en un rotundo éxito editorial y en una pieza clave de la Ilustración.

Enlace a la obra completa:

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