El traje de majo


Dedicado a mi queridísima hermana.

Antón Rafael Mengs. Retrato de la marquesa del Llano. 1770. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid.
Antón Rafael Mengs. Retrato de la marquesa del Llano. 1770. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Madrid.

          El concepto español de entender la indumentaria se vio completamente modificado con la llegada de los Borbones al trono español en 1701. Los nuevos usos se fueron implantando en nuestro país desde el reinado de Carlos II y hacia 1709, fecha de la batalla de Almansa, una gran parte de la sociedad española vestía a la nueva moda. El atuendo llamado “a la francesa”, “a la moda” ó “a lo militar” constaba básicamente de tres piezas: casaca, chupa y calzones. De dentro a fuera y de arriba abajo el caballero dieciochesco vestía las siguientes prendas: en primer lugar la camisa blanca de lienzo, que podía llevar cuellos y puños de encaje, estos últimos asomaban por la manga de la casaca. La chupa era una chaqueta normalmente sin mangas y cerrada con botones que llegaba a medio muslo. Encima se usaba la casaca, cuyos faldones se prolongaban hasta debajo de las rodillas.

Traje masculino (Vestido a la francesa) 1750-1760.
Traje masculino (Vestido a la francesa) 1750-1760. Museo del Traje. Madrid.

          La casaca se llevaba desabrochada a pesar de ir cuajada de botones de arriba abajo. Los calzones se ajustaban a las caderas sin precisar cinturón o tirantes y se cerraba encima de las rodillas por medio de botones, el resto de la pierna que quedaba al descubierto se cubría con medias de seda. La corbata era el adorno del cuello, y al igual que la camisa también blanca, las piezas mas lujosas se confeccionaban con encaje. Los zapatos se decoraban con amplias hebillas de metal o plata y tenían tacón. Por si todo esto no fuera suficiente, es el momento de las grandes pelucas, aunque mediando el siglo se abandonará su uso pero los cabellos se empolvarán resultando de un tono ceniciento.

Francisco de Goya. José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca. 1783. Museo del Prado. Madrid
Francisco de Goya. José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca. 1783. Museo del Prado. Madrid

          Durante el “Siglo de las Luces” el hombre se equipara a la mujer en el uso de colores alegres y vistosos. La nueva indumentaria masculina usa los mismos colores y tejidos que la femenina con la misma sofisticación y riqueza lo que suponía un desembolso considerable con respecto a los usos antiguos. En este sentido, el actual traje de torear es heredero de los colores alegres que usaron los hombres del siglo XVIII. La ejecución de lances taurinos a la aristocracia fue definitivamente prohibida por Felipe V en 1723. Esto supuso, sin lugar a dudas, un punto y aparte en la historia de la Tauromaquia.

Francisco de Goya. La novillada. Cartón para tapiz. Hacia 1780. Museo del Prado.
Francisco de Goya. La novillada. Cartón para tapiz. Hacia 1780. Museo del Prado.

          El traje de luces es una derivación del traje de majo. Sus formas son herederas directas del traje de los tipos populares de Madrid. El majismo surgió hacia 1750 en algunos barrios castizos de Madrid desde los que se reivindicaba la indumentaria típica española tras el profundo afrancesamiento de la moda. La primera definición de majo nos la ofrece el Diccionario de Autoridades en 1734 de la siguiente manera: “El hombre que afecta valentía en las acciones o palabras”. Lo insólito de este fenómeno fue que la nobleza comenzó a imitar la vestimenta de los tipos populares. Se trató de un fenómeno absolutamente singular ya que las capas altas copiaron a las bajas. Francisco de Goya retrató a la duquesa de Alba vestida de maja e incluso a la misma reina María Luisa. Las damas gustaron de lucir este atuendo tan vistoso y alegre, lo consideraban muy favorecedor y símbolo de una cierta libertad.

Francisco de Goya.Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo y Silva. Duquesa de Alba. 1795. The Hispanic Society of America. Nueva York.
Francisco de Goya.Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo y Silva. Duquesa de Alba. 1795. The Hispanic Society of America. Nueva York.
Francisco de Goya. La reina María Luisa vestida de maja. 1799. Palacio Real. Madrid.
Francisco de Goya. La reina María Luisa vestida de maja. 1799. Palacio Real. Madrid.

          Los toreros comenzaron a uniformarse en el siglo XVIII. Francisco de Goya inmortalizó en dos soberbios retratos a dos grandes maestros de su tiempo, los hermanos José y Pedro Romero, nacidos en Ronda. El primero nos muestra a José de medio cuerpo luciendo una serie de prendas que simbolizan sus triunfos. Una inscripción al dorso del lienzo reza: “El célebre torero José Romero, con el rico vestido que le regaló la duquesa de Alba, a lo que se añade tener el capote jerezano, pañuelo rondeño al cuello faxa a lo sevillano, para denotar las proezas que en la lidia de los toros hizo en estas tres ciudades este famoso diestro torero, fue el que de una estocada, se dejó a sus pies al terrible toro que mató al torero Pepeillo”. El colorido de las prendas es soberbio, la camisa blanca con chorreras asoma por un precioso chaleco verde agua, la cintura luce una amplia faja. La chaquetilla parda aparece profusamente decorada mientras que el hombro derecho sostiene una capa roja. Su cabeza va cubierta con cofia rematada por un gracioso lazo.

