El sosiego y gravedad de la nación española


Rafael Sanzio. Batasar de Castiglione. 1514-1515. Museo del Louvre.
Rafael Sanzio. Batasar de Castiglione. 1514-1515. Museo del Louvre.

          Hay muchos necios que yendo en compañía del mayor amigo que tienen, luégo que topan con otro que trae mayor fausto y es, como dicen, de los bien vestidos, se pegan con él por mejorarse, y andan siempre tanteando las compañías y escogiéndolas, no por su gusto ni por virtud, sino por una vanidad miserable, que viendo desde una legua un señor en una plaza, o en otro lugar donde haya mucho pueblo, luego se van para él a gran priesa desatinados rompiendo por la gente, y no paran hasta ponérsele al lado, y allí, aunque no tengan que decille, buscan que hablalle; y así dicen cosas escusadas y mil frialdades, acompañándolas con grandes gestos, dando de la cabeza y de las manos, agora riéndose y agora mesurándose por mostrar que tratan cosas de mucha gracia o de mucha calidad, y por dar a entender que privan extrañamente con aquel señor; pero pues estos tales no se aprecian de hablar sino con señores, así agora nosotros no nos preciemos de hablar con ellos.

Jacopo Robusti. Tintoretto. El caballero de la cadena de oro. Hacia 1555. Museo Nacional del Prado.
Jacopo Robusti. Tintoretto. El caballero de la cadena de oro. Hacia 1555. Museo Nacional del Prado.

          Querría, dixo el magnífico Julian entonces, pues habéis, señor micer Federico, hecho mención de estos que de tan buena voluntad se acompañan con los bien vestidos, que nos mostrásedes de que manera se debe vestir el Cortesano, y que suerte de vestidos le convenga, más, y acerca de los atavíos de su cuerpo, como haya que regirse; porque en esto vemos infinitas diferencias; los unos se visten a la francesa, los otros a la española, hay algunos que quieren parecer tudescos, y no faltan hartos que se vistan ya como turcos, quién trae barba y quién no. Sería luego muy gran bien en tanta confusión saber escoger lo mejor. Yo, en verdad, dixo micer Federico, no sabría dar en esto regla cierta, sino que me parece que debe en el hombre vestir conformarse con los más, y pues, como vos decís, la costumbre en esto varía, y los italianos son tan amigos de trajes nuevos, pienso  que cada uno puede ya vestirse a su placer. Mas yo no se cual fortuna haya sido ésta, que Italia no tenga ya, como solia, hábito conocido por italiano, que, aunque estos que agora se usan hagan ser tenidos por groseros los que en otro tiempo se usaron, a lo menos aquéllos quizá eran una señal de libertad, como éstos han sido un mal anuncio de sujeción, el cual, en fin, ha habido de salir verdadero.

Juan de Juanes. Retrato de un caballero santiaguista. Hacia 1560. Museo Nacional del Prado.
Juan de Juanes. Retrato de un caballero santiaguista. Hacia 1560. Museo Nacional del Prado.

          Y como se escribe que habiendo Dario el primer año que peleó con Alexandre, hecho aderezar su espada y mudalla al talle de las de Macedonia, fue interpretado por los adevinos que aquella nacion en cuyo talle habia mudado Dario su espada, habia de venir a señorear la Persia; así el haber nosotros tomado diversas maneras de vestidos de diversas naciones, pienso que haya significado que todos aquellos pueblos en cuyos hábitos los nuestros se han mudado, habian de llegar a sojuzgarnos y tenernos cativos, lo cual ha sido harto más verdad de lo que fuera menester para nosotros; que ya no queda provincia ni tierra que no esté rica de nuestros despojos, tanto que no queda ya que despojar, y aún la desventura no cesa de pasar cada dia  más adelante. Pero no entremos agora en materias enojosas, sino que volvamos a los vestidos de nuestro Cortesano, los cuales pienso que, como se usen y no sean contrarios  a su profesión, puedan en los demas todos estár bien, con tal que satisfagan a quien los trae. Verdad es que yo querria que no siguiesen los estremos, echando demasiadamente a la una parte o a la otra, como el hábito frances  que ecede en ser muy ancho, y el tudesco en ser muy angosto, sino que fuesen como los que, tomando del uno y del otro, son corregidos y reducidos en mejor forma por los italianos, y no ternia por malo que echasen algo más hácia lo grave que hácia lo vano; por eso me parece que tiene más gracia y autoridad el vestido negro que el de otra color, y ya que no sea negro, sea a lo menos escuro.

Bartolomé Gonzalez. Caballero de la Orden de Santiago. Siglo XVI. Museo Nacional del Prado.
Bartolomé Gonzalez. Caballero de la Orden de Santiago. Siglo XVI. Museo Nacional del Prado.

          Esto entiéndese del vestir ordinario; que para sobre las armas no hay duda sino que están mejor las colores alegres y vistosas, y los vestidos lozanos y de fiesta bordados y acuchillados, pomposos y soberbios. También han de ser así en las fiestas, en los juegos de cañas, en las máscaras y en semejantes cosas, porque desta manera traen consigo una cierta viveza y gallardía, que hace mucho el propósito para las armas y para estas tales fiestas; pero en lo demás, querria que mostrasen el sosiego y la gravedad de la nación española; porque lo de fuera muchas veces da señal de lo de dentro.

Baltasar de Castiglione. El cortesano. Barcelona. 1534.

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