La Duquesa de Alba y la Gracia Goyesca


“Fue un crítico de arte madrileño, ya muerto, mi amigo Aureliano Beruete y Moret, que estudio a Goya con probidad documental, cosa que no siempre se ha hecho, quien primero hizo -que yo sepa- de una manera expresa la observación: La Duquesa de Alba -Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo- fue para Goya una fuente continua de inspiración. Su cuerpo, su ademán, su ritmo personal, sus movimientos, fueron para el arte goyesco lo que la certa idea para el del platónico Rafael. Goya fue peripatético y la certa idea no la fue a buscar al mundo abstracto de las ideas puras, de donde extrajo su casi contemporáneo Winckelmann el concepto de la Belleza Absoluta y normativa, sino al mundo tangible, visible y audible del demonio y la carne. Con algunas restricciones puede darse por cierta y verdadera la observación de Beruete, aunque no debemos perder de vista que antes que apareciera la Duquesa de Alba sobre el horizonte del arte y de la vida de Goya, esas líneas, esos ademanes y ritmos de movimiento, que Beruete considero inspirados en la Duquesa, ya estaban, ya hablan aparecido, con mayor o menor vigor, en las obras que hasta entonces habla producido el pintor de la Corte de Carlos IV.

Diego Velázquez. La Venus del espejo.1647–1651 National Gallery. Londres.
Diego Velázquez. La Venus del espejo.1647–1651. National Gallery. Londres.

Es más: no creo que sea del todo difícil hallarles precedentes en el arte español anterior, porque tales líneas, tales ademanes y ritmos de movimiento no fueron bellezas exclusivas de la Duquesa Cayetana, sino que pertenecen a una parte muy considerable del mundo femenino español. Mis ojos también las han visto vivientes por las calles de esta misma ciudad de Méjico… Las variantes de las modas a lo largo de los siglos, y también las variantes que imprimen al cuerpo femenino las distintas costumbres y modos de vida históricos, pueden, y de hecho lo hacen, modificar el acento de estas bellezas, pero… como son de índole estructural, que dicen los arquitectos, quiero decir, de índole psicológica y antropológica, pues indudablemente expresan caracteres raciales (y empleo esta expresión más en un sentido histórico que antropológico) resulta que, a través de todas esas variantes, ahí, en el pueblo español, y aun en los pueblos americanos de habla española, ahí están presentes esos dones de belleza femenina, llenos de ardor y gracia no aprendida, de un modo permanente para los siglos de los siglos, pues vienen del pasado remoto de España y van a su remoto porvenir. Como ejemplos de que esos caracteres de belleza femenina tienen sus precedentes en el arte español anterior a Goya, les citaré a ustedes algunas de las Santas de Zurbarán del Museo de Sevilla, sobre todo la gallardísima Santa Marina, La Venus del Espejo y La Dama del Abanico, de Velázquez, La Dama joven del Abanico de Coello, no pocos de los ángeles de Murillo, sobre todo el que conduce a Tobías, de la Catedral de Sevilla, y todos los de la Cocina de los Ángeles del Museo del Louvre, las Vírgenes Sevillanas, principalmente las de Montañés, etc., etc. Siendo, como fueron, los pintores españoles, tan amigos de ver la vida con sus propios ojos, y no bajo entelequias, nada de particular tiene que el garbo de lo femenino goyesco, que Beruete atribuye a tácita inspiración, por mera presencia, de la Duquesa de Alba, lo hallemos esparcido por zonas enteras del arte ibérico. ¡Si está ya en su prehistoria y en su historia romana!… Para probarlo no me faltarían ejemplos, pero no es tal el objeto o tema de esta conferencia, y con lo dicho basta.

Francisco de Zurbarán. Santa Casilda. 1630-1635. Museo Thyssen-Bornmisza. Madrid.
Francisco de Zurbarán. Santa Casilda. 1630-1635. Museo Thyssen-Bornmisza. Madrid.