Francisco de Goya. Retrato de José Romero. 1795. Museo de Arte de Filadelfia. EEUU.
Francisco de Goya. Retrato de José Romero. 1795. Museo de Arte de Filadelfia. EEUU.

          El retrato de Pedro Romero nos presenta a un hombre atractivo luciendo la camisa con chorreras bajo un brillante chaleco gris, chaquetilla negra, capa color cereza y cofia. El pintor nos muestra a los famosos matadores como hombres valientes, sinceros y seguros de sí mismos. Es muy significativo que la duquesa de Alba regalara un terno a José Romero, pues ello implica el apoyo de un amplio sector a las corridas de toros y a su estética frente al “afrancesamiento”.

Francisco de Goya. Retrato de Pedro Romero. 1795-1798. Kimbell Arte Museum. Fort Worth. Texas. Estados Unidos.
Francisco de Goya. Retrato de Pedro Romero. 1795-1798. Kimbell Arte Museum. Fort Worth. Texas. Estados Unidos.

          La indumentaria de majas y majos era muy cuidada, alegre y vistosa. El traje de majo era ceñido el cuerpo y se caracterizaba por estar profusamente adornado con todo tipo de decoraciones como cintas, pasamanería o elementos metálicos. Estaba formado por: jaqueta, chaleco, calzones de tapa, camisa, faja, pañuelo al cuello, cofia, medias, zapatos de hebilla, sombrero de tres picos y capa. Sobre la camisa blanca normalmente adornada con chorreras se colocaba el chaleco estrecho, abotonado y con cuello de tirilla, normalmente el delantero se fabricaba de seda de vivos colores mientras que la espalda se confeccionaba con materiales más sencillos como el algodón. La jaqueta era una chaqueta corta y entallada con cuello de tirilla y solapas no muy grandes, siendo las mangas largas y apretadas.

Traje de majo. Andalucía. Hacia1780. Museo del Traje. Madrid.
Traje de majo. Andalucía. Hacia 1780. Museo del Traje. Madrid.

          Los majos no usaban corbata sino un pañuelo anudado que dejaba el cuello de la camisa al descubierto. Los calzones entallados cubrían las rodillas. En la cintura se colocaba una faja ancha de vivos colores. Las piernas se cubrían normalmente con medias blancas y el calzado era oscuro, sin tacón y con gran hebilla. El pelo lo recogían en una cofia y se dejaban en la cara grandes patillas. La cofia, que podía ser completamente tupida o en red, también era usada por bailarines profesionales.

Cofia de seda negra. 1780 Museo del traje. Madrid.
Cofia de seda negra. 1780 Museo del traje. Madrid.

          La chaqueta la opuso el pueblo llano a la casaca. Paulatinamente se va modificando el concepto del toreo ya que la Fiesta pierde su sentido cortesano y se orienta hacia la obtención de ganancias para fines benéficos. Tras la guerra de la Independencia los honorarios percibidos por los matadores fueron aumentando sustancialmente, un par de años mas tarde un primer espada ya se embolsaba 3.000 reales mas un sobresueldo a mitad de temporada asignado al vestido. Dichos emolumentos influyeron decisivamente en la suntuosidad del traje de luces que posteriormente adoptó Francisco Montes “Paquiro”, pero eso ya es otra historia.

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. ” En el café de Chinitas dijo Paquiro a su hermano.
    Soy más valiente que tú
    Mas torero y más gitano.”.
    Mi suegra me regaló una Madroñera que llevaban las majas madrileñas a los toros.
    Es color rojo oscuro, de su familia antigua.
    Se la regalé a mi hija, su nieta.
    Es un recuerdo.
    Como es natural no la hemos lucido, siento decir, ( por los taurinos ), que para mi los toros pertenecen al pasado. Son historia.
    He ido hasta hace unos veinte años. No he vuelto a pisar una plaza.
    Me reservo mi opinión sobre este tipo de espectáculos.
    Mi enhorabuena por tan entretenido y didáctico artículo.

    1. ¡Que graciosa Concha! Muchísimas gracias por comentar y un fuerte abrazo,

  2. Fernando dice:

    GRACIAS UNA VEZ MÁS BÁRBARA. EL RETRATO DE PEDRO ROMERO ES MAGNÍFICO. Y LA HISTORIA INTERESANTÍSIMA. DESEANDO QUE PUBLIQUES LO DEL PAQUIRO

  3. La semana que viene en “La mañana y mas” hablaré de Paquiro y de la concepción del traje de luces. Muchas gracias por comentar y un abrazo.

  4. Manuel S. dice:

    Muy interesante Barbara!! como siempre, ha sabido a poco!!

    1. Bárbara dice:

      Muchas gracias Manolo. Estás muy exigente porque este artículo es bastante largo. A ver qué te cuento próximamente. Un fuerte abrazo.

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