La mesa de palacio de Felipe IV


Diego Velázquez. Felipe IV. Hacia 1653. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Diego Velázquez. Felipe IV. Hacia 1653. Museo Nacional del Prado. Madrid.

“El rey y la reina comían separadamente. Una vez por semana podían presentarse estas comidas. No así las de las infantas, que comían siempre fuera de toda mirada indiscreta. Decíase que el rey comía retirado, cuando lo efectuaba en una sala pequeña y en la intimidad, servido sólo por sus gentileshombres. Las comidas en público las celebraba en un gran salón, que servía también para fiestas.

Pieter Claesz. Bodegón con pastel de pavo real.1627. National Gallery. Washington.
Pieter Claesz. Bodegón con pastel de pavo real. 1627. National Gallery. Washington.

Si la comida del monarca era pública, su protocolo era más complejo que el de una recepción de embajadores. Cada semana, el mayordomo semanero se presentaba en la cocina de Palacio, y se designaba la hora a la que habían de estar dispuestos cuantos funcionarios intervenían en la comida del rey. Puerta con puerta iba dándoles aviso el ujier de sala, golpeándola con una varilla de ébano, rematada por coronilla de oro. El tapicero extendía una gran alfombra en la habitación donde había de comer el monarca. El furrier de Palacio hacía instalar en ella la mesa bajo dosel y otras que servían de aparador en sus inmediaciones, colocando convenientemente la silla de su majestad.

Félix Castelo. Vista del Alcázar de Madrid.1630-1640. Museo de Historia de Madrid.
Félix Castelo. Vista del Alcázar de Madrid. 1630-1640. Museo de Historia de Madrid.

Escoltados por la guardia y en orden riguroso de etiqueta, iban procesionalmente los funcionarios de la mesa real, llevando a ésta desde la panetería, primero, y desde la bodega después, todos los adminículos necesarios: copas, jarros, salvas, salero, manteles, cubiertos, vinos, pan, etc,: pasando cada cosa de mano en mano con arreglo al más prolijo ceremonial.

Osias Beert. Bodegón con ostras. Hacia 1610. Staatsgalerie. Stuttgart.
Osias Beert. Bodegón con ostras. Hacia 1610. Staatsgalerie. Stuttgart.

A la hora señalada salía el rey de su cámara, acompañado por el mayordomo semanero, que tomaba entonces su bastón de mando, y el ujier, golpeando la puerta de la sala con su varilla, decía en alta voz: «¡A la vianda, caballeros!» Todos los oficiales, por su orden, iban en busca de ella a la cocina, escoltados por la guardia.

«A su vez, el trinchante semanero, se lavaba las manos y se llegaba a la mesa de su majestad, desenvolvía la servilleta en que estaba envuelto el pan, la tomaba por las puntas y se la ponía al cuello, cortaba el pan, dando primeramente la salva al sumiller de la panetería; y, de lo cortado ponía encima de un trincheo (plato de mesa para partir), lo que le parecía podría bastar para la comida de su majestad, y el salero, un cuchillo y un palillo, colocando este trincheo, así dispuesto, debajo de un pliegue del mantel, a la derecha del sitio que había de ocupar su majestad, y encima la servilleta de que había de servirse».

Diego Granado. Libro del arte de cozina. 1599. Biblioteca Nacional. Madrid.
Diego Granado. Libro del arte de cozina. 1599. Biblioteca Nacional. Madrid.

Con la misma ceremonia iban a la cocina el mayordomo semanero y sus acompañantes, en busca de los manjares, que recibían de manos del cocinero mayor. El panetier los descubría al mayordomo solamente, tapándolos después con cobertores, sin que quienes los llevaban pudiesen ver lo que tenían dentro. El salsier cuidaba de las salsas, y el panetier mismo era portador del plato que consideraba preferido por el soberano.En la consabida fila profesional, que cerraba la guardia, llegaban a la mesa regia, poniendo en ella los platos por su orden. Entonces entraba el rey en la cámara que servía de comedor. El copero tomaba las fuentes y le servía el agua para lavarse las manos. El panetier presentaba una servilleta, que llevaba al hombro, al mayordomo semanero, y éste al mayordomo mayor o a la persona de más categoría que se hallase presente, la cual la trasladaba al soberano, para que se secara. Durante esta operación, el trinchante iba descubriendo los platos que en la mesa había, para que eligiese su majestad y retirar los otros.