Recibiremos, pues, como buena la observación de Beruete ya que indudablemente existe en el arte de Goya semejante inspiración (tal vez la plástica de la Duquesa Cayetana sirvió para que Goya desarrollara plenamente sus primeras intuiciones de lo femenino español); y, partiendo de ella, vamos a convertir a la Duquesa Cayetana en la esencia, la expresión concreta y el símbolo de la «gracia goyesca». A la vez nos servirá para que demos un paso más, mejor dicho un avance bastante considerable, en la concreción y expresión de los dos mundos goyescos: el histórico y el poético, según el primer bosquejo de definición que hicimos en nuestra primera conferencia, mundos que no están contiguos, ni superpuestos el uno al otro, sino que forman una sola y única unidad estética, indivisible, inseparable, aunque por razones dialécticas y didácticas a veces los mostremos (en una perspectiva en cierto modo, falsa, pero llena de enseñanzas) como dividido y separado en sus dos elementos. En la Cayetana el mundo histórico está presente con presencia real y verdadera: es una hembra que viene hacia nosotros desde uno de los lugares más ilustres de la Historia de España, ya que, en realidad, es la última rama de un tronco histórico poderoso y lleno de sustancia.

Francisco de Goya. Retrato de la duquesa de Alba. 1795.Palacio de Liria. Madrid.
Francisco de Goya. Retrato de la duquesa de Alba. 1795. Palacio de Liria. Madrid.

Fue, por consiguiente, en virtud de la faceta rococó de su espíritu el gran retratista y biógrafo de una España decadente y desmedulada (quiero decir, en sus altas clases sociales) y la Duquesa de Alba fue para él, (por pura intuición artística, que, sin proponérselo el artista, a veces crea símbolos universales y permanentes) un compendio simbólico de todas las gracias de semejante sociedad.

(…) ¿Quién fue, pues, o cómo era, esta Duquesa? Diré, en primer lugar, que, si Goya no hubiera sido su retratista (se dice también que fue uno de sus amantes), nuestra Duquesa de Alba hubiera pasado por la Historia de España sin dejar más rastro permanente que la quilla del barco sobre el mar por que navega. No tuvo otro papel histórico que ser la última rama directa de un gran tronco, y el de haber sido modelo y amiga de Goya. Todo lo otro, sus fantasías o sus acciones, son de dominio privado: no pertenecen a ninguno de esos valores en virtud de los cuales se figura, y se tiene derecho a figurar, en los anales de la Historia. Nadie se hubiera ocupado de ella, absolutamente nadie, pues España no es país de grandes aficiones históricas.

(…) Para acabar de perfilar esta semblanza, hagamos una pregunta, que seguramente está ya en boca de todos. ¿Cuáles fueron, y de qué índole, las relaciones de la Duquesa con Goya? ¿Fueron de índole puramente amistosa? ¿Fueron de amor? Y en este caso, ¿lo fueron de amor a lo platónico, amor de artista a una mujer que simboliza temporalmente el género de belleza femenina que él ponía sobre todos los otros, porque era el que habla nacido con su espíritu, pues sabido es que un artista no ve ni ama en la realidad exterior sino aquello que lleva preexistente en su espíritu; o esas relaciones amorosas fueron de aquellas que dicen pecaminosas y en las que interviene, según los confesores, el diablo?

Francisco de Goya.Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo y Silva. Duquesa de Alba. 1795. The Hispanic Society of America. Nueva York.
Francisco de Goya y Lucientes. La duquesa de Alba vestida de maja. 1797. Hispanic Society. Nueva York.

