LO QUE DEBE COMPONER EL TOCADOR DE LAS SEÑORAS


          “El gabinete de tocador ha de estar adornado con más ó menos espejos, y tener la capacidad suficiente para que tres personas puedan estar en él con comodidad. El peluquero es el que necesita mas lugar, particularmente si la persona á quien va a peinar tiene el pelo muy largo. Es preciso que este gabinete sea muy claro, y situado en el centro de la casa ó en lo mas resguardado del frío para no resfriarse la persona que se peina, sino está vestida, como generalmente sucede, aún cuando esté encendida la chimenea. Es bien sabido que ponerse á la corriente del aire es muy dañoso. Como los gabinetes de tocador, lo mismo que cualquier otra pieza de la casa, deben estar puestos al gusto de la persona que ha de servirse de ellos, y su adorno es igual que sea de un modo ó de otro, me ceñiré á hablar de lo puramente necesario.

Eduardo León Garrido. Dama en el tocador. Último tercio de siglo XIX. Museo de Bellas Artes de BIlbao.
Eduardo León Garrido. Dama en el tocador. Último tercio de siglo XIX. Museo de Bellas Artes de Bilbao.

          Debe haber en él un espejo de vestir, ó un tocador á la reina: si se prefiere aquel, será preciso que tenga una tarima, en la que se colocará todo cuanto pueda necesitarse. Para los viages es muy cómodo un necesér completo, pues se dejan siempre las piezas, de que se compone, lo mismo que están en su caja.En los tocadores á la reina no se necesita tarima, porque en la misma mesa se colocan todas las cosas como mejor convenga ó acomode. Para que el tocador sea completo debe tener un batidor, un escarpidor, una lendrera, un peine de cola ó mango, (debiendo todos ser de concha, menos la lendrera que será mejor si es de box) y un cepillo destinado sola para limpiarlos.

Berthe Morisot. El espejo psiqué. 1876. Museo Thyssen- Bornemisza. Madrid.
Berthe Morisot. El espejo psiqué. 1876. Museo Thyssen- Bornemisza. Madrid.

          Para la conservación del pelo ha de haber crema de estoraque, y de algunos olores suaves, como el estracto de Jacinto, de rosa, de flor de naranja, de heliotropo, de vainilla, de Portugal, de muselina, de mil flores, etc. Estos cosméticos desengrasan muy bien el pelo, y se emplean en él como las pomadas y aceites. Debe tenerse una peineta de concha, sencilla, redonda; y lo menos alta posible para que no eche a perder el peinado: esta peineta sirve para levantar el pelo; otra peineta mas alta para que cuando se ponga el sombrero no entre demasiado en la cabeza: y otra, según la moda, para adorno del peinado.

Anónimo. Neceser de bolsillo. Tercer cuarto del siglo XVIII. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Anónimo. Neceser de bolsillo. Tercer cuarto del siglo XVIII. Museo Nacional del Prado. Madrid.

          Para la cabeza se necesitan por lo menos tres cepillos; uno de hechura de erizon, bien delgado, y sobre todo de buena cerda , y muy fuerte, para que pueda penetrar hasta la raíz del pelo, y levantar las películas agarradas á ella: el segundo, menos fuerte, sirve para dejarlas caer; y el tercero, que debe ser suave, y de pelo de cabra, para pasarlo por la cara, orejas, y demás sitios donde puedan haber caído dichas películas.

Mary Cassatt.Dama en su toilette. 1909. Colección particular.
Mary Cassatt. Dama en su toilette. 1909. Colección particular.

          (…) Voy a hablar de dos objetos del tocador, sin los que no pueden pasar muchas damas: quiero decir, del blanco y del encarnado. Las señoras que se sirven de estos afeites deben usar de ellos lo menos posible, para no llenarse el rostro de arrugas antes de tiempo. Destruyen la expresión de la fisonomía , marchitan la frescura de la tez, y evitan que se desenvuelvan los colores naturales. El amor por la hermosura ha hecho idear, desde el tiempo mas remoto, todo cuanto se ha creído que es propio para darle realce, perpetuar su duración, ó reparar los estragos del tiempo: y las señoras, en quienes el gusto de agradar está mas generalizado se han persuadido que todo lo podrían encontrar en los afeites.

Raimundo de Madrazo. La Toilette. 1890-1900. Colección particular.
Raimundo de Madrazo. La Toilette. 1890-1900. Colección particular.

          (…) Casi todos los pueblos de la tierra se han pintado con mas ó menos gusto. El blanco y el encarnado han prosperado en Francia y en España; pero como dice La Fontaine, “se pueden reparar las ruinas de una casa, pero no las de la cara.” Con respecto á la salud no queda duda que todos los afeites la perjudican: echan a perder mas pronto la piel, la resecan y suprimen su transpiración embotado los poros. De esto proceden los barros, los empeines, y otras erupciones cutáneas que acarrean los diferentes blancos y encarnados que se estraen de los minerales. ¿Cuándo conocerán las mujeres que á cierta edad solo se reparan los atractivos de la juventud con la bondad, amabilidad y talento?”

Villaret. Arte de peinarse las señoras á sí mismas y manual del peluquero. Madrid. Librería de Pérez. 1832. pp. 116-122.

 

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  1. María Sánchez Vega dice:

    Me gusto muchísimo, buscaré el libro. Me interesa saber que usaban en los Siglos XVII y XVIII.

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