Reflexiones sobre el proceso de María Antonieta


          “Mi intención no es en absoluto defender a la reina como lo haría un jurisconsulto; ignoro  de qué ley podría servirse uno para ello, y sus propios jueces tampoco se aventurarán a decírnoslo; es lo que llaman opinión, eso que consideran política, es su único motivo y finalidad. Las palabras “defensa”, “prueba”, “juicio” son un lenguaje convenido entre los pueblos y sus jefes; pero es por medio de otros signos como podemos presagiar la suerte de esta ilustre desgraciada. Así que me voy a limitar a dirigirme a la opinión, a analizar la política, a contar lo que he visto, lo que sé de la reina, y a exponer las horribles consecuencias que tendría su condena. ¡Oh, vosotras, mujeres de todos los países, de todas las clases sociales, escuchadme con la emoción que yo siento!

Anónimo. Ejecución de Luis XVI. Siglo XIX.
Anónimo. Ejecución de Luis XVI. Siglo XIX.

 

          El destino de María Antonieta reúne todo lo que puede conmover vuestro corazón: si sois felices, ella también lo ha sido; si sufrís, desde hace un año, desde hace más todavía, todas las penas de la vida vienen desgarrando su corazón; si sois sensibles; si sois madres, ella ha amado con toda la fuerza del alma, y la existencia tiene para ella todavía el precio que aún conserva mientras nos quedan seres queridos. No quiero atacar ni justificar a ningún partido político, pues temo distraer así aunque sólo sea el interés de uno de mis lectores, alejarlo de la augusta persona que voy a defender. Republicanos, constitucionalistas, aristócratas, si habéis conocido la desdicha, si alguna vez habéis apelado a la piedad ajena, si el futuro viene a vuestro pensamiento cargado de temor, uníos todos para salvarla. ¿Terminará la muerte con tan larga agonía? ¿Tan lejos puede llegar el infortunio de una criatura humana? ¡Ah! ¡Rechacemos todos el don de la vida, dejemos de existir en un mundo donde tales posibilidades se ciernen sobre el destino! Pero debo contener la profunda tristeza que me abruma; solo querría llorar, pero hay que razonar, discutir un tema que a cada instante subleva el alma.

William Hamilton. María Antonieta conducida a la guillotina. 1794. Museo de la Revolcuión Francesa. Vizille.
William Hamilton. María Antonieta conducida a la guillotina. 1794. Museo de la Revolcuión Francesa. Vizille.

 

          La calumnia se ha cebado en la reina, incluso antes de esta época, en la que el espíritu de partido ha hecho desaparecer la verdad de la tierra. La triste y sencilla razón de todo esto es que era la más feliz de todas las mujeres. ¡María Antonieta, la más feliz! Eso le tocó en suerte, por desgracia, y el destino del hombre es hoy tan deplorable que el espectáculo de la rutilante prosperidad se convierte en un presagio funesto. Cuántas veces he oído contar la llegada a Francia de la hija de María Teresa, aquella hermosa joven cuya gracia rivalizaba con su dignidad, tal y como hubiera cabido esperar en aquel tiempo de la reina de los franceses. Imponente y dulce, podía permitirse todo lo que la verdad le inspiraba sin menoscabar nunca la majestad del rango que se le exigía respetar.

Louis Marie Sicard. Retrato de María Antonieta, reina de Francia. Colección particular.
Louis Marie Sicard. Retrato de María Antonieta, reina de Francia. Colección particular.

 

          El entusiasmo de los franceses al verla fue inenarrable; el pueblo, que la recibió como una reina adorada, parecía estarle agradecido por ser  encantadora; su atractivo embelesaba por igual a la multitud  y a la corte que la rodeaba.  Aún  no hace ni cinco años y ya ha transcurrido toda su vida política, todo lo que le ha valido el amor y el odio; no hace ni cinco años y ya ha transcurrido toda su vida política, todo lo que le ha valido el amor y el odio; no hace ni cinco años veíamos a todo París caer rendido a sus pies: los mismos caminos que hoy recorre  de suplicio en suplicio entonces se alfombraban de flores a su paso y, seguramente, la reina reconoce hoy los mismos rasgos que entonces la acogieron, las mismas voces que se elevaban al cielo implorando por ella. ¿Y qué ha pasado desde entonces? Su coraje y su desgracia. Hoy se rechaza como un error aquel entusiasmo cuyo recuerdo hay que añadir a la amargura de su destino, aquel entusiasmo cuyo recuerdo debe inquietar también a los franceses y hacerles dudar de sus nuevos juicios; sin embargo , es cierto que nadie difiere como ella de la reputación que han intentado asociarle sus enemigos; estos ni siquiera han pretendido darle verosimilitud a su mentira, pues saben muy bien que cuentan con la envidia, que tan bien responde a las terribles expectativas de los calumniadores.

Jacques-Louis David. María Antonieta en su camino hacia la guillotina. 1793.
Jacques-Louis David. María Antonieta en su camino hacia la guillotina. 1793.

 

          (…) Puede que en su juventud fuera brillante y frívola, que quizás entonces confiara demasiado en la felicidad; pero en la madurez su carácter sólo se manifestó en rasgos de coraje y sensibilidad que presuponen todas las virtudes. ¿Qué ha sucedido para que los franceses se hayan alejado de este amable ser que parecía nacido para gustarles? Se ha dicho que María Antonieta detestaba Francia, que era “austriaca”. Sus enemigos, en su  furor, siempre la han llamado así, “la austriaca”, seguros con ello de confundir al pueblo, al que sólo se puede seducir y ganar, sólo apasionar, con ideas que `pueden resumirse en una sola palabra. Todos los corazones estaban dispuestos a amar a María Antonieta; el medio más seguro que tenía la envidia para alejar a esos corazones era convencerlos de que a cambio de su amor sólo obtendrían  más que odio; y pronto lo consiguió.

         (…) Árbitros de la vida de la reina, quiero hablar conforme a vuestros deseos; quiero imploraros: sed justos, sed generosos con María Antonieta; pero sed también celosos de su gloria: al inmolarla la consagráis para siempre. Vuestros enemigos os perjudicarán más con su muerte que con su vida.”

Anónimo. Ejecución de María Antonieta el 16 de octubre de 1793.
Anónimo. Ejecución de María Antonieta el 16 de octubre de 1793.

 

Madame de Staël. Reflexiones del proceso de la Reina. Introducción Mª Victoria López- CordónAbada Editores. Madrid. 2006. pp. 115-137.

Anne-Louise Germaine Necker  (1766-1817), conocida como madame de Staël, fue una destacada escritora francesa con una importante producción que abarcó desde la novela al ensayo. Hija del ministro de finanzas de Luis XVI, tuvo una vida sentimental agitada y fue desterrada de Francia por Napoleón. Su discurso en defensa de la reina María Antonieta (1793) es de gran interés para conocer los acontecimientos que  se produjeron antes de la  ejecución de la reina y el determinante papel que jugó la propaganda contra ella.

3 Comentarios Agrega el tuyo

  1. STELLA CERON R. dice:

    Madame de Stael fue muy acertada, al inmolarla, la perpetuaron.
    Interesante artículo. Gracias Barbara.

    1. Bárbara dice:

      La propaganda jugó un papel determinante en su condena. Un cordial saludo.

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