(…) La Cayetana fue indudablemente gran amiga de Goya. Éste entraba en su casa como amigo de confianza, conocía las interioridades de la misma, dirigía a veces a la Duquesa en el uso de las artes cosméticas, le pintaba la cara («por cierto -decía Goya- que me gusta más que pintar en el lienzo»), la acompañaba en las excursiones por el campo, y, en una ocasión, pasó larga temporada según parece, con ella al poco de enviudar la Duquesa en la finca del Rocío, en las cercanías de Sanlúcar de Barrameda, uno de los parajes más deliciosos y sensuales del mundo. Todo esto es lo que se sabe positivamente, y, como ven Uds…, sería suficiente para una comadre inventar toda una larga historia orlada de pecados… que ella acaso hubiera querido cometer, pero para los críticos, y menos para los historiadores y biógrafos… la verdad es que todo ello es bien trivial y poca cosa.  Más deliberadamente he dejado otros datos para el final, y ellos han sido extraídos de las obras mismas de Goya. Veamos cuáles son y su significado. Beruete cita como testimonios de estos amores dos aguas-fuertes. Una de ellas pertenece a la serie de Los Caprichos, lleva por título Volaverunt. Y la otra es lámina aparte publicada por primera vez por el mismo Beruete y titulada «El sueño de la mentira y la inconstancia». En la primera, la Duquesa de Alba, tocada su cabeza con alas de mariposa, va por los aires, erguida con la mantilla tendida e hinchada a manera de vela, y sostenida por tres brujas acurrucadas, que forman a sus pies una especie de trípode o peana.

Francisco de Goya. Volaverunt. Los Caprichos. Grabado 61. 1799.La misteriosa dama que vuela aupada por las brujas lleva una mantilla negra que se ve abierta ya que ondea en el aire.
Francisco de Goya y Lucientes. “Volaverunt.” Los Caprichos. 1799. Museo Nacional del Prado.

 (…) Otro indicio de amor… siempre según los eruditos, que yo en todas estas historias no tomo parte, aunque no han dejado todavía de divertirme los cuentos e historietas de Bocaccio, Brantom o los de la Reina Margarita de Navarra. En el retrato de la Duquesa perteneciente a la Hispanic Society, que he mencionado hace poco, señala esta al suelo con el dedo en dirección a la firma de Goya, que, aquí, corno en la Casa de Alba, está perfilada en letras bastante grandes y enfáticas, a la vez que en una de las dos sortijas que lleva en el dedo se le el nombre de Alba y en la otra el de Goya. He aquí una prueba irrefutable de alianza amorosa, dicen algunos buenos eruditos. Puede ser… La verdad es que ni a ustedes ni a mí nos va a importar gran cosa… Pero aún hay más… ese diablo de Goya, a pesar de sus años fue un tanto indiscreto… ante la prosperidad, claro está. En el álbum de dibujos, que dicen de Sanlúcar, porque se supone que los hizo en la temporada que pasó con la Duquesa en ese lugar, hay algunos apuntes en los que María del Pilar Teresa Cayetana ha sido sorprendida en actos de cierta intimidad, como estirarse la media, peinarse, vestirse, desnudarse, y aun bañarse, y ya sabemos por Somoza que no escrupulizaba mucho en enseñar sus secretos encantos, aunque, en concepto de mi amigo Francisco Javier Sánchez Cantón, Sub-director del Museo del Prado, algunos de estos dibujos, más que a la Duquesa, pueden referirse a una de sus doncellas. Y todo puede ser, porque sabido es que a Goya en todas las edades de su vida le gustaron los pimpollos. Aquí tienen ustedes acaso un caso más de esa constante confusión de la estructura corporal de la Duquesa con uno de los tipos generales de lo femenino español.”

Francisco de Goya. La duquesa de Alba teniendo en sus brazos a María de la Luz. Álbum de Sanlúcar o álbum A. 1794-1795. Museo del Prado. Madrid.
Francisco de Goya y Lucientes. La duquesa de Alba teniendo en sus brazos a María de la Luz. Museo Nacional del Prado.

Extracto de la conferencia “La Duquesa de Alba y la gracia goyesca” impartida por Juan de la Encina el lunes 23 de enero de 1939 en la Casa de España en México D.F dentro del ciclo El mundo histórico y poético de Goya.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. STELLA CERON R. dice:

    Muy buen artículo. Desconocía las intimidades la primera Duquesa.
    Gracias doctora Bárbara.

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