París, capital del siglo XIX


          “Muchas galerías de París aparecieron en la década y media después de 1822. La primera condición para su aparición es la expansión del comercio textil. Magasins de nouveautés, el primer establecimiento en mantener grandes cantidades de mercadería en el local, abrió sus puertas. Éstas son las antecesoras de las tiendas de departamentos. Este era el periodo sobre el cual Balzac escribió: «El gran poema de la exhibición canta sus estrofas de color desde la Iglesia de Madeleine al Porte Saint Denis» Las galerías son un centro de comercio de artículos de lujo. Al alhajarlas, el arte entra al servicio del mercader. Los contemporáneos nunca se cansan de admirarlas, y durante un largo tiempo permanecen como punto de atracción para los extranjeros. Una Guía ilustrada de París dice: «Estas galerías, una invención reciente del lujo industrial, tienen techos de vidrio, con corredores enchapados en mármol que se extienden a lo largo de bloques completos de edificios, cuyos dueños se han unido para tales empresas. Alineadas a ambos lados de estos corredores, iluminados desde arriba, se encuentran las tiendas más elegantes, de modo que el pasaje es una ciudad, un mundo en miniatura». Las galerías son el escenario de la primera iluminación a gas.

Galerias Lafayette.
Galerias Lafayette. París. 1912.

          La segunda condición para la aparición de las galerías es el comienzo de la construcción en hierro. El Imperio vio en esta tecnología una contribución para el renacimiento de la arquitectura en un sentido griego clásico. El teórico de la arquitectura Boetticher expresa la visión general del asunto cuando dice que, «en relación a las formas de arte del nuevo sistema, el principio formal del modo helénico» debe prevalecer. El Imperio es el estilo del terrorismo revolucionario, para el cual el estado es un fin en sí mismo. Así como Napoleón era incapaz de comprender la naturaleza funcional del estado como instrumento de dominación de la clase burguesa, los arquitectos de su tiempo eran incapaces de comprender la naturaleza funcional del hierro, a partir del cual el principio constructivo comenzó a predominar en la arquitectura.

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          Estos arquitectos diseñan soportes que asemejan columnas de Pompeya, y fábricas que imitan edificios residenciales, del mismo modo en que más tarde las primeras estaciones de ferrocarril serán modeladas a partir de chalets. «La construcción juega el papel del subconsciente». Sin embargo, el concepto del ingeniero, que data de las guerras revolucionarias, comienza a ganar terreno, y la rivalidad entre el constructor y el decorador, entre la Escuela Politécnica y la Escuela de Bellas Artes, comienza.

Gustave Caillebotte. El puente de Europa. Hacia 1876. Museo Petit Palace. Ginebra.
Gustave Caillebotte. El puente de Europa. Hacia 1876. Museo Petit Palace. Ginebra.

          Por primera vez en la historia de la arquitectura aparece un material de construcción artificial: el hierro. Éste experimenta una evolución, cuyo ritmo se acelerará en el transcurso del siglo. Este desarrollo entra a una nueva fase decisiva cuando se hace evidente que la locomotora -con la que se había estado experimentando desde fines de la década de 1820- es compatible sólo con rieles de hierro. El riel se transforma en el primer componente prefabricado de hierro, el precursor de la viga. El hierro es evitado en la construcción de casas pero es utilizado en las galerías, salas de exhibición, estaciones ferroviarias -edificios que sirven propósitos transitorios. Al mismo tiempo, el rango de aplicaciones arquitectónicas para el vidrio se expande, aunque los prerrequisitos sociales para su aplicación extendida como material de construcción van a adquirir protagonismo sólo cien años más tarde.”

Claude Monet. La estación de San Lázaro, llegada de un tren. 1877. Fogg Museum. Harvard Art Museums. Boston. EEUU.
Claude Monet. La estación de San Lázaro, llegada de un tren. 1877. Fogg Museum. Harvard Art Museums. Boston. EEUU.

Walter Benjamin. Extracto de París, capital del siglo XIX. 1935.

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