Un inglés en la España de Godoy


          “Kauffman, sobrino de la famosa Ángelica y bastante buen pintor también él, me acompañó esta mañana al Prado y allí encontramos a madame Bendicho y a su fiel Expilly (famoso táctico, tanto en la guerra como en la paz), el cual me dijo que cierta cosa que me había parecido particularmente interesante estaba al alcance casi de mi mano. Esta noticia me animó de tal manera que Kauffman tuvo casi que dar saltos para poder seguirme al paso que yo iba. Atravesé el Prado entero sin dar con el objeto de mi búsqueda y me encontré, casi sin darme cuenta de ello, en el patio frontero de la fea iglesia de Atocha. Una muchedumbre de devotos nos empujó hasta la capilla de la Virgen, que está rodeada de trofeos y ex-votos, piernas, brazos y dedos, de cera y de yeso.

Juan Carreño de Miranda.La Virgen de Atocha. Hacia 1680. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Juan Carreño de Miranda.La Virgen de Atocha. Hacia 1680. Museo Nacional del Prado. Madrid.

          Kauffman tiene tres partes de infiel, a la manera alemana, pero le aconsejé que se arrodillase imitando como pudiera la solemnidad castellana y oyera una misa entera, aunque no fuese de las más cortas precisamente, pues el cura que las decía era viejo y aficionado a limpiarse las gafas con frecuencia, y las llevaba enormes y lustrosas, tanto que se eternizaba tratando de ajustárselas bien en la nariz.

Anónimo. Asedio y captura del Fuerte San Felipe en Menorca en 1756 después del exitoso desembarco de las tropas del Mariscal Richelieu y la victoria naval de La Galissonière contra el Almirante Byn. Hacia 1756. Biblioteca Nacional de Francia. Paris.
Anónimo. Asedio y captura del Fuerte San Felipe en Menorca en 1756 después del exitoso desembarco de las tropas del Mariscal Richelieu y la victoria naval de La Galissonière contra el Almirante Byn. Hacia 1756. Biblioteca Nacional de Francia. Paris.

         Ocurrió que nos arrodillamos a la sombra de unas banderas que el león británico cometió la simpleza de no capturar durante la pasada guerra; las banderas del fuerte de San Felipe ondeaban sobre mi cabeza. Entre la muchedumbre de adoradores de Nuestra Señora percibí a uno de los más alegres de mis amigos de sarao, el joven duque de Arión, que parecía una oveja descarriada, golpeándose el pecho desmedidamente.

Vicente López Portaña. Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo y Salm-Salm. XII duque del Infantado. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Vicente López Portaña. Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo y Salm-Salm, XII duque del Infantado. Museo Nacional del Prado. Madrid.

          El pesadísimo «salve regina» concluyó por fin y yo volví a pasear por el Prado y por fin descubrí a la persona que deseaba ver más que a ninguna otra, vigilada celosamente por su madre. Les acompañé a su puerta y volví despacio y en zig zag a casa, donde encontré a Infantado, que llevaba media hora esperándome. Con él fui por la carretera de Toledo para ver el pomposo puente o, mejor dicho, viaducto porque el río que cubre no es lo bastante copioso, ni aun en sus mejores momentos, para hacer girar la maqueta de una rueda de molino, tanto menos la rueda misma.

osep Lluis Pellicer (Dibujo), Bernardo Rico (Grabado). Inauguración del viaducto de la calle Segovia. 1872. La Ilustración de Madrid.
Josep Lluis Pellicer (Dibujo), Bernardo Rico (Grabado). Inauguración del viaducto de la calle Segovia. 1872. La Ilustración de Madrid.

          Desde allí fuimos a una villa recién comprada por la duquesa de Alba y que me dijeron, había sido habitada en un tiempo por Rubens. Y por cierto encontramos allí a un joven vanidoso pintor francés, de esos que están en especializados en arabescos y Cupidos, que se dedica a raspar los últimos recuerdos dejados en aquel lugar por el famoso pintor; reminiscencias de cuadros famosos pintadas por él al fresco con un fondo de rico damasco carmesí. Sí, pueden creerme que fui testigo de esta operación vandálica y que vi grandes pedazos de estuco, marcados por la mano de Rubens, caer al suelo, mientras el desdichado que tan irreparable acción estaba cometiendo cantaba:  «Veillons, mes soeurs, veillons encore», con un acusado acento parisino, mientras seguía raspa que te raspa.

Francisco de Goya. Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo y Silva, Duquesa de Alba. 1795. Colección Casa de Alba.
Francisco de Goya. Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo y Silva, duquesa de Alba. 1795. Colección Casa de Alba. Palacio de Liria. Madrid.

          Mi humor, bueno de ordinario, se sintió tan irritado por este espectáculo que rogué me excusaran de seguir la excursión y volví a casa, mientras Infantado regresaba a su Palacio. No tardé en reunirme con él, pues había sido invitado a cenar aquella noche con su virtuoso papá. Menos mal que la moda de la decoración de interiores a la francesa no ha manchado aún esta sencilla y principesca morada, que conserva su noble simplicidad castellana, con todos sus famosos cuadros intactos y aún no contaminados.

          En cuanto el viejo duque se retiró para hacer sus devociones vespertinas nosotros dos corrimos al baile del embajador de Francia, donde encontré más pecadores que santos y no vi nada particularmente edificante, excepto a la tribu semi-real de los Medinaceli, bailando por todo lo alto; Cogolhudo, el heredero de esta gran casa, es un personaje bienintencionado y siempre ocupado, pero su ilustre consorte, que acaba de recibir el importante cargo de Camarera-mayor (sic) de la imagen de Nuestra Señora de la Soledad, es mucho menos afable y servicial.”

Federico de Madrazo. Ángela Pérez de Barradas y Fernández de Córdoba, duquesa de Medinacelli.1854. Palacio de las Dueñas. Sevilla.
Federico de Madrazo. Ángela Pérez de Barradas y Fernández de Córdoba, duquesa de Medinacelli. 1854. Palacio de las Dueñas. Sevilla. 

William Beckford. Un inglés en la España de Godoy. Madrid, Taurus Ediciones, 1966. pp. 133-135.

          William Thomas  Beckford (1760 – 1844) fue un escritor, político, viajero y coleccionista británico, considerado el inglés no perteneciente a la nobleza más rico de su tiempo. A los diez años de edad heredó de su padre, que había sido alcalde de Londres, un millón de libras en metálico, propiedades en Inglaterra y plantaciones de azúcar en Jamaica. A lo largo de su vida gastó enormes sumas en la decoración de su residencia  de Fonthill Abbey (Witlshire), de estilo neogótico, también conocida como “la locura de Beckford” (hoy perdida). Fue un gran coleccionista de artes decorativas y de pintura de grandes maestros, entre los que caben destacar Bellini,  Mantegna, Lippi, Perugino o Velázquez (Felipe IV de marrón y plata, hoy en la National Gallery de Londres). En 1834 publicó Italia con bocetos de España y Portugal en dos volúmenes, donde recogió sus vivencias e impresiones de estos tres países.

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