La Alta Costura según Paul Poiret


Paul Poiret.
Paul Poiret.

          Este capítulo será un curso elemental de alta costura. El personal de una casa de costura se compone de muchas categorías de empleados. En primer lugar, las técnicas, es decir, las encargadas de probar, las «primeras» y sus obreras. Ellas son las que hacen los modelos siguiendo la inspiración de los diseñadores. Son las que ejecutan las intenciones del creador; deben asimilárselas y darlas una forma impecable. En efecto, no se concibe una novedad sin que esté  perfectamente probada, ni una innovación que peque por defecto técnico.En una gran casa, una «primera» gana, por término medio, sesenta mil francos anuales, y, a mi parecer, debe poseer cierto grado de cultura. Si sus medios de existencia no le permiten vivir con bastante holgura, será incapaz de comprender los refinamientos y el arte del diseñador de moda, quién, por definición, es un artista de lujo.

Paul Poiret. Vestido de noche. 1910-1911. Instituto de Indumentaria. Kyoto.
Paul Poiret. Vestido de noche. 1910-1911. Instituto de Indumentaria. Kyoto.

          Conmigo han trabajado muy buenas «primeras», que conocían perfectamente su profesión y que eran trabajadoras de indiscutible valor, pero que no tenían esa comprensión y esa asimilación necesarias a la intención y a la fantasía del inventor. Ejemplo: Antoinette, a la que yo aconsejé que tuviera un amante, porque era una virtuosa solterona, y esta particularidad le impedía experimentar el encanto sensual que es la propia expresión de un vestido. A los profanos podrá parecerles sorprendente que esta consideración tenga su importancia en el valor de una empleada de comercio. Sin embargo, a mi juicio, es un principio innegable en lo que a costura se refiere, que empleadas cuyos sentidos no estén cultivados no podrán desempeñar sino papeles de importancia limitada. Posiblemente, Paris es la capital en la que florecen las fantasías de la moda, precisamente porque París es la capital en que se desarrolla con mayor libertad la vida sensible y voluptuosa.

Peggy Guggenheim luciendo un modelo de Paul Poiret. 1923. Foto Man Ray.
Peggy Guggenheim luciendo un modelo de Paul Poiret. 1923. Foto Man Ray.

          Una buena «primera» debe sentir el significado y los detalles de un vestido. Para seres refinados y llegados al mismo grado de evolución sensual en intelectual, no hay en un vestido, como en un cuadro, más que un solo punto en el que pueda ponerse una nota de color. No satisface ni allá, ni acullá: es precisamente aquí donde hay que ponerla. Es un tipo de necesidad o de instinto que se satisface y sacia colocando el detalle preciso en el mismo lugar en el que debe estar. Todos los que se han consagrado al arte, o mejor dicho, a la ciencia del cubismo, o, sencillamente, de la composición, han establecido que existía una geometría secreta que era la clave del estetismo. Lo que es cierto en lo que referente a línea y volúmenes, lo es también en cuanto a los colores y a su valor. Las mujeres, por lo general, poseen este instinto original, pero perfectible, que les permite juzgar si un detalle está en su sitio, o si tienen el color y la importancia convenientes. Una «primera» desprovista de este don esencial, no vale absolutamente para nada.

Paul Poiret en su taller con una clienta.
Paul Poiret en su taller con una clienta.

          Pero también debe conocer a fondo su oficio, para poseer ascendiente sobre su cliente e inspirar confianza inmediatamente y por siempre. Además, debe tener un carácter suave y paciencia angelical. No podría yo describir las escenas que se desarrollan en los salones de prueba de algunas de las casas que he conocido, en los que las clientes, cansadas por tener que permanecer largo tiempo en posición vertical, se ponen nerviosas, lloran, y , a veces, llegan a rasgar sus vestidos en un momento de cólera. He tenido que intervenir para poner término a crisis de este género.

Diseño de Paul Poiret. Dibujo de Georges Lepape. 1911.
Diseño de Paul Poiret. Dibujo de Georges Lepape. 1911.

 

Paul Poiret. Vistiendo la época. Recuerdos. Sevilla. Editorial Renacimiento. 2017. pp.111-113

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