La borrachera no es en Inglaterra un gran defecto


John Hoppner. XXII Príncipe de Gales. Hacia 1796. Royal Collection Trust. Buckingam Palace.
John Hoppner. XXII Príncipe de Gales. Hacia 1796. Royal Collection Trust. Buckingam Palace.

          El Príncipe de Gales se emborracha todas las noches: la borrachera no es en Inglaterra un gran defecto, ni hay cosa más común que hallar sujetos de distinción perdidos de vino en las casas particulares, en los cafés y en los espectáculos. Cuando un extranjero asiste a una mesa de ingleses, pocas veces puede escapar de la alternativa de embriagarse como los otros, o de perder la amistad con el dueño de la casa y cuantos asisten al festín; ni ha de dejar de beber cuando beben los otros, ni ha de beber menos de lo que beben los demás.

Grabado de T Cook sobre un diseño de William Hogarth.Una fiesta de borrachos con hombres fumando, durmiendo y cayendo al suelo. Hacia 1798.
Grabado de T Cook sobre un diseño de William Hogarth. Una fiesta de borrachos con hombres fumando, durmiendo y cayendo al suelo. Hacia 1798. The Wellicome Collection.

          No hay para con ellos consideración que baste; toda repulsa en esta materia es una ofensa formal, que no se perdona. Levantados los manteles, vienen las botellas y empiezan los brindis; a cada brindis ha de beber cada asistente una copa de vino. Regularmente se brinda en primer lugar por el Rey y nuestra gloriosa Constitución; después cada cual de los concurrentes brinda por algún sujeto de su estimación, amigo u amiga ausente, y todos beben, repitiendo el brindis que dictó, y esto se hace con una gravedad ceremoniosa y ridícula, que es cuanto hay que ver, y así van brindando uno después de otro, de manera que cada convidado se ve en la precisión de beber, lo menos, tantas copas cuantos sean los concurrentes a la comida.

Considerada posiblemente la primera marca comercial de ginebra del mundo.
Considerada posiblemente la primera marca comercial de ginebra del mundo.

          Luego que se ha acabado el turno, suele repetirse una o más veces, y allí se están cuatro, seis u ocho horas sin moverse de la mesa, sino para mear, operación que se hace en un gran cangilón dispuesto a este fin en uno de los rincones de la sala. Debe advertirse que apenas se empieza a beber, las señoras que han asistido a la comida se retiran; ni ¿cómo era posible que la modestia y delicadeza de su sexo pudiera sufrir la descompostura, la petulancia, la torpeza, que son efectos inseparables de la embriaguez? Esta costumbre, que verdaderamente hace honor a las mujeres de este país, caracteriza demasiado la intemperancia inglesa.


Leandro Fernandez de Moratín. Apuntaciones sueltas de Inglaterra. 1792.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Caridad dice:

    Muchas gracias Bárbara. Me temo que sigue siendo así… ahora con mujeres presentes….jajajajaja

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