Los españoles van vestidos en consecuencia

el

          Aunque fuese a mitad de noviembre, la temperatura era todavía muy alta durante el día; pero bajaba bruscamente a la puesta de sol, hasta el punto de ser a veces demasiado fresca al atardecer y durante la noche. Los españoles saben a qué atenerse, y van vestidos en consecuencia. La gran capa tradicional, en la que se envuelven magistralmente y que no abandonan ni aun durante los calores del verano, unida al ancho sombrero de fieltro que sombrea su cabeza, les preservan de muchos de los inconvenientes  que sufren los extranjeros vestidos a la moda de su país de origen. Se nos ha ocurrido la idea de seguir el ejemplo de nuestros huéspedes , y hemos comprado en bastante buenas condiciones una hermosa capa  de paño negro y un sombrero del mismo color. Esta fantasía no ha tardado en darnos penas, pues, después de haber usado durante algunos días ese traje castellano, nos parecía que nunca nos decidiríamos a abandonarlo.

Rafael Benjumea. Galanteo en un puesto de rosquillas de la Feria de Sevilla. 1852.  Museo Carmen Thyssen. Málaga.
Rafael Benjumea. Galanteo en un puesto de rosquillas de la Feria de Sevilla. 1852. Museo Carmen Thyssen. Málaga.

Imposible sin embargo volver a Francia con ese atavío, que nos hubiera hecho pasar por cómicos de la legua. Podrían creer, guiados por el simple buen sentido, que la moda está regida por el tiempo y los medios, que tienen por objeto velar por la conservación de la salud y por hacer fácil todo trabajo corporal y toda locomoción. Cada uno sabe que no hay nada de eso sino, muy al contrario, que ese tirano coronado por  la ligereza y la inconsecuencia de nuestro carácter  no tiene otra misión que el molestarnos y el atormentarnos sin cesar. Cuanto más civilizado es un pueblo, más alcanza la moda en él las regiones supremas de lo absurdo, más se impone sin preocupaciones del bienestar, sin tener en cuenta lo confortable. El más absurdo de los tocados, es, según opinión unánime, el sombrero de seda tubo de estufa. Esa grotesca chimenea con la que adornamos la cumbre de nuestra cabeza, que calienta desagradablemente en verano sin garantizar contra los rayos del sol y no sustrae invierno de los rigores de la bruma, ese tocado tan incómodo como ridículo, ha dado victoriosamente la vuelta al mundo; ha suplantado todos sus rivales y se ha impuesto como un emblema ineluctable del progreso moderno.

Stockholm Fashion Journal: revista para el mundo elegante. 1847. Museo Nórdico. Estocolmo.
Stockholm Fashion Journal: revista para el mundo elegante. 1847. Museo Nórdico. Estocolmo.

Nuestros abrigos, nuestras levitas ,nuestras holapandas y hasta nuestros estrechos chalecos, que no cubren el pecho y se yerguen torpemente sobre nuestras caderas y sobre nuestros hombros, esas chaquetas de obscuro paño, tan costosas como mal apropiadas a nuestras necesidades, reemplazan poco a poco, bajo todas las latitudes los pintorescos vestidos que cada país había imaginado en los tiempos ingenuos, de acuerdo con las exigencias de sus costumbres y de las necesidades de su clima. Los guantes, en los cuales es buen género el aprisionar nuestros dedos, no sólo son incómodos en el sentido de que disminuyen las aptitudes y la agilidad de la mano, sino que además depósitos malsanos de miasmas y de grasa sin cesar acumulada, cuya invención hubiera sido muy perdonable a los indios, que jamás nos ofrecen la mano derecha porque se sirven de ella en ciertas circunstancias para hacer economías de papel. Nuestros calzados no tienen a menudo otro resultado que deformarnos el pie, sin dar al resto de la pierna los servicios que le aseguraban las botas altas a la amazona, de las que se servían nuestros abuelos y que todavía usan en algunas de nuestras campiñas o entre los pueblos que no han recibido el último bautismo de la emancipación moderna. Quiere la moda que así sea. No hay viejo prejuicio de la Edad Media del que no sea fácil triunfar. No echaremos menos en falta, y eso durante mucho tiempo, nuestra capas negras y nuestros sombreros castellanos.

Antonio María Esquivel. Los poetas contemporáneos. Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor. 1846. Museo Nacional del Prado.
Antonio María Esquivel. Los poetas contemporáneos. Una lectura de Zorrilla en el estudio del pintor. 1846. Museo Nacional del Prado.

Leon de Rosny. Toros y mantillas. Recuerdos de un viaje por España. París. 1894.

Un comentario Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s