Cocina. Palacio Real. Madrid.
Cocina. Palacio Real. Madrid.

«El aposentador de Palacio esperaba con la silla en las manos y una rodilla hincada en el suelo a que su majestad se sentase. Antes de hacerlo, el prelado de mayor dignidad allí presente bendecía la mesa; a falta de prelado, desempeñaba esta función el limosnero mayor, y , en su ausencia, un sumiller de oratorio. Los maceros, sin nsignias, se colocaban a los lados de la tarima para apartar a la gente y procurar no se estorbase en el servicio».

Ya sentado el rey a la mesa servíanle el panetier y el trinchante, mientras el mayordomo semanero permanecía a su lado en pie, con el bastón en la mano. Próximo a éste se hallaba el copero, atento a la menor seña del monarca, para servirle la copa. No era operación sencilla, pues había de tomar aquélla en el aparador, donde el sumiller de la cava la tenía ya dispuesta y tapada. El sumiller se la entregaba y descubría ante el médico de semana, y el copero, volviéndola a tapar, llevábala entonces al rey, escoltado por los maceros y el ujier de sala, y se la servía doblando una rodilla en el suelo, a la vez que sostenía una salva debajo de la copa, mientras bebía el soberano, para evitar que cayera ninguna gota, hecho lo cual, volvía el copero a depositar la copa en el aparador, y el panetier acudía con una servilleta para que el monarca se limpiase los labios. De suerte que cada sorbo real ponía en movimiento a un tropel de gente, e implicaba molestias y tiempo perdido, incluso para el propio rey, ídolo y víctima de este ritual de la etiqueta.

Joaquim Beuckelaer. Cristo en casa de Marta y María.1568. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Joaquim Beuckelaer. Cristo en casa de Marta y María.1568. Museo Nacional del Prado. Madrid.

Repetíase la procesión y el ceremonial a cada nuevo plato o vianda que se traía de la cocina. Terminados éstos, el panetier servía el postre, consistente en frutas, obleas y confites; el trinchante ponía el pan que sobraba en una fuente de plata, entregándole, con destino a los pobres, al limosnero mayor y éste al mozo de limosna, no sin que éstos dos últimos besaran la fuente. Lavábase el rey las manos otra vez, y se alzaban los dos manteles que cubrían la mesa; el limosnero daba gracias a Dios, cosa que el monarca oía en pie; el trinchante quitábale las migajas que hubieran caído en su vestido, el mayordomo semanero el acompañaba hasta su cámara, el copero transportaba la copa a la cava con igual acompañamiento que la trajo, y lo propio hacían el sumiller de panetería y sus ayudantes con los enseres de la mesa.

Luis Paret y Alcázar. Cena de Carlos III ante la Corte.Hacia 1775. Museo Nacional del Prado. Madrid.
Luis Paret y Alcázar. Carlos III comiendo ante su Corte. Hacia 1775. Museo Nacional del Prado. Madrid.

En igual forma que la comida, servíase la cena, con la adición del alumbrado de las velas y hachas, correspondiente a la dependencia de cerería, y que había de disponer con tan complicado ceremonial como los demás servicios. En las comidas más solemnes, los atabales1 y trompetas se instalaban en el corredor de la escalera principal para tocar cuando se ponía la mesa, cuando se sacaban las viandas y mientras comía el soberano; y, al sentarse éste a la mesa, los maceros se colocaban ante la tarima que lo sostenía y los reyes de armas a ambos lados de aquélla. Ritual semejante, pero con mayor complicación, presidía las comidas reales, cuando, para celebrar la boda de alguna dama de Palacio, comía ésta públicamente con el rey y reina juntos, o cuando, el día de San Andrés, el monarca invitaba a su mesa a los caballeros de la Orden del Toisón de Oro”.

José Deleito y Piñuela. El rey se divierte. Madrid. Alianza Editorial. 1988. pp.130-133.

1. Tambor pequeño que se lleva colgado del brazo y se toca con una sola baqueta.

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