Las primeras ciclistas


Ramón Casas. El descanso de los ciclistas. 1886. Fundacion Fran Daurel. Aravaca. Madrid
Ramón Casas. El descanso de los ciclistas. 1886. Fundacion Fran Daurel. Aravaca. Madrid

“A finales del siglo XIX, los columnistas de periódicos de los Estados Unidos, andaban de cabeza con un asunto. El San Francisco Call,  se hacía eco en 1895 del tema que ocupaba a la sociedad, con el siguiente artículo:

          Realmente no importa demasiado a donde se dirige una jovencita subida en una bicicleta. Puede ser que vaya al parque por puro placer, o a la tienda a por una docena de horquillas, o que vaya a visitar a un amigo enfermo al otro lado de la ciudad, o hacerse con un patrón de costura o con una receta para matizar el bronceado o las pecas. Dejemos que sea así. Lo que el público interesado desea saber es: ¿A dónde van todas esas mujeres sobre dos ruedas?  ¿Es que a caso hay una gran cita en alguna parte hacia la cual todas ellas se dirigen y donde mantendrán una reunión que causará que este viejo continente y vacilante mundo se despierte y se reajuste?

Ladies Standar Magazine. Abril de 1894.
Ladies Standar Magazine. Abril de 1894.

       Puede decirse que el derecho a montar en bicicleta fue, para la mujer, el trofeo de una larga y dura contienda librada por muchas y variadas militantes. Deportistas como Fanny Bullock Workman cruzando el desierto en bicicleta a finales del siglo XIX, y cientos, miles de sufragistas manifestándose sobre dos ruedas, ayudaron a la causa con sus logros sirviendo de amplificador de las proclamas por la igualdad. Periodistas, aventureras, aristócratas, trabajadoras, intelectuales, arriesgaron su integridad a menudo, reivindicando su derecho a pedalear.

Le Petit Echo de la Mode. 7 de abril de 1895.
Le Petit Echo de la Mode. Abril de 1895.

          Hubo en cambio, quienes optaron por alternativas menos arriesgadas. Se ha escrito mucho sobre el rol de una bicicleta en la lucha por los derechos de la mujer, se sabe menos acerca de las batallas que las mujeres libraron para despojarse de la moda victoriana. Resulta difícil imaginar hoy en día subirse a una bicicleta con una larga y pesada falda y dar unas pedaladas sin que algo salga mal. Pero eso formaba parte del día a día de las primeras ciclistas, obligadas a llevar enaguas abrochadas hasta la cintura que sofocaban su caja torácica y faldas que colgaban peligrosamente sobre los radios de las ruedas o en torno a los pedales.

       En el siglo XIX, las mujeres seguían estando sometidas a un severo escrutinio en función de su vestimenta. Como afirma Frantiska Blazkova en su artículo: Victorian Women´s Cyclewear: The Ingenous Fight Against Conventions , “una dama reflejaba en su vestir hasta qué  punto cumplía con los dos estándares morales que se esperaban de ella: modestia y virtud”.

          A medida que decidieron despojarse de la moda encorsetada para adoptar prendas más idóneas para pedalear, muchas pioneras del ciclismo fueron diana de insultos e incluso de piedras y palos arrojados por quienes veían amenazada su moral conservadora. Pero las ciclistas victorianas no estaban dispuestas a renunciar a sus bicicletas ni a sus nuevas y cómodas prendas, de modo que hicieron uso de la picaresca.

       Muchas de ellas se las ingeniaron para pedalear con su ropa de diario en las principales calles de su ciudad, para luego ponerse ropa más “radical” una vez llegaban a las áreas menos concurridas.

          En este escenario, hubo imaginativas diseñadoras que contribuyeron a la causa. El “problema de vestimenta” apropiada para la bicicleta fue tan controvertido como movilizador: Para algunas emprendedoras, los inventos y diseños de prendas supusieron el vehículo principal para su entrada en el mundo de las patentes.

         Gracias a las patentes registradas por estas inventoras es posible conocer hoy los ingeniosos modos de conversión ocultos bajo las faldas a base de poleas, cables, y botones para recogerlas a la altura de las rodillas. Las posibilidades , eran infinitas. Sin embargo, tendría que llegar Amelia Jenks Bloomer, para desencadenar la auténtica revolución en las prendas ciclistas.”

Pilar Tejera. Reinas de la carretera. Pioneras del manillar y del volante. Editorial Casiopea. 2018. pp. 15-16.

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