El traje de maragato


Antonio María Esquivel. Santiago Alonso Cordero, el Maragato. 1842. Museo del Romanticismo. Madrid.
Antonio María Esquivel. Santiago Alonso Cordero, el Maragato. 1842. Museo del Romanticismo. Madrid.

          “Al día siguiente por la mañana, noté que cierto número de esas mujeres iban vestidas con un traje singular; me dijeron que eran las que son llamadas mauregatas. Su vestido es verdaderamente original: llevan muy grandes aros en las orejas, y sobre la cabeza una especie de sombrero blanco que desde lejos se parece mucho por el color y por la forma al de las mujeres moras; sus cabellos están separados en dos sobre la frente y cuelgan por ambos lados del rostro; lucen una enorme cantidad de retratos de santos, sea en medallas de plata o en otras bagatelas, colgando de grandes rosarios de coral que forman un collar y se extienden después sobre todo el pecho, la camisa está cerrada bajo esos rosarios y cubierta por un corpiño abotonado; ese corpiño es oscuro, así como sus velos y sus faldas, y las mangas son anchas y abiertas por detrás.

Collarada maragata. Museo del Traje. Madrid.
Collarada maragata. Museo del Traje. Madrid.

          Entre los hombres, los mauregatos llevan grandes sombreros y anchos pantalones sujetos sobre la rodilla, pero que cuelgan por encima de esa liga hasta la media pierna; el resto de sus vestidos consiste en un pequeño jubón con un lazo encima.

William Dalrymple. Mujer maragata. 1777.
William Dalrymple. Mujer maragata. 1777.

                   Me he informado de todas las gentes que he encontrado y que debían ser instruidos para saber algunos detalles de ese pueblo; pero no he sido muy afortunado en mis investigaciones; no me han dicho otra cosa sino que hay en los alrededores de esta ciudad una gran cantidad de pueblos, todos unidos por una especie de acuerdo y sometidos a reglas fijas, de las que nadie se aparta. Todos sus matrimonios se hacen entre ellos. Si alguno se apartase de esos usos y de esas costumbres será echado de la sociedad; porque difieren, tanto por los trajes como por las maneras , de todos los habitantes del reino. Cuando una muchacha está comprometida no puede hablar ya con ningún otro mozo más que con sus pretendiente, y eso bajo la pena de una multa que se paga en vino. Todos los muchachos la persiguen y atormentan para hacerla hablar. Después del matrimonio, las mujeres ya no peinan sus cabellos, lo que es una necia costumbre. Hacen los trabajos de la agricultura, mientras los hombres están ocupados en guiar los carros a través de las montañas de Galicia, lo que es causa de que mantengan un número considerable de mulas, porque la carretera principal de Madrid acaba aquí. Este pueblo podría estar en la abundancia: es activo e industrioso; pero piensa es necesario vivir en la indigencia. Supongo que son los mozos de mulas, los yangüeses de que se hace mención en Don Quijote.”

Juan de la Cruz Cano y Olmedilla. Maragato. 1777. Museo Británico. Londres.
Juan de la Cruz Cano y Olmedilla. Maragato. 1777. Museo Británico. Londres.

Extracto del viaje  por España del  Mayor W. Dalrymple  en 1774 en José García Mercadal. Viajes de extranjeros por España y Portugal: desde los tiempos más remotos hasta comienzos del siglo XX.  Tomo V.  Salamanca, Junta de Castilla y León, Consejería de Educación y cultura. 1999. p. 201.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Julio Bosco Gomez dice:

    Cual es la razon de esta estrambotica indumentaria ?

  2. Manuel Domínguez dice:

    Éste ha sido todo un descubrimiento de conocimientos para mi.

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