Felipe V: pasiones y desgracias de nuestro primer Borbón


          El 19 de junio de 2014 Felipe de Borbón fue proclamado rey de España bajo el nombre de Felipe VI. Trescientos años antes otro Felipe de Borbón fue proclamado rey de España bajo el nombre de Felipe V dando comienzo la dinastía borbónica en nuestro país. Con ella se estableció una manera diferente de enfocar, no solamente el gobierno y la Administración, sino también los usos sociales e incluso la manera de vestir. Para ello es preciso remontarse al 9 de noviembre de 1700, día en el que falleció Carlos II de España a los treinta y ocho años de edad. Su muerte sin dejar sucesión marcó un punto de inflexión en nuestra historia. El último de los Habsburgos contrajo matrimonio dos veces, pero sus graves problemas de salud debido a la consanguinidad que acarreaba impidieron que el futuro del trono quedara asegurado. La rama española de la Casa de Austria llegaba al ocaso después de gobernar durante casi dos siglos. Carlos II legó en su testamento el trono español a su sobrino nieto Felipe de Borbón, el documento decía lo siguiente:

          “declaro ser mi sucesor, en caso de que Dios me lleve sin dejar hijos, al Duque de Anjou, hijo segundo del Delfín, y como tal le llamo a la sucesión de todos mis Reinos y dominios, sin excepción de ninguna parte de ellos. Y mando y ordeno a todos mis súbditos y vasallos de todos mis Reinos y señoríos que en el caso referido de que Dios me lleve sin sucesión legítima le tengan y reconozcan por su rey y señor natural, y se le dé luego, y sin la menor dilación, la posesión actual, precediendo el juramento que debe hacer de observar las leyes, fueros y costumbres de dichos mis Reinos y señoríos”.

         Felipe, duque de Anjou, era el segundo hijo del Gran Delfín por tanto nieto de Luis XIV y de la infanta María Teresa de Austria. En principio no estaba destinado a tener ninguna relevancia histórica ya que no era el primogénito pero el destino le tenía reservado una alta misión. Una de las cláusulas matrimoniales que firmó Luis XIV al desposarse con la infanta española estipulaba la renuncia al trono español para sí y sus descendientes. La dote de la infanta se cifró en medio millón de escudos de oro, suma que nunca fue satisfecha por lo que Luis XIV se consideró eximido del pacto sobre la renuncia a los derechos al trono español.

           El monarca nació en Versalles en 1683. Su abuelo, el rey Sol, mandó construir el palacio más espectacular de la época donde se trasladó la corte en 1682. Versalles es una inmensa residencia donde se siguió un complejo programa iconográfico, tanto en su interior como en sus impresionantes jardines. Luis XIV fue un hombre resuelto, trabajador y muy consciente de su papel, consideró que las artes debían ser un reflejo de su poder y del de Francia. Durante su reinado, el más largo de la historia de Europa, se crearon o reorganizaron las grandes instituciones artísticas y científicas del Reino modelo que trajo consigo Felipe V.

 

Pierre Mignard. La familia del Gran Delfín. 1687. Palacio de Versalles.
Pierre Mignard. La familia del Gran Delfín. 1687. Palacio de Versalles.

            Esta pintura representa al Gran Delfín junto a su familia, su esposa la duquesa María Ana Victoria de Baviera y sus tres hijos los duques de Borgoña (de pie), Anjou (en el suelo sobre un cojín) y Berry (en el regazo de su madre). María Ana Victoria fue muy poco agraciada físicamente y con una salud delicada. Por desgracia padeció “melancolías, acaso heredadas por su hijo, que llegaron a aislarla del mundo recluyéndola en sus habitaciones; tal vez porque no se pudo integrar en la corte francesa. La infancia del duque de Anjou transcurrió en Versalles pero fue educado en una piedad exagerada lo que tuvo consecuencias nefastas en su vida adulta, provocándole excesivos escrúpulos.

Hyacinthe Rigaud. Felipe V. 1701. Palacio de Versalles.
Hyacinthe Rigaud. Felipe V. 1701. Palacio de Versalles.

           Volviendo al otoño de 1700, Luis XIV mandó llamar a su nieto y le comunicó que era rey de España, acto seguido el joven recibió a la legación diplomática de su nuevo reino encabezada por su embajador el marqués de Castelldosrius. Para tan trascendental acto, Felipe V fue ataviado completamente de negro, es decir, a la manera española. El negro era perceptivo en la corte de Madrid, por lo que el joven monarca debía vestir según sus usos. En su primer retrato como rey de España, Felipe V aparece completamente vestido de terciopelo negro con las prendas típicas: jubón, ropilla, calzón, capa y golilla. En el pecho porta el collar de la Orden del Toisón de Oro (desde 1506 en la figura de Felipe el Hermoso, los reyes de España son Grandes Maestres de la Orden del Toisón de Oro) y la Cruz de la Orden del Espíritu Santo (creada en 1578 por Enrique III de Francia), mientras apoya su mano derecha sobre la corona de España. La pintura sigue los preceptos del retrato cortesano francés en cuanto a ampulosidad, mostrándonos a un rey cuya imagen simbolizara el inicio de una nueva época para España.

Vista del Alcázar Real de Madrid y entorno del Viejo Puente de Segovia (Tarde de toros en la ribera del Manzanares). Hacia 1670. Museo Soumaya. México D.F.
Vista del Alcázar Real de Madrid y entorno del Viejo Puente de Segovia (Tarde de toros en la ribera del Manzanares). Hacia 1670. Museo Soumaya. México D.F. 

          Felipe V cruzó los Pirineos en 1701, siendo un joven de tan sólo diecisiete años, con un total desconocimiento del castellano y de la realidad y circunstancias de la Corona que iba a sostener. El rey llegó a Madrid el 18 de febrero de 1701, jurando su cargo el 8 de marzo de 1701 en la iglesia de San Jerónimo el Real de Madrid. En un principio su círculo íntimo estuvo muy limitado debido a su desconocimiento del idioma, que fue aprendiendo paulatinamente pero en el que nunca se desenvolvió con comodidad. De la magnificencia de Versalles pasó al lóbrego Alcázar de los Austrias y sin buenos artistas para trabajar a su servicio. La imagen real era imprescindible para las cabezas coronadas por lo que era importante contar con unos buenos retratistas y artistas. La llegada a España no fue fácil, una crónica relata:

         “El máximo aburrimiento envolvía la vida de Felipe V en los comienzos de su reinado, no conociendo a nadie en la corte, no hablando más que con los franceses que le habían acompañado y con los grandes que antes de su llegada habían favorecido su partido. De los franceses el que más le acompañaba era Louville (su tutor) testigo constante de su desánimo, y al que a menudo decía que volvería a ser con gusto el duque de Anjou pues no podía sufrir a España”.

       A los franceses no le gustaban muchas de las costumbres españolas. El rey declinó la invitación a un Auto de Fe en su honor; tampoco le gustó la costumbre de la Casa de Austria de estar rodeados de bufones, muchos de ellos tenían retraso mental o taras físicas, tal y como podemos ver en los espléndidos retratos que Velázquez realizó a algunos de ellos. Tampoco les gustaba la comida española, al rey mismo no le agradó la cocina castellana. A los cocineros se les instó a modificar los menús por lo que se pusieron en huelga.

Buenaventura Ligli. Filippo Ballotta. La batalla de Almansa. 1709. Museo del Prado.
Buenaventura Ligli y Filippo Ballotta. La batalla de Almansa. 1709. Museo del Prado.

          El nombramiento de Felipe de Anjou como rey de España comenzó de manera traumática, se desató la Guerra de Sucesión, una larga y cruenta contienda. Pronto se conformaron dos bandos tanto dentro como fuera de España, uno a favor de los Borbones y otro que rechazaba frontalmente al nuevo rey apoyando al Archiduque Carlos de Habsburgo. La guerra civil y europea estalló. España fue ocupada por decenas de miles de tropas extranjeras lo que no había ocurrido desde la invasión árabe en el siglo VIII. El conflicto tenía una doble perspectiva: el ascenso al trono de Felipe V aumentaba la hegemonía francesa y la temida unión de España y Francia bajo un mismo monarca. Esta situación condujo a Inglaterra y Holanda a apoyar al candidato austriaco, sostenido por los Habsburgo de Viena. Las diversas potencias europeas, preocupadas por sus intereses políticos y territoriales, se posicionaron ante el conflicto sucesorio español.

            Felipe de Borbón representaba el modelo centralista francés, apoyado en la Corona de Castilla, mientras que el archiduque personificaba el modelo foral, defendido por la Corona de Aragón y, fundamentalmente, por Cataluña. La guerra terminó con el triunfo de Felipe V a través de las victorias militares de Almansa (1707), Brihuega (1710) y Villaviciosa (1710). Por otro lado se debe destacar un acontecimiento que fue definitivo para comprender el desenlace: Carlos de Habsburgo heredó en 1711 el Imperio alemán. Sus aliados pasaron en ese momento a ver con preocupación la posible unión de España y Austria bajo un mismo monarca.

Tratado de Utrecht. 1713
Tratado de Utrecht. 1713

               La guerra concluyó con la firma del Tratado de Utrecht en 1713. El tratado estipuló lo siguiente: Felipe V era reconocido por las potencias europeas como Rey de España pero renunciaba a cualquier posible derecho sobre la corona francesa. Los Países Bajos españoles y los territorios italianos (Nápoles y Cerdeña) pasaron a Austria. El reino de Saboya se anexionó la isla de Sicilia. Inglaterra obtuvo Gibraltar, Menorca y el navío de permiso (derecho limitado a comerciar con las Indias españolas) y el asiento de negros (permiso para comerciar con esclavos en las Indias). La contienda puso terminó con la hegemonía que España detentaba en Europa desde el siglo XVI.

         El cambio de dinastía conllevó una nueva manera de entender el gobierno y la Administración del país. Cabe destacar a estos efectos la aprobación de los famosos “Decretos de Nueva Planta” de inspiración francesa. Los Decretos de Nueva Planta (1707-1716), llamados así por dotar de nueva organización o planta nueva a los organismos y tribunales de esos territorios, contribuyó a la puesta en marcha de una profunda transformación política y administrativa, a consecuencia de la cual surgió la España moderna, una estructura política unitaria y centralizada, circunscrita a los territorios peninsulares de los antiguos Reinos de Castilla y Aragón, en la que comenzó a configurarse un sentimiento compartido por los súbditos de ser españoles, de sentirse unidos por vínculos históricos, geográficos y culturales comunes.

Continuará…

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Manuel dominguez dice:

    Gracias de nuevo

    1. Bárbara dice:

      ¡A ti! Un fuerte abrazo.

  2. Patricia dice:

    Que buen repaso por parte de nuestra historia, gracias!!

    1. Bárbara dice:

      Gracias a ti por comentar. Un saludo.

  3. Manuel S. dice:

    Muy instructivo, enhorabuena fenomena!!!!!

    1. Bárbara dice:

      Muchas gracias Manolo. Me alegra te haya entretenido. